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25-Sep-2009

Horizonte político

José Antonio Crespo

Popularidad presidencial y voto panista


Horizonte político

Las encuestas levantadas a propósito del Informe presidencial nuevamente arrojan una elevada popularidad de Felipe Calderón (aunque algunas reflejan un descenso no despreciable). Esa calificación contrasta con los pobres resultados que obtuvo el PAN en las más recientes elecciones. Se ha dicho que, si bien en efecto el voto panista no se corresponde con el respaldo que tiene Calderón en las encuestas, alguna relación existe; mientras menor la popularidad presidencial, menor sería la votación para el PAN. Quizás hay manera de ver si en efecto hay dicha relación. Por ejemplo, se puede evaluar cuál es el índice de aprobación presidencial en las distintas entidades, y si ahí le fue mejor, igual o peor a su partido respecto de la anterior elección federal (2006), cuando Calderón logró provocar un efecto de arrastre en favor del PAN.

De acuerdo con el Gabinete de Comunicación Estratégica (GCE), el índice de aprobación a nivel nacional es de 7.4 (en una escala de 1 a 10). La entidad que registra ese indicador como más elevado es Nayarit (7.9). Ahí el PAN no ganó ninguno de los tres distritos hace tres años, y ahora conquistó uno.

En este caso podría establecerse una relación positiva entre popularidad presidencial y voto panista. Pero, en Tamaulipas, donde la valoración presidencial es de 7.8, el PAN ganó en 2006 cinco de los ocho distritos federales, mientras que en julio pasado no obtuvo ninguno. Un grave descalabro que refleja que una elevada popularidad presidencial no se traduce en voto panista. Viene después Nuevo León, con una valoración presidencial todavía superior a la media nacional (7.6). Ahí, el PAN no sólo no logró recuperar el gobierno estatal, sino que, de los siete distritos que ganó en 2006 (de 12), sostuvo apenas cuatro en julio pasado. Y en Jalisco, donde Calderón alcanza de calificación 7.5, a su partido tampoco le fue nada bien: en 2006, el PAN ganó 18 de los 19 distritos federales en esa entidad, mientras que ahora (además de perder importantes alcaldías tradicionalmente panistas), sólo logró retener nueve distritos; es decir, la mitad de lo ganado hace tres años. En Coahuila, también con 7.5 de calificación presidencial, el PAN ganó cinco de los ochos distritos en 2006 y ahora el PRI no le dejó ni uno solo.

En los estados en que la popularidad de Calderón es menor, al PAN tampoco le fue bien, en general. Puebla registra uno de los niveles más bajos de aprobación presidencial (6.9). Ahí, como es bien sabido, el PRI logró carro completo, al arrebatarle al PAN 12 distritos (de un total de 16) de los ganados hace tres años.

Bien podría darse como válida la relación entre baja popularidad presidencial y un peor resultado para el PAN. Pero ni dicha popularidad es tan baja (incluso es alta, en parámetros internacionales) ni el resultado electoral es muy diferente respecto a otros estados donde la valoración presidencial es mucho mayor.

Hay incluso casos que desmienten el posible efecto de una menor popularidad presidencial en malos resultados para el PAN. Ahí está Tlaxcala, con un índice de aprobación de Calderón de 6.8, uno de los más bajos, pero al PAN le fue mejor que hace tres años: ganó en 2006 dos de los tres distritos federales, y ahora conquistó los tres distritos (un carro completo blanquiazul). Finalmente viene el Distrito Federal, baluarte perredista donde, comprensiblemente, la aprobación presidencial tampoco es muy alta respecto al resto del país: 6.8. ¿Cómo le fue ahí al PAN? Pues hace tres años ganó solamente dos de los 27 distritos.

En julio, en cambio, el PAN mantuvo esos mismos distritos, pero ganó otros cuatro; seis en total. Eso, pese a haber captado únicamente una cuarta parte de los sufragios que logró captar en 2006. No es un balance negativo en absoluto.

A partir de estos datos, puede inferirse que en México la popularidad presidencial es políticamente estéril, salvo quizá para hacer sentir al jefe de gobierno un poco mejor frente a los descalabros de su partido y los suyos.

El PAN ganó, en 2006, cinco de los ocho distritos federales, en julio pasado, ninguno.

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