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10-Sep-2009
El hilo negro
Victoria Schusseim
Lo que se quiere, lo que se debe, lo que se puede
Querer, querer, hoy miércoles, cuando escribo esta columna, querría hablar de la remasterización de los discos de Los Beatles. Cuando me tocaba ser su fanática, en los sesenta, era una adolescente muy solemne, que no escuchaba más que música clásica, no iba a fiestas (tampoco me invitaban, claro) y leía todo el día. Era una perfecta nerd. Pero ahora me gustan cada vez más cuando los oigo y me encantaría extenderme sobre el proceso tecnológico gracias al cual, en cuatro años, se remasterizaron sus álbumes. No es que entienda nada sobre el tema, pero de eso me gustaría hablar hoy.
Deber, el deber impostergable es hablar de los cambios que anunció Calderón, la desaparición de tres secretarías, el relevo (así se dice cuando uno no quiere usar la palabra “despido”) del procurador, la propuesta económica que presentó Carstens. Hacer, para exponérselo a usted, un análisis en profundidad de la numerología, la metodología, el impacto y el alcance de...
Ahora, lo que se puede es algo bien diferente. Para empezar, porque aunque oí casi toda la conferencia de prensa que dio Carstens, al cual parece que de a ratitos le fallaba el sonido, iba manejando y no tomé notas, confiada en los periódicos y programas de noticias tempraneros de hoy. Ahora voy descubriendo que o las cosas no están tan claras, o soy la única que no las entiende bien a bien.
Para empezar, es la propuesta de presupuesto que presenta el Poder Ejecutivo; no es el presupuesto oficial para 2010. Las secretarías y el procurador son un paquete que el Presidente puede decidir por sí mismo, él solito. El presupuesto tiene que ser aprobado por el Congreso. Y para eso sospecho que le falta librar unas cuantas batallas.
¿Se arriesgará el PRI a perder popularidad dejando pasar un impuesto que envuelven piadosamente en el manto del combate a la pobreza, pero que huele, apesta, a IVA? ¿Alguien se creerá que ese 2% irá cuidadosamente etiquetado para ayudar a los pobres? (No puedo evitar imaginarme a una señorita lamiendo y pegando etiquetitas en cada billete: “Este billete de a veinte es para los pobres.”) Oí por radio que se aumentarán los recursos para combatir la pobreza en unos 30 mil millones de pesos. El 2% sobre todo, desde rabanitos, pasando por aspirinas, hasta trajes de diseñador, ¿cuánto representa? No tengo idea y nadie me lo está diciendo, así que mal puedo yo decírselo a usted. ¿Ya entiende por qué lo que se debe y lo que se puede son cosas distintas? Lo que me queda claro es que si juntamos eso con el IVA, el ISR, el IETU, el IEPS, los aumentos a la gasolina, la luz, las telecomunicaciones y, previsiblemente, a la tenencia de perros y gatos, que no tardarán en sacarse de la manga, estamos amolados. Diría que estamos jodidos, pero tengo miedo de que me lo tachen en la redacción. Así que dejémoslo en amolados.
Y si como me pareció oír por ahí dijeron que en unos añitos van a empezar a reducir los impuestos que aumentan o inventan ahora, francamente lo veo muy, muy verde. Los impuestos, una vez creados, se convierten en parte inamovible de la realidad. Pensemos si no en impuestos como el de la tenencia, que se inauguró casi al mismo tiempo que los Juegos Olímpicos, en 1968, como transitorio y ahora, 41 años después, allí sigue, sólido como una roca. O en todos los impuestos especiales por leyes o decretos o úkases que nos fueron filtrando en el recibo de la luz, en el del celular, en el de lo que se le ocurra, y cuyo producto se desvaneció en el infinito.
No, no creo en la señorita que lame etiquetas para los billetes. No creo en la sinceridad de un gobierno que no ha hecho más que inflar el gasto público, multiplicar los burócratas y sus prestaciones y guardar bajo el colchón lo poco que el destino y los Fox nos dejaron de la bonanza petrolera. No creo en un Presidente que empezó por rebasar el gasto asignado a la Presidencia misma en algo así como el cuarenta por ciento. No creo en los cuentos de hadas. A estas alturas, ya sólo creo en policías y ladrones. Que, según vamos viendo, parecen ser la misma cosa.
¿Se arriesgará el PRI a perder popularidad dejando pasar un impuesto que huele, apesta, a IVA?
El hilo negro
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