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10-Sep-2009
Horizontes imaginarios
Luz Emilia Aguilar
El cerco de la conciencia
En un amplio escenario de dolor, represión y guerra, Vasili Grossman dejó el testimonio más vivo y lúcido de los días de asedio del ejército alemán en Stalingrado. El Ejército Rojo acabó cercando a los nazis y venciéndolos; triunfo determinante en el desenlace de la Segunda Guerra Mundial. Grossman, quien nació en Berdíchev en 1905 y murió en Moscú en 1965, cubrió con sus crónicas los días de la ocupación nazi en la ciudad a orillas del Volga y fue el primero en denunciar la existencia de los campos de exterminio.
Vida y destino, que Grossman terminó en 1959, es considerada la novela cumbre de la literatura rusa del siglo 20, capaz de superar a Tolstoy en su maestría para pasar del análisis de las estrategias militares y narración de los encuentros bélicos, las intrigas en las más altas cúpulas del poder, a la vivencia desgarradora del horror en la piel, los sueños, el amor y la esperanza de millones de seres humanos atrapados en ese infierno de la historia. Vida y destino fue censurada por Jrushev y su autor condenado al ostracismo. De Rusia, la novela de Grossman salió de manera oculta en microfilme y logró sus primeras impresiones en la década de los ochenta.
En el devenir de varias familias de distintos estratos, de las altas esferas políticas, al soldado, al científico que llega más lejos en el desarrollo de la teoría cuántica, Grossman nos deja ver el derrumbe ideológico del sueño soviético, la desintegración de la dignidad humana en el stalinismo.
“La violencia del Estado totalitario –está escrito en la novela- es tan grande que deja de ser un medio para convertirse en un objeto de culto místico, de exaltación religiosa. Cómo, si no, cabe explicar las posiciones de algunos pensadores e intelectuales judíos que juzgaron necesario el asesinato de judíos para la felicidad de la humanidad…”.
A lo largo de las apasionantes páginas de Vida y destino, el autor me estremeció con sus reflexiones sobre la necesidad de la libertad; la paradoja del bien, que al trascender el acto espontáneo y volverse ideología, iglesia, da la razón al estado para exterminar; la relación del hombre con el tiempo; el dolor de la conciencia cuando la prohibición mayor es pensar, dudar; las implicaciones filosóficas, éticas y bélicas de las conquistas científicas. Cabe en su imponente fresco el estudio de Tólstoi, Chéjov, el elogio de Meyerhold.
Un grupo de letrados discuten sobre la obsolescencia de la literatura decimonónica rusa en el nuevo mundo que construyen. De Chéjov se afirma que pasa por el tiempo sin problema, a causa de un malentendido. Entre Chéjov y los contemporáneos hay un abismo, diserta el historiador Madiárov: “En el fondo Chéjov se cargó a las espaldas la inexistente democracia rusa. El camino de Chéjov es el de la libertad de Rusia. Nosotros tomamos otro camino. Intentad abarcar todos sus personajes (…) Chéjov introdujo en nuestra conciencia toda la enorme Rusia (…) pero eso no es todo, introdujo a esos millones de personas como demócrata”.
“Las almas más puras –se afirma en el libro de Grossman— están siempre e inevitablemente abocadas a la duda. El mundo es dominado por hombres de escasas luces convencidos firmemente de su razón. Las naturalezas superiores no dirigen los Estados, no toman grandes decisiones.”
En ese momento oscuro de la historia, un ruso diserta: el tiempo, ese medio transparente en que los hombres nacen, se mueven y desaparecen sin dejar rastro. Mi tiempo… no es nuestro tiempo, Está el hombre, pero su tiempo se ha ido. No hay destino más duro que sentir que uno no pertenece a su tiempo.
En el concierto de los personajes construidos con una humana, fascinante complejidad, el físico teórico Víktor Shtrum me pareció el más desarrollado. A lo largo de la narración de su vida que hace Grossman, nos adentra a la estupefacción de su conciencia frente a su naturaleza. Dotado de una inmanente inclinación al bien, la integridad, la justicia, Shtrum es llevado por su destino frente a desgarradoras alternativas, que le van mostrando la fuerza, la grandeza y lo pequeño, la debilidad en él. En la agonía de las decisiones que ha de tomar, pasa de la ira, la compasión, la duda, el terror, en minucioso seguimiento de sí mismo, tan minucioso como el que consagra a desentrañar los secretos del átomo.
En traducción de Marta Rebón,Vida y destino, de Vasili Grossman, está editado en mil 11 páginas, por Lumen.
Vida y destino, considerada la novela cumbre de la literatura rusa del siglo XX.
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