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04-Sep-2009
Brújula
Ana Paula Ordorica
Babel
En cierto sentido el mensaje del presidente Calderón cayó como gota de agua en el desierto. Generó optimismo en algunos escuchar el reconocimiento de que lo hasta ahora hecho no es suficiente.
Lo posible no es suficiente. Hay que ir hacia lo necesario. El futuro nos alcanzó. Son las frases que podrían resumir la primera mitad del sexenio calderonista.
Son frases dichas y repetidas hasta el cansancio.
Lo malo es cómo convertir en hechos lo que escuchamos. Porque todos nos quejamos de que las cosas no van bien, pero a la hora de las propuestas la claridad con la que se critica se diluye.
Y esto me lleva a recordar el libro que publicó Enrique Krauze antes de la elección de julio de 2006, Para salir de Babel. Ahí, Krauze hacía énfasis en la preeminencia que hay en México de confusión, ruido y escándalo. La estridencia sobre la propuesta. Lo anterior lo encarnó perfectamente bien Gerardo Fernández Noroña en su intento por reventar (¡vaya adjetivo!) el mensaje presidencial. Intento que, ¿por qué no?, se escudó en el fuero legislativo:
“Soy diputado y usted me tiene que respetar”, le dijo un furioso Fernández Noroña a un policía que no estaba más que haciendo su chamba al impedirle el paso a Palacio Nacional. (Noroña pensará que él también estaba nomás haciendo la suya, seguramente.) Pero entre los Noroña y los Navarrete, que encuentran la excusa más cínica para seguir con un teatro político indignante, y entre las propuestas presidenciales y los aplausos de los presentes en Palacio Nacional, no encontraremos la salida para México.
Estamos enfrascados en Babel, como bien lo describe Krauze. Una Babel que en tres años se ha movido como los cangrejos: en retroceso. Cada vez nos entendemos menos. Cada vez la polarización de la elección de 2006 se va ensanchando.
Cuando escribe Krauze Para salir de Babel (2004), apunta que “la política es un teatro (mitad farándula, mitad reality show) […] en cuyo escenario hablan el presidente y su esposa, el gabinete, el jefe de gobierno del DF, senadores, diputados, algunos gobernadores y el coro de la clase política, mientras el resto del país bosteza, abuchea o guarda silencio en las butacas.”
Hoy ya no es posible ni bostezar ni abuchear ni guardar silencio en las butacas. No hay tiempo para ello. Los mexicanos están concentrados dependiendo de su situación en cómo sortear las dificultades del desempleo; de la reducción del sueldo; de las amenazas a la seguridad.
Hoy estamos ante la última llamada. El Presidente no puede solo. Bien lo dijo Felipe Calderón en su mensaje. Menos aun cuando el 5 de julio los ciudadanos fuimos los que le disminuimos su rango de maniobra en el poder Legislativo.
Pero dentro de sus diez puntos hay algunos que no dependen de nadie más que de él. Va una propuesta: acabar (o aunque sea reducir) el control del SNTE sobre la educación de México. Si el Presidente (tan valiente) ya se decidió a enfrentar al crimen organizado, ¿qué es para él entonces llevar a cabo la lucha en contra del corporativismo, también organizado? Una sola acción que viene en el punto tres de su decálogo: Impulsar la educación de calidad que prepare a los jóvenes para desarrollarse en un mundo competitivo.
Este impulso sólo puede lograrse si se elimina o se reduce el control del SNTE sobre la educación de México. El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) ha propuesto que el 1% que el SNTE cobra de los salarios de cada maestro sea voluntario. Que ese dinero que va directito del sueldo de los maestros (que aumenta año tras año y sobre el cual no se rinde cuenta alguna), a la cartera de la maestra Elba Esther, no sea una aportación forzosa.
Este pequeño cambio haría la diferencia en cuanto al control del SNTE sobre los que deben impulsar la educación en México.
Una sola acción que dejaría un gran legado para que las generaciones futuras puedan cumplirle a México.
Porque la actual generación entrega al país en su última llamada. Y eso en sí representa ya haber fallado… en grande.
Cuando escribe Krauze Parasalir de Babel (2004), apunta que “la política es un teatro, mitadfarándula, mitad reality show.”
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