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10-Ago-2009
Opinión del experto
Raúl Fuentes Aguilar
Boyacá liberó Nueva Granada
SEGUNDA PARTE
Al acercarse a Guasdalito, las marchas comenzaron a hacerse difíciles, porque las llanuras inundadas y la atmósfera impregnada de miasmas afectaban duramente la salud de los soldados, que a pesar de la estrecha vigilancia de los oficiales, empezaron a desertar.
Nieblas bajas y una lluvia torrencial mantenían ante el ejército un horizonte impenetrable y oscuro, como lo era el futuro de la difícil empresa en que estaba comprometido. El 5 de junio, con enormes dificultades cruzaron el Arauca y se acercaron a los linderos de los llanos donde la vegetación que rodeaba el cauce de los ríos cambiaron el sombrío paisaje de las llanuras inundadas y cubiertas de niebla. En la lejanía y cuando el viento dispersaba la neblina se distinguía ya la selva de San Camilo, cuya frondosidad cubría los primeros farallones de los Andes.
Para cruzar la cordillera, los ejércitos libertadores debían pasar por unas de las depresiones de la misma, las cuales forman pasos naturales, abiertos sobre sus cimas. A Simón Bolívar, a sus oficiales, les correspondía escoger entre el boquerón de Peña Negra, que conducía al valle de Tensa; el páramo de Totilla, acceso a las regiones vecinas de la laguna de Tota, o el páramo de Pisba, abierto a cuatro mil metros de altura, que permitía el paso hacia la población de Socha y el valle del río Chicamocha.
Para pronunciarse sobre las ventajas de adoptar uno de los caminos, los jefes patriotas necesitaban considerar, además de las condiciones del terreno y las facilidades del tránsito en cada uno de ellos, la posible localización de las fuerzas realistas al lado opuesto de la cordillera. Esta última circunstancia tenía especial importancia, porque las penalidades que habrían de sufrir las tropas en el paso de los Andes hacían indispensable para ellas un descanso de algunos días en el lado opuesto, antes de verse obligadas a entrar en combate.
Por estas razones, Bolívar escogió el paso de Pisba, el más difícil de vencer por su altura, pero también el menos defendido y el más lejano de los diferentes sitios donde se hallaban las guarniciones españolas, o donde ellas podían efectuar rápidas concentraciones para atacarlo cuando pisara los valles granadinos.
Acordado este plan, Bolívar destacó la vanguardia, con orden de apoderarse del puesto de Paya, operación que Santander ejecutó brillantemente; tras reñido combate, el día 27, obligó a la guarnición española a buscar refugio en Labranzagrande. Mas, al tiempo que Santander triunfaba sobre las avanzadas realistas, en el núcleo central del ejército liberador acaecían sucesos lamentables, ya que habrían de poner en peligro la misma continuación de la campaña, el cambio de clima, la dureza del terreno y, sobre todo, el temor a las inmensas moles de los Andes, cuyos farallones rocosos y casi cortados picos hacían presentir a los llaneros terribles y desconocidas penalidades, fomentaron seria resistencia entre los contingentes venezolanos, la cual obligó a sus oficiales a solicitar al Libertador ordenara el regreso a Casanare.
“Un mes entero —escribía Bolívar al gobierno de La Angostura— hemos marchado por la provincia de Casanare, superando cada día nuevos obstáculos que parece se redoblaban al paso que nos adelantábamos en ella. Ésta creí que fuese la principal dificultad y, ya vencida, nada me parecía lo demás, cuando he tropezado con obstáculos que sólo la constancia a toda prueba puede allanar. La aspereza de las montañas que hemos atravesado es increíble a quien no la palpa. Para formar una idea de ella basta saber que, en cuatro marchas, hemos inutilizado casi todos los transportes del parque y perdido casi todo el ganado que venía de repuesto. El rigor de la estación ha contribuido a hacer más pesado el camino, apenas hay día o noche que no llueva”.
Tras incontables penalidades y serias pérdidas, el 5 de julio de 1819 el grueso del ejército libertador llegó a Quebradas, en las laderas que descienden sobre la región de Socha. Allí descansó, recibió los auxilios y alimentos enviados desde aquella población por las avanzadas, y el 6 de julio acampó en Socha. El paso de los Andes, una de las empresas militares más audaces de la historia, estaba terminado y los patriotas, en el propio corazón del virreinato granadino, recibían el apoyo entusiasta de la población, que al conocer su llegada les enviaban alimentos, vestidos, caballos, armas y corrían a unirse a sus filas.
Con su característica audacia, Simón Bolívar quiso dar máximo aprovechamiento al factor sorpresa, y con la intención de un ataque inesperado sobre el propio cuartel general del comandante español Barreiro, el 5 de julio ordenó a la vanguardia movilizarse rápidamente en dirección a Gameza, operación que obligó al general español a destacar considerables contingentes al pueblo de Tópaga, para cerrarle el camino de penetración.
Las avanzadas de estas fuerzas realistas infligieron seria derrota a la vanguardia del Libertador, obligándola a retirarse apresuradamente a Corrales.
Este fracaso inicial no desconcertó a Simón Bolívar, que, deseoso de mantener libre de ocupación enemiga los territorios aledaños a la cordillera, para conservar abierto el paso a la Legión Británica, dio inicio a una ofensiva general con el grueso de sus ejércitos sobre Tópaga, en cuyas proximidades, españoles y patriotas se empeñaron en reñidos encuentros que, sin ser decisivos para ninguno de los bandos, terminaron por obligarlos a regresar a sus primitivas posiciones: a Sogamoso los realistas, a Tasco los patriotas.
El Libertador, cuya preocupación era obtener sobre Barreiro un éxito decisivo, planeó una audaz operación para colocarse, por un hábil movimiento de flanqueo, a espaldas de su adversario y obligarle a combatir en campo abierto o dejarle libre el camino hacia la capital del virreinato. El éxito de la maniobra dependía de la rapidez de los ejércitos republicanos para atravesar el río Chicamocha, porque situados los españoles en la margen opuesta, era obvio que cualquier demora, bien aprovechada por Barreiro, le permitiría colocarse en condiciones ventajosas para interponerse en su marcha hacia los objetivos perseguidos.
Eso fue, precisamente, lo que para infortunio de Bolívar ocurrió; a pesar del trabajo realizado por los soldados y oficiales, encargados de construir las balsas necesarias para el paso del Chicamocha, la operación se demoró considerablemente y Barreiro, informado de los propósitos del Libertador, con rapidez abandonó a Paipa y se dirigió al sitio llamado Pantano de Vargas, pequeño valle formado por la hondonada de la quebrada de Vargas, que se desborda allí, inundando la sabana. En aquel sitio, paso obligado para Bolívar si deseaba abrirse el camino de Santa Fe, Barreiro desplegó su formación en las alturas.
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