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02-Jul-2009
El hilo negro
Victoria Schusseim
El mono muerde
Estamos en plena cuenta regresiva. Ya cuando esté usted leyendo esto (si acaso, claro, alguien lo está leyendo) estaremos en veda de propaganda política (¡bendita, bendita sea!), faltarán menos de 100 horas para que empiecen las elecciones, y los ciudadanos conscientes de este país, que sí los hay y son muchos, estarán ratificando o rectificando sus decisiones, tronándose los dedos o deshojando margaritas para saber qué harán en el momento de enfrentarse a las boletas electorales.
Los políticos, supongo, nomás se tronarán los dedos para ver si agarran hueso. No parece preocuparles otra cosa que llevar agua a su molino. A como dé lugar, que todo se vale: casi 50 chiquitos muertos en una guardería de Sonora, donde los dejaban sus padres para que los cuidasen, se han convertido en un suculento botín político del que jalonean todos, en todas direcciones.
Una obra vial que se termina antes de lo previsto (ya me imagino los latigazos de furia y dinero que han de haberse propinado para plasmar tal hazaña) se transforma en medalla que se cuelgan hasta los disidentes del partido correspondiente.
Durante meses han intentado convencernos de que las simples obligaciones gubernamentales, como la educación, la salud y la seguridad (¡la seguridad!) entre misérrima y medianamente cumplidas, son logros del partido en el poder, no el elemental y bastante mediocre desempeño esperado.
Bueno, hasta la muerte de Michael Jackson se convierte repentinamente en un activo político, cuando nuestro Presidente polifacético, constituido en oráculo forense, nos informa que el cantante se murió por consumir drogas y que eso pasa porque los jóvenes se alejan de Dios. El diagnóstico, el remedio y el trapito.
En la llamada “democracia” mexicana, cara como pocas cosas (la pagamos con un dinero que implica, además, no tener drenajes, no tener salud, no tener educación, porque no alcanza para todo), las ideologías se expresan mas no se cumplen. Rojo, azul, amarillo, verde... todo da igual, todos nos tratan como los borregos que hasta ahora parecemos ser.
Pero cuidado.
Mi madre, que era rusa, usaba unos refranes rarísimos, como “me río de los peces de colores”, que jamás pude desentrañar. Había uno, sin embargo, que sonaba más o menos “chimalpa griyi”, y que significa “el mono muerde”. Hasta donde entiendo, quiere decir que alguien, para saber si el mono muerde, mete el dedo entre los barrotes de la jaula y ¡zas!, resulta que sí mordía. Algo así como “tanto va el cántaro a la fuente...”, pero en versión zoológica y eslava.
Cuidado, señores y señoras políticos de todos los colores y calañas. Dejen de estar metiendo el dedo en la jaula en la que nos tienen encerrados a los ciudadanos a punta de mentiras, robos, amenazas, descaro y desvergüenza. Ya no somos los mismos. Tal vez ahora sí el mono muerda.
Y recuerden que nosotros también tenemos un bonito refrán zoológico: “La mula no era arisca...”
Durante meses han intentado convencernos de que las obligaciones gubernamentales son logros del partido en el poder.
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