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02-Jul-2009

Horizontes imaginarios

Luz Emilia Aguilar

Aproximacióna Chéjov


Debajo de la piel de cada persona se enfrentan, enlazan, coexisten anhelos, creencias e impulsos contradictorios. La ambigüedad, la paradoja, atraviesan de extremo a extremo la naturaleza humana. Todo intento por unificar, hacer de una pieza las ideas, la emotividad, los deseos de hombres y mujeres conduce a la negación. Aun en las personas de apariencia más simple, en los ciudadanos comunes, late el subterráneo universo de esenciales pequeñeces y grandezas. En la historia de la literatura dramática Antón Chéjov abre un horizonte refrescante y por completo innovador en la representación de las polivalentes batallas que se libran en los actos convencionales de nuestra vida, entre las personas de apariencia ordinaria. Chéjov nos asoma a la épica cotidiana, tejida con la persistencia de lo nimio, que libran los hombres y las mujeres en la sociedad moderna. A más de 100 años de existencia, las obras del dramaturgo ruso no sólo se mantienen vigentes, sino que abren una y otra vez posibilidades de resignificación.

Bajo la producción y dirección general de Antonio Zúñiga, actor, dramaturgo y director chihuahuense que formó parte de Alborde Teatro y del Centro Dramático de Michoacán, Petición de mano y El oso, de Chéjov, corren temporada en el Foro Shakespeare, en la experimentación de distintos elencos, con los que se busca ofrecer una calidad equivalente para los sucesivos públicos.

En el reducido espacio en el segundo piso del mencionado foro, con capacidad para una veintena de espectadores que miramos el suceso teatral a una distancia no mayor de dos metros, los directores que llevan el crédito en esta puesta en escena, Antonio Zúñiga, Abraham Jurado y Matías Álvarez, atinan en la modulación sutil y significativa de los recursos de los actores, en el encuentro con los personajes de Chéjov. No se percibe aquí pretensión alguna por innovar, por sorprender. La aproximación me pareció a la vez respetuosa y apasionada en su afán por indagar en la potencia dramática del emblemático dramaturgo del Teatro de Arte de Moscú.

En la llegada de un hombre a la casa de sus vecinos con la intención de pedir la mano de la joven casadera, ataviado con el apacible manto de la cortesía, se abre el complejo mundo de ambiciones, deseos, vanidades, soberbias, mezquindades, desprecios, rencores, miedos y esperanzas que suelen acompañar los matrimonios convencionales. La tensión que subyace en los diálogos de apariencia sencilla, la ironía, el humor, constituyen una fuerza que no se desperdicia en esta aventura teatral. Si la petición de mano se coloca en la frontera de la guerra, el reclamo de una deuda que anima al protagonista de El oso, se convierte en un inesperado concilio. En ambas farsas los personajes van descubriendo quiénes son en el encuentro con el otro, que hace brotar en ellos sentimientos que los toman por sorpresa.

Petición de mano y El oso llegan a la Ciudad de México luego de presentarse en recónditos rincones de Michoacán. Se trata de una apuesta teatral que conjunta actores de trayectoria con jóvenes en formación, en un laboratorio que dirige Antonio Zúñiga. En la función a la que asistí el elenco estuvo conformado por el propio Zúñiga, Gilberto Barraza, Alejandra Garduño, Christian Cortés y Mariana Gálvez, quienes me mantuvieron atenta en el disfrute de su entrega en la búsqueda por dar sentido al detalle y lograr un balanceado conjunto.

El diseño de vestuario de Sergio Ruiz coloca a los personajes en época, con un trabajo fino y detallado. La escenografía de Matías Álvarez cumple con cobijar las obras, ubicarlas en época. La iluminación de Daniel Gutiérrez logra, con un sencillísimo equipo, una envolvente atmósfera.

En un momento en que abundan en la cartelera todo tipo de fallidos intentos por sorprender, por llenar los espacios teatrales de ocurrencias y efectos, en esta aproximación a Chéjov, en la que destaca la conciencia de los recursos del actor y en la que se aprecia rigor en la dirección, encontré una feliz experiencia que me hizo recordar la gracia y la vitalidad que en el teatro es capaz de brindar una bien entendida sencillez para revelar lo complejo. Petición de mano y El oso se presentan en función doble los domingos.

Ambas puestas brindan una bien entendida sencillez para revelar lo complejo.

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