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30-Jun-2009
Nudo Gordiano
Yuriria Sierra
Sobredosis (en plural)
En estos últimos días, los ojos del mundo fijan su mirada en la muerte de Michael Jackson. El momentum que ha hecho a los diarios engordar sus páginas gracias a las noticias que la inesperada muerte del Rey del Pop genera y que, como tantos fallecimientos inesperados de superestrellas (o que se volvieron superestrellas tras su muerte), lleva una sola, pesada e ineludible palabra a manera de epitafio: sobredosis…
Cierto es que, en el caso de Jackson, como en los de muchos otros (desde Janis Joplin, pasando por Jim Morrison, Elvis Presley, Marilyn Monroe, John Belushi, Kurt Cobain, Ana Nichole Smith, River Phoenix, Heath Ledger y tantos, tantos más), tampoco podemos dejar a un lado esa cualidad suya, a veces convertida en daga, y que sirve para enviar mensajes tenues a sociedades ávidas de personajes que, sin importar la condición de ese ídolo, se acercan mucho a la calidad de “formadores”, modelos a seguir, líderes de opinión involuntarios. Y uno piensa en cualquiera de ellos, muertos, o los otros, todavía vivos, y ve a Amy Winehouse, por ejemplo, metida en líos de drogas, cuando no puede asistir a la entrega del Grammy porque, o tiene conflictos para ingresar a Estados Unidos o simplemente está demasiado drogada para llegar a la cita, lejos, muy lejos, queda la imagen que al escucharla cantar nuestra imaginación nos regala. Una voz tan poderosa y que no le alcanza para encontrarse ella misma. Pero, si se muere, la causa, conocida de todos, pasará a ser anecdótica para engrosar su leyenda como ha sucedido con los arriba mencionados. “Se drogaba, sí, pero era un genio. Se malpasó, sí, pero su música vivirá por siempre. Se autodestruyó, pero así es la fama, el poder, el dinero, y qué bárbaro, cuánta fama, poder, y dinero… el sexo, las drogas y ¡viva el rock!” Una retahíla colectiva para justificar los procesos de autoaniquilación que muchas drogas ilícitas unas, completamente legales, otras cargan siempre consigo. Porque es mentira que todos los muertos por sobredosis se llamen Janis o se apelliden Joplin… Entre siete mil y nueve mil al año, en Europa, 56 mil en Estados Unidos, 22 mil muertos por sobredosis al año en México, sí, en Mé-xi-co.
Y no es exageración, tampoco se afirma con precisión matemática que ellos, los ídolos, sean los responsables de algo que en realidad se cuece en los núcleos sociales, pero tampoco podemos ser tan puristas y latiguear como si hubiera hecho una declaración fuera de lugar al presidente Felipe Calderón con respecto a la muerte de Michael Jackson. Fue en el Día Internacional contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas, el viernes pasado, cuando el mandatario expresó: “Qué paradoja que hoy se confirme, por ejemplo, que uno de los mayores ídolos de varias generaciones y el mayor vendedor de discos de música de pop, murió precisamente de un uso indebido y excesivo de drogas”. Lo siento y le duela a quien le duela, Felipe Calderón hizo una analogía acertada, trepada en la coyuntura, sí, pero certera.
Hoy sabemos que en el mundo la tendencia de las adicciones ha cambiado. Las drogas que comúnmente vemos en los decomisos, las que se venden en las narcotienditas, tienen como rival a otras que son menos castigadas por las miradas, porque subrayan esa doble moral que nos encanta abanderar. Las que se venden en farmacias, también son drogas. También pueden causar adicciones. También pueden matar a la gente cuando se les consume sin estricta vigilancia médica.
Relajantes musculares (morfina, codeína y oxicodona), depresores del sistema nervioso central, utilizados para tratar ansiedad y trastornos del sueño, y estimulantes (que ayudan en casos de narcolepsia, déficit de atención e hiperactividad), se han vuelto parte indispensable del botiquín de quienes tienen acceso ilimitado a una receta médica. Hecho que entra perfectamente en las declaraciones de personas cercanas al Rey del Pop que, aunque aún sin una versión oficial, sí se habla de una adicción a sustancias “legales”, varios de estos mismos medicamentos (Demerol, Dilaudid, Vocodin, Somo, Xanax, Zoloft, Paxil y Prilosec) y que llevaron a un Michael Jackson a mermar aún más su estado de salud. Los informes filtrados en algunos medios dicen que MJ pesaba 51 kilos… Ya no comía, sólo se drogaba, legalmente…
No se estigmatiza nada ni a nadie, todos somos responsables de la vida que elegimos (y en ocasiones hasta de la muerte) y, por lo mismo, se aceptan las consecuencias que cada acto trae consigo; pero ante hechos que pasan la barrera de lo íntimo, cuando se habla de un ídolo de masas, nunca sobra una introspección de manera particular. Y aunque Calderón pudo no haber hecho esa declaración, tampoco puede negarse que por algún lado debe empezar una política de prevención que acompañe a su guerra contra el narco… (y antes de que a todos nos dé una sobredosis por el tema).
Hoy sabemos que en el mundo la tendencia de las adicciones ha cambiado.
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