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30-Jun-2009
Economía sin lágrimas
Ángel Verdugo
Otra vez el viejo autoritarismo; poca “perestroika”, cero “glasnost”
La conducta que políticos “relevantes” han exhibido en días recientes, los ha mostrado tal cual son; esto me ha llevado a recordar los no tan lejanos años cuando gobernó quien pretendió venderse como un político moderno —¿Se acuerda usted de aquello de “Más moderna política”?— cuando en realidad -los hechos no dan lugar a la duda- era uno más de los autócratas que nos han gobernando desde fines del Siglo XIX incluido Benito Juárez.
La debacle —imposible de ocultar— de un modelo que hizo agua desde antes de la crisis de 1982, obligó a Salinas a “modernizar” la economía para intentar seguir manteniendo el control político que desde fines de los años veinte ejercía el “partido casi único”.
La estrategia de quien hoy no se resigna a desaparecer de la escena política, podríamos resumirla utilizando dos expresiones populares en los años ochenta: Quería darnos solo “perestroika” y evitar la “glasnost”. La primera de estas dos expresiones significa reestructuración y la segunda, apertura; ambas llevaron no solo a la caída estrepitosa de su impulsor —Mijail Gorbachov— sino a la desintegración de la vieja URSS y la desaparición de lo que conocimos como “Bloque Soviético” y de lo demás que muchos conocimos.
La gran aspiración de todo político que se encumbra —en países que como el nuestro llegaron tarde al “banquete de la modernidad”—, es modernizar la economía al tiempo que el lado político de la ecuación lo mantienen en el Medioevo. El ejemplo más acabado hoy en día de esta vieja y utópica aspiración, es el “modelo chino”: economía de mercado y control político férreo y total de un solo partido.
Sin embargo, autócratas al fin, los que así actúan desprecian lo que la realidad muestra y no ven que en la medida que se van eliminando trabas económicas, grupos cada vez más importantes en número e influencia exigen su pedazo del “pastel político”. La experiencia enseña que a la libertad económica sigue, inexorablemente, la libertad política.
La República Popular China será presa de este conflicto en pocos años y se dará en Vietnam —copia casi mecánica del modelo chino—; además, lo hará en cualquier otro país donde la pandilla gobernante pretenda impedir lo inevitable. Lo que pasa en México hoy, es la reedición de este proceso; la apertura de la economía con su consecuente regreso de la libertad de decisión en materia económica al agente privado y al consumidor, poco tiempo después se vio reflejada en lo político y hoy, este avance nos lo han arrebatado los partidos.
La renuencia de la clase política mexicana a profundizar la apertura en la economía así como ceder espacios de decisión política, los hermanó a todos sin distingos de origen y filiación partidaria; todos, como si fueren uno, se han opuesto a facilitar la constitución de nuevos partidos políticos y en el colmo de la burla autoritaria más cerca de Hu Jing-tao y Ahmadinejad que de un demócrata, nos dice Felipe Calderón: “Queremos mejores representantes, que haya mejores ciudadanos postulándose como representantes;queremos mejores partidos, hagamos esos partidos, participemos en los partidos, y si no convencen éstos, hagamos otros.”
Ni la burla perdona; de estar interesado en concretar lo que afirma, en vez de mandarnos a formar partidos debería enviar al Congreso las correspondientes iniciativas que faciliten su formación y estimulen la urgente participación ciudadana en la cosa pública. Hoy tenemos lo que tantas veces ha fracasado: un poco de perestroika y cero glasnost.
Además, cuando los ciudadanos que con su lucha han logrado algo de aquélla, los políticos se confabulan para arrebatárnoslo e impedir que avancemos en la obtención de más libertad. De ahí que en tanto no reformemos las leyes vigentes que dificultan cuando no impiden la participación ciudadana, las palabras del Presidente son y serán solo eso, palabras.
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