- Otra vez los pedigüeños; ¡cuánta desvergüenza y falta de dignidad! 05-Nov-2009 ¿Para qué servirán los ingresos aprobados? No desespere, ya lo verá; ya lo verá 03-Nov-2009 ¿Dónde quedó el crecimiento? 29-Oct-2009 ¿Y ahora, quién podrá salvarnos? 27-Oct-2009 No hay duda, no somos un país serio; es más, ni país somos 22-Oct-2009 Lo que aprueben, ¿será útil para el crecimiento? 20-Oct-2009 Cuidado, se nos pueden enredar los cables 15-Oct-2009 ¿Qué sigue? ¿Y las demás Luz y Fuerza? 13-Oct-2009 En serio, ¿los privilegios del sindicato son la causa del desastre? 08-Oct-2009 Otra vez, a dilapidar lo que no es suyo. ¿Y los derechos de propiedad? 06-Oct-2009
23-Jun-2009
Economía sin lágrimas
Ángel Verdugo
En realidad, ¿qué es lo que se ve?
A medida que nos acercamos a la fecha fatídica -5 de julio de 2009-, las declaraciones “optimistas” sin el menor sustento -afloran otra vez- con mayor intensidad que antes. Ya no sorprende -más bien molesta- que quien no ha dado una diga que “ve signos alentadores”, “que parece haber pasado lo peor” y tonterías por el estilo.
Ante lo complejo de los problemas que enfrentamos, la profundidad de los mismos y dados los efectos que estos dejarán en la estructura económica, valdría la pena preguntarnos una vez más acerca de esos “signos alentadores” y la duración efectiva de la crisis en la economía mexicana.
Está de más repetir que si bien es correcta la apreciación acerca de la rapidez con la cual otras economías dejarán las tasas negativas de crecimiento y en cosa de tres o cuatro trimestres estarán otra vez en la senda correcta, eso no significa en manera alguna que los niveles previos al período recesivo los recuperarán con la misma rapidez.
Para que una economía como la de Estados Unidos y las principales de Europa recuperen los millones de empleos perdidos como consecuencia de la crisis, no es suficiente empezar a dejar los porcentajes negativos de crecimiento del Producto y crecer a tasas positivas. Recuperar los niveles previos en materia de empleo, requerirá más que eso; varios trimestres tendrán que pasar para que la inversión pública y privada, el consumo privado, las exportaciones y el crédito entre otros elementos se encuentren en los niveles previos a la recesión.
Recuperar el crecimiento es condición necesaria pero no suficiente; aquellos países que no habían hecho la tarea en cuanto a desregulación y apertura definitiva de sus economías y no aprovecharon la gran oportunidad que esta crisis les dio para realizar estas reformas, no solo tardarán más en recuperar el crecimiento sino que cuando esto se dé, las tasas del PIB estarán por debajo de los ya de por sí mediocres porcentajes de crecimiento que alcanzaban antes de la recesión.
Renuentes desde siempre a llevar a cabo reformas calificadas de “impostergables” -por quien parece hoy estar a la búsqueda del puesto que ocupó-, no debería sorprender que vayamos a tardar más en la recuperación sino que haya irresponsables que afirmen que ven “signos alentadores”. ¿Alentadores de qué? No es el final del túnel lo que vemos, es una locomotora en sentido contrario.
¿Quién es el responsable de lo que hoy enfrentamos? ¿Tendrán razón los que hoy -sin ver el daño que causaron durante decenios- engolando la voz acusan al que dijo sería el Presidente del Empleo para calificarlo como el del Desempleo? ¿Tendrán la razón los que ni siquiera se dan unos minutos para revisar las cifras que INEGI dio a conocer el viernes acerca de la Oferta y Demanda Global de Bienes y Servicios? Además, en caso de hacerlo, ¿las entenderían?
¿En verdad creen que los ineptos que hoy encabezan algunas secretarías, tienen la suficiente capacidad para hacer tanto daño como ellos? Si los acusadores con toda su capacidad puesta al servicio de la destrucción, no acabaron con México en casi siete decenios, ¿creen que acaso que estos novatos lo harán en unos cuantos? Aquellos si destruían riqueza e impidieron el crecimiento, y los sobrevivimos; sobrevivir a estos, será un día de campo.
Los problemas estructurales que enfrenta la economía mexicana, no serán resueltos con las recetas que por años aplicaron los que dicen que “sí saben gobernar”. La cirugía mayor que el enfermo exige, no la practicarán los que “ven signos alentadores” y menos los causantes del desmadre en el que nos encontramos (Perdón, pero no encuentro otra palabra que exprese con mayor claridad la situación).
Al final, como ha sucedido en otras ocasiones, parece que será la debacle total la que nos obligue a tomar -“a mata caballo”- las medidas que por años pospusimos. Lo demás, búsqueda de votos; de unos y de otros.
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