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16-Jun-2009
Economía sin lágrimas
Ángel Verdugo
Otra vez, la maldición del corto plazo
A medida que nos vamos acercando al día que la casi totalidad de la clase política parece haber calificado como la fecha que marcará su destino, se muestra más clara la propensión que tenemos a privilegiar el corto plazo.
Esa maldición que nos acompaña desde hace decenios ha impedido, en no pocas ocasiones, darnos cuenta de la magnitud real del problema enfrentado —¿Recuerda aquel simple “problema de caja” en 1982?—; en otras, a pesar de saber lo negativo que resulta privilegiar lo inmediato, hacemos a un lado la experiencia acumulada y permitimos que la soberbia y el afán de creer que en una democracia los puestos son para siempre nos conduzcan a la vorágine de lo inmediato.
En pocas ocasiones como ahora, nos muestran el placer casi malsano que nuestros políticos experimentan con el corto plazo. Los daños, como usted sabe, los sufrirán y pagarán otros en tantas ocasiones anteriores.
Los problemas que enfrentamos hoy como consecuencia de la crisis que a todos golpea, son nada frente a los problemas estructurales que venimos arrastrando de vieja data. Podrán nuestros socios comerciales recuperar la senda del crecimiento y regresar a las condiciones previas al principio del período recesivo en unos cuantos años pero, ¿y nosotros? ¿A qué niveles de “normalidad” vamos a regresar?
La visión de corto plazo que hoy domina la escena política y también —¡qué tragedia!— la economía, no tendrá buen fin. Si bien es entendible —dado el nivel casi primitivo de nuestro quehacer político— que el horizonte para partidos, sus dirigencias y candidatos sea el 5 de julio, de ninguna manera es justificable que la visión del desarrollo económico que esos mismos actores privilegien tenga como límite, cuando mucho, el Presupuesto de Egresos de la Federación para 2010.
Así se podría resumir la tragedia del país hoy en día; en lo político, los avanzados y modernos tienen un horizonte que termina el 5 de julio y los que están preocupados por el “largo plazo”, lo extienden al 31 de diciembre de 2010. ¡Qué jodidos estamos!
El colmo del “cortoplacismo” lo acaba de mostrar Germancito cuando, en una crítica al actual gobernador de Nuevo León exhibe una foto donde su colega, el diputado Humberto Roque Villanueva aparece junto a aquél haciendo la hoy famosa “Roqueseñal”. Al margen del aspecto histriónico de Germancito a lo que ya nos tiene acostumbrado y hartos, sólo queda la pobre exhibición de quien no ve más allá del 5 de julio.
¿No le cabe en su cabecita loca inmadura, la muy alta posibilidad que la próxima Legislatura deba hacer algo en materia de impuestos o precios de algunos bienes que oferta el sector público? ¿Exhibiría con el mismo gozo la foto de Josefina Vázquez o la de Francisco Ramírez una vez que hubieren logrado la aprobación de una Ley de Ingresos que incluiría lo arriba señalado? ¿Estará dispuesto a sustituir en su pobre y rijoso vocabulario “la Roqueseñal”, por la “Chepiseñal” o la “Pacoseñal”? ¿No alcanza a ver Germancito, que la economía tiene vida después del 5 de julio?
La enfermedad del “cortoplacismo” golpea a todos por igual; partidos y sus dirigencias, funcionarios, “intelectuales” y rectores empezando por el de la hoy premiada UNAM sin dejar fuera a los dizque empresarios; todos sufren del mismo mal, solo buscan que alcance para llegar a la siguiente quincena. Después, ya veremos qué hacemos.
¿Puede una economía cuya clase política es seducida por el corto plazo, construir las bases para un desarrollo sostenido a tasas altas? ¿Puede un país dejar atrás la miseria y la marginación, cuando su casi única preocupación es juntar recursos para el próximo año fiscal? ¡Imposible!
Mejor sería que dejásemos de culpar de todo a “la crisis que viene de fuera” —ésa “que no creamos nosotros”— y prestásemos atención a lo que viene después del 5 de julio pues cuando menos, los viejos problemas ahí estarán.
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