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12-Jun-2009

30-30

Lucero Solórzano

Películas de altura


Cada vez que Disney Pixar lanza una nueva película parecería que es imposible que sea mejor que la anterior. Nuevos riesgos, nuevos personajes muy bien escritos y entrañables, situaciones disparatadas, impecable animación digital, muchas horas de cine visto, derroche de sensibilidad, historias originales y un gran cariño en su trabajo, hacen de las recientes producciones de Disney Pixar un verdadero cine de altura.

El domingo pasado me lancé a verla en la función de las 20:00 horas. La sala estaba hasta el tope, no había niños, ni uno. En promedio los espectadores estaban entre los 18 y 35 años. Ese corto previo, Parcialmente nublado, es una joya. Entre nubes y cigüeñas y en escasos tres minutos, se cuenta una historia compleja sobre la aceptación y la solidaridad y el hecho de que si te toca hacer el trabajo feo lo hagas con ganas. La mejor tradición del cine sin palabras; no tiene desperdicio. Up costó 175 millones de dólares y aunque la respuesta en la taquilla ha sido impresionante, las expectativas en cuanto a la venta de productos y juguetes relacionados con la cinta son bajas dada la reacción tan positiva del público adulto. El inteligente guión tomó casi tres años para su terminación, pues además se compone de elementos heterogéneos que parecerían difíciles de conciliar: un anciano viudo y gruñón, un niño explorador, una casa que se eleva por los cielos atada a cientos de globos de colores (las imágenes son magníficas), perros que hablan, una exótica ave en peligro de extinción.

Hasta el momento de la colaboración de Disney y Pixar y a lo largo de su accidentada relación se han estrenado diez películas: Toy Story, de 1995; Bichos, de 1998; Toy Story 2, de 1999; Monsters Inc., de 2001; Buscando a Nemo, de 2003; Los Increíbles, de 2004; Cars, de 2006; Ratatouille, de 2007; Wall—E, de 2008, y Up, de 2009.

En lo personal Cars me parece un poco floja, pero es un hecho que la clave de la magia de estas cintas está en las historias y en la creación de los personajes sumergidos en situaciones de reto y búsqueda cuyas misiones van dejando mensajes con los que se identifica cualquier niño, pero sobre todo cualquier adulto y ese es su gran valor. Si le añadimos una calidad óptima en lo que a los recursos tecnológicos se refiere, tenemos verdaderas obras maestras.

Las dos propuestas anteriores a Up marcan un camino a la madurez creativa que se hace patente en esta película. Wall—E es muda prácticamente durante 40 minutos, de nuevo el cine sin palabras. Su tono es sombrío y tiene momentos de gran complejidad en la narración; algunas mentes sensibles llegaron a considerarla inadecuada para niños, no estoy de acuerdo.

Ratatouille contiene ya casi hacia el final un discurso notablemente bien escrito acerca del trabajo del crítico y su relación con el artista. Confieso que lo leo con frecuencia, pues lo considero inteligente y fuente de cuestionamientos en más de un sentido. Me permito reproducirlo íntegro ya que aun sacado de contexto es de una enorme riqueza:

“El trabajo del crítico es sencillo en más de un sentido. Arriesgamos muy poco, y sin embargo usufructuamos de una posición situada por encima de quienes someten su trabajo y su persona a nuestro juicio. Prosperamos gracias a nuestras críticas negativas, que resultan divertidas cuando se las escribe y cuando se las lee.

“Pero la cruda verdad que los críticos debemos enfrentar es que, en términos generales, la producción de basura promedio es más valiosa que lo que nuestros artículos pretenden señalar. Sin embargo, a veces el crítico realmente arriesga algo, y eso sucede en nombre y en defensa de algo nuevo.

“Anoche experimenté algo nuevo, una comida extraordinaria hecha por alguien único e inesperado. Decir que ese plato y su cocinero pusieron a prueba mis preconceptos equivaldría a incurrir en una subestimación grosera, cuando lo cierto es que ambos lograron conmover lo más profundo de mi ser. Antes de este suceso, nunca escondí mi desdén por el lema del Chef Gusteau: ‘cualquiera puede cocinar’. Pero, me doy cuenta, recién ahora comprendo sus palabras. No cualquiera puede convertirse en un gran artista, pero un gran artista sí puede provenir de cualquier lugar.”

Up.

Diez películas.

Ratatouille y Wall-E.

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