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10-May-2009
Salud...os y tres
Alfonso Aguilar
No hay mal que por bien no venga
SALUD. En nuestro país son bien conocidos los antiguos proverbios que señalan: “No hay mal que por bien no venga” y “tapar el pozo después del niño ahogado”, que hay que tener muy presentes a raíz de la actual epidemia de influenza producida por el virus A H1N1, sobre la que aún no hay que cantar victoria ni bajar la guardia. Este mal, esta viremia, debe traernos algunos bienes entre los que estarían hacer muchas enmiendas, subsanar varios vacíos y poner en marcha asignaturas pendientes, entre las que destacan la inaplazable urgencia de que el gobierno de la República canalice mayor presupuesto a la investigación en ciencia y tecnología. No obstante que contamos con compatriotas que tienen la capacidad y preparación suficiente para realizarla, la mayor parte de ellos tiene que emigrar a otros países, en donde son bien acogidos. No enmendar esta falla es lo que nos hace todavía dependientes del extranjero, dependencia que se torna más notable y lamentable ante cualquier epidemia. Sin dejar de reconocer que en medicina y en salud pública mucho se ha avanzado en México, también debemos estar conscientes de que no tapamos muchos pozos sino hasta después del niño ahogado, esto es, posteriormente a que se pierden vidas o se afecta severa y masivamente la salud de los nacidos en nuestro país.
OS comento que, ante las perdidas económicas provocadas por las medidas tomadas para frenar la transmisión del A H1N1, entre las que estuvieron cerrar fondas y restaurantes, cines y realizar partidos de futbol a puerta cerrada en el DF, el gobierno de la ciudad ha instalado el Consejo de Reactivación Económica que presentará a la ALDF un plan para atender esos daños económicos provocados por la epidemia. El rector de la UNAM, José Narro, médico con especialización en salud pública y ex subsecretario de Salud, envió un mensaje apabullante titulado La UNAM ante la emergencia, en el que señala: “La emergencia sanitaria originada por la epidemia de la influenza nos ha obligado a reflexionar y a actuar. Ha hecho que cambiemos súbitamente nuestra forma de vida. Ha interrumpido hábitos y obligado a tomar patrones que nos resultan distintos [] Los daños de la epidemia, los directos y los intangibles, al igual que ella misma, apenas empiezan a notarse. Los casos de enfermedad, los de muerte y el pánico de la gente han sido la expresión inicial de esta patología. A ella se deben sumar muchas otras consecuencias. La economía, la vida política, la imagen de México en el extranjero y el propio comportamiento colectivo han sido trastocados”. OS refiero, que en ese mensaje Narro enfatizó: “Una vez más nos encontramos con la dureza de la falta de solidaridad internacional y la hipocresía de algunos, que un día aportan bienes materiales y al día siguiente discriminan [no hizo falta que añadiera ‘¿me estás oyendo, China?’ o ‘¿me estás oyendo, Argentina?’ aun cuando esta nación nos volvió la espalda sin haber enviado apoyo alguno]”. Juan Ramón de la Fuente, que preside el referido Consejo, ha dicho sobre la discriminación a nuestros connacionales que se encuentran en China: “México actuó bien, notificando la presencia de este virus a la autoridad sanitaria internacional y no como China. El buen juez por su casa empieza. Las autoridades sanitarias chinas deberían recordar que en 2003 ocultaron datos a la OMS de una enfermedad, el Síndrome Agudo Respiratorio (SARS) y ello condicionó que la alerta mundial se rezagara y hubiera una epidemia por la cual murieron más de 800 personas y hubo casi nueve mil personas infectadas”. Volviendo a Narro, dijo también: “La epidemia ha recordado la necesidad de revisar a fondo nuestro sistema de salud. Requerimos de mayor eficiencia, de respuestas más oportunas, de una articulación más contundente”.
TRES APOSTILLAS ¿Por qué el virus causante de esta epidemia se denomina A H1N1? Porque existen tres gamas de influenza: la tipo A, que afecta a humanos y animales, la B, que sólo se presenta en los humanos, y la C. Los filamentos que usa un virus para fijarse en la célula son de dos órdenes: Hemaglutininas, de la que hay 16 tipos –de la H1 a la H16–, y Neuramininasa, con nueve variantes –de la N1 a la N9–. Resumiendo, se le conoce como A H1N1 porque A es el tipo de influenza; H1 y N1 son el compuesto principal y su número... El diagnóstico exacto, preciso, del virus A H1N1 requiere de laboratorio especializado, dado que no puede ser detectado por los medios habituales. Existen tres pruebas definitorias: a) Analizar el Ácido Ribonucleico (ARN) del virus en muestras del paciente, mediante la reacción de Polimerasa en Cadena (PCR) que no se realiza en México; b) Cultivar el virus o c) Determinar un aumento significativo de anticuerpos específicos contra el virus en cuestión. SALUD Y SALUDOS.
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