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11-Abr-2009

Opinión del experto

Raúl Fuentes Aguilar

José y el doble ciclo solar


(Tercera de cuatro partes)

El estudio de la actividad y las propiedades solares demuestra la base científica de la narración bíblica sobre el hijo de Jacob

 

 

Lo asombroso de la narración bíblica de la historia de José, el hijo de Jacob, es la racionalidad científica en la cual se apoya. Los siete años de abundancia y los siete de escasez no indican sino un periodo del ciclo solar, y la reafirmación de la parábola de las espigas, sumada a la de las vacas famélicas que devoran a las vacas plenas, no indica sino un doble ciclo solar que implica la inversión de la polaridad solar. Veamos, a la luz de los conocimientos actuales, el fundamento científico de la predicción de José.

Cuando el Sol se observa con instrumentos astronómicos, se concluye que es un astro muy activo. El rasgo distintivo de su actividad es su naturaleza cíclica, que lo caracteriza como una estrella variable. Esta variabilidad se puede atribuir básicamente a que el Sol posee un campo magnético cambiante, que se refleja en variaciones en la intensidad de las líneas del espectro solar. El número de áreas brillantes en la atmósfera solar, reflejadas por el espectro, varía con un periodo aproximado de 11 a 14 años, pues, como se analizará más adelante, el campo magnético solar invierte su polaridad cada 11 o 14 años, que es el periodo establecido en la Biblia.

El Sol está constituido por cuatro capas principales: la fotosfera o capa más profunda, que es el asiento del espectro continuo; la capa inversora, de unos cuantos cientos de millas de espesor, donde se originan las líneas de Fraunhofer del espectro; la cromosfera, de cerca de 5 mil km de espesor, que se muestra como un anillo escarlata durante los eclipses y que genera las líneas de Fraunhofer más intensas. Y finalmente, la corona o capa exterior de la atmósfera, donde se generan las ondas largas de radio y los rayos X.

La evidencia más clara de la existencia de este ciclo se tiene en la variación del número de manchas solares, cada once o catorce años, que a su vez constituye el rasgo mejor conocido del Sol. Las manchas son marcas oscuras que aparecen en la fotosfera del Sol, de menor temperatura que la zona que las rodea, y están constituidas por la umbra o corazón central de la mancha, y la penumbra, que consiste en un grupo de pequeños filamentos orientados hacia la primera. Generalmente, se presentan en grupos, en los cuales se desarrollan dos manchas de mayor tamaño, la primera y la última del grupo, y aparecen en dos zonas a cada lado del ecuador solar, entre los 8 grados y los 35 grados de latitud.

Las manchas son un índice de casi todas las demás actividades del Sol, como son las fáculas, las llamaradas, las prominencias, los cambios en la forma de la corona, etcétera.

El comportamiento cíclico de las manchas se conoce desde l843. Posteriormente, se hicieron estudios considerando observaciones registradas en el pasado para confirmar la existencia del ciclo.

Las principales pruebas de la existencia del ciclo solar, además de los reportes sobre el número de manchas, son:

1. El registro del número de auroras polares, que se relaciona directamente con la presencia de las manchas, puesto que éstas se asocian a fuertes campos magnéticos que ocasionan alteraciones en la ionosfera de la Tierra.

2. La forma y apariencia de la corona en los eclipses, ya que en periodos de poca actividad la corona está poco desarrollada, especialmente en los polos, con rayos bastante largos en las latitudes bajas, en tanto que en periodos de máxima actividad la corona es más brillante y aproximadamente esférica.

3. Se ha encontrado una posible relación entre la proporción C14/C12 en los anillos de los árboles y las variaciones en la actividad solar, puesto que la formación del C14 está ligada a la incidencia de los rayos cósmicos de la atmósfera superior y éstos, a su vez, son modulados por cambios en toda la actividad solar.

Con base en las pruebas anteriores, se ha llegado a la conclusión de que el Sol presenta una actividad cíclica, cuya variabilidad es un reflejo de los cambios que sufre el campo magnético del astro.

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