30-Mar-2009
El búho no ha muerto
Pedro Ferriz
Matrimonio norte-sur
Aristóteles, maestro de Alejandro Magno y discípulo de Platón, consideraba a los griegos una raza superior al pensar que persas y en general todos los pueblos orientales eran bárbaros, esclavos de las pasiones… arrastrados por los apetitos. No como los griegos a quienes creía los padres de la moderación. El tiempo, experiencias de campaña, batallas, cicatrices, sinsabores y el esfuerzo de su ejército, enseñaron a Alejandro Magno, que su maestro estaba en un error. Llegó a conquistar el Oriente y probó en carne propia la falta aristotélica. Conquistó Asia menor en la Batalla del Gránico. Siria, Fenicia, Tiro, Egipto y Mesopotamia. Ocupó Susa y Persépolis, sedes de la cultura persa. Luego de vivir sus avances culturales, principios filosóficos, matemáticos, sociales y de organización decidió promover en Susa en el año 324, el “Gran Matrimonio entre Oriente y Occidente”. Hizo acopio de parte de sus huestes a quienes casó con mujeres persas. Él incluso profesó con el ejemplo al desposarse con dos princesas: La de Sogdiana y la Hija de Darío III el último emperador Aqueménida, a quien él personalmente mató.
No existen pueblos superiores ni inferiores. Todos los seres humanos tenemos bueno y malo. El esplendor de algunos se subraya por su moderación, como bien disertaba Aristóteles —en su justo medio aristotélico— Y son esos extremos… las pasiones llevadas sin límite, las que provocan decadencia, deterioro y confrontación.
Muchas veces me he preguntado si realmente nosotros conformamos una raza inferior. Si nuestra cultura y percepción de la realidad es comparativamente menor con respecto a “nuestro vecindario”. ¿Quién es inferior, el que provee las drogas o el que las consume? ¿El que hace armas o quien las usa vilmente? ¿El que vive en una falsa opulencia o en una real pobreza? Pensar en los extremos de vecindad con los Estados Unidos nos tiene que remontar a replantear de nuestra relación con una base filosófica. Sí es cierto, nos rebasa su tecnología y educación promedio. Son por ende un pueblo más rico, pero no más virtuoso. Más organizado, pero no necesariamente moral. ¿Más ético?… ¿no conocen de corrupción? ¡Claro que si! Somos simplemente pueblos que vivimos tiempos diferentes en un mismo marco existencial. Nuestro potencial es igual. Vean cómo aquí un gringo se mexicaniza. Sepamos cómo un mexicano allá, se agringa.
¡No, no hay pueblos superiores! Son circunstancias, todas remontables las que nos dan ventaja o desventaja. Entender nuestro tiempo debiera ser meta. Entender para remontar. Entender para emprender el curso de nuestra solución.
Siento a México en un gran momento… Hemos identificado al fin, que no podemos seguir viviendo así. Apartados de la justicia, de la solidaridad. Lejanos del orden y la igualdad. Distantes del respeto y cerca de lo atrabiliario. Nuestra relación con Estados Unidos nunca debe ser concebida como desigual. Pensemos que es diferente. Si bien la anterior administración Bush, sí se creyó muy por arriba de nosotros, sinceramente veo que Obama buscará el encuentro. Si bien ayer y antes, nunca llegamos a coincidir, hoy no es tarde para emprender el vuelo de una nueva relación. No se espanten (los que solo ven al pasado) que lo intentemos. Estados Unidos dio un paso al confiar el timón a un afroamericano. México debe hacer lo mismo y estrechar la mano de quien hoy nos la ofrece.
El “Magno” matrimonio entre Oriente y Occidente se dio cuando se conocieron. Hoy conocernos es la clave, sobre la premisa de que no hay pueblos superiores. En eso, ¡hasta Aristóteles erró!
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