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03-Feb-2009

Archivos del poder

Martín Moreno

Calderón y Fox: infiernos y vacíos


El estilo personal de gobernar de los presidentes en turno —citando el infalible concepto de don Daniel Cosío Villegas—, se ha manifestado, de manera más que preocupante, en los mandatarios panistas. Felipe Calderón compara el arte de gobierno con el infierno. Vicente Fox prefirió “encargar la oficina de Los Pinos” y ser un locuaz personaje que desperdició su sexenio entre ineficacias, pleitos, abusos y barbaridades y nos heredó un país dividido y enfrentado.

¿Cómo gobiernan los panistas desde la Presidencia de la República?

Calderón. Por más que los empleados de prensa de Los Pinos intenten corregir y culpar a la traducción de la desafortunada frase de Calderón en el Foro de Davos —que Excélsior, con oficio periodístico, el domingo pasado, se encargó de aclarar con las palabras presidenciales de que efectivamente así lo citó—, lo cierto es que decir que, cuando se es de la oposición “es vivir en el paraíso y quien gobierna vive en el infierno”, refleja del Presidente dos pesadumbres: desgaste y hartazgo en su tarea como jefe de Estado.

Desgaste, porque apenas acaba de cumplir dos años como Presidente y ya vive un infierno. Hartazgo, porque sólo quien esté hasta el copete de su trabajo puede decir semejante cosa.

Nos debe preocupar el concepto infernal de Calderón sobre el arte de gobernar. Si como candidato presidencial nos hubiera dicho que gobernar es vivir en el infierno, ¿cuántos mexicanos no hubieran votado por él? Seguramente hoy otro estaría en Los Pinos.

Pero más allá del infierno de Calderón —que a querer o no se refleja en un abatimiento de la población ante un estado de ánimo negativo y pesimista de su Presidente—, resulta desafortunada su crítica al gobernador del Banco de México (Banxico), Guillermo Ortiz, y no por que sea Ortiz, sino porque representa a un organismo autónomo del gobierno.

Atacar los pronósticos del Banxico porque no coinciden con los del gobierno, denota arrogancia y falta de respeto a las instituciones. Si el banco no está de acuerdo conmigo, entonces está equivocado. No, presidente Calderón, como producto de la oposición ya debería saber que lo más sano en un sistema democrático es la divergencia de opiniones que enriquezcan la discusión nacional.

Calderón demuestra también cierto grado de frustración porque el panorama económico se le ha descompuesto, pero como estadista que suponemos que es, olvida que no es su tarea minimizar los efectos de la recesión, sino reconocerla y atacarla de frente con medidas de fondo y no a base de los paliativos insuficientes y de humo que hoy se nos han presentado.

“Tengo a uno de los mejores equipos económicos del mundo”, dijo Calderón en Davos. De entrada, dicen por ahí que alabanza en boca propia es vituperio, es decir, deshonra.

No dudamos que el secretario de Hacienda, Agustín Carstens —a pesar de haber hecho un mal diagnóstico inicial de la crisis con el famoso “catarrito”—, sea un economista reconocido, y que al reconvertir parte de la deuda mexicana de dólares a pesos y comprar un seguro para garantizar un precio tope del petróleo, haya contribuido a la estabilidad financiera. Pero, ¿acaso el titular de Economía, Gerardo Ruiz, ha hecho algo que realmente haya ayudado al país?

¿Y acaso no Georgina Kessel, de Energía, fue rebasada rápidamente dentro de las discusiones de la pírrica reforma energética? ¿Y el sexenio del empleo a cargo del secretario del Trabajo, Javier Lozano, no muestra fracaso al haber más de dos millones de mexicanos desempleados?

El frío de Davos le provocó a Calderón el síndrome Fox: decir barbaridades.

Fox. “Yo encargué por seis años la oficina, ahí en Los Pinos, a alguien. Muy poco tiempo estuve ahí”, le recomendó el ex Presidente a alcaldes panistas. ¿Y quién diablos gobernó entonces? ¿Marta Sahagún, integrante de la pareja presidencial, elevada a ese rango por su propio esposo? ¿El oscuro Ramón Muñoz? ¿El limitado Eduardo Sojo? ¿Quién gobernó desde Los Pinos el sexenio pasado?

Por supuesto que un Presidente, como la mayoría lo ha hecho, debe abrir brecha y realizar giras para entregar obras de beneficio social. Pero de ahí a abandonar la oficina más importante del gobierno federal, donde se toman las decisiones que marcan el rumbo del país, hay un mundo de diferencia.

Si Fox confiesa hoy, públicamente, que abandonó la oficina presidencial los seis años y, a la luz de los acontecimientos, poco o nada hizo por la consolidación democrática y el avance económico del país, por eso nos explicamos la parálisis de 2000 a 2006.

Por eso, con ese vacío de autoridad, el país estuvo a la deriva.

Por eso sus hijastros, los Bribiesca Sahagún, se enriquecieron escandalosamente ¿porque la señora Marta compartía la Presidencia?

Por eso, porque fue más un líder panista que Presidente de la República, obsesionado con AMLO, Fox llevó a México a la división y al enfrentamiento.

Por eso no hubo reformas, porque en Los Pinos no hubo Presidente.

Por eso su sexenio fue un desastre.

Y por eso Cosío Villegas diagnostica en su Estilo personal de gobernar que, entre más se habla, menos se hace.

Seguramente ni Calderón ni Fox lo han leído.

Archivo confidencial… A diferencia de otras organizaciones “unidas contra la delincuencia” que han recibido dinero público y colocado a familiares en el gobierno, nació ayer el Movimiento Blanco, bajo tres prioridades: prevención contra la inseguridad, calidad en la educación y combatir el desempleo. Que lo integre Isabel Miranda de Wallace es una garantía. Si usted quiere colaborar, puede hacerlo en: www.movimientoblanco.org.mx, o al 04455 4378 8402.

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