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11-Dic-2008
Archivos del poder
Martín Moreno
GDF: las cuentas oscuras
Desde los tiempos de López Obrador, la falta de transparencia en los dineros del Gobierno del Distrito Federal (GDF) ha sido el sello de la casa. Hoy, con Marcelo Ebrard, continúan la opacidad financiera y los gastos poco claros.
Al igual que AMLO, Marcelo se sirve del dinero público para pavimentar el camino a sus aspiraciones presidenciales.
Y más allá de que sus gastos de autopromoción en la televisión sean mayores de 116 millones de pesos; que por debajo de la mesa el GDF le haya otorgado dos mil 100 millones de pesos a la Comercial Mexicana —empresa en quiebra técnica, por manejos financieros en entredicho—, bajo una operación sospechosa a todas luces, y que Ebrard esté denunciado penalmente por tráfico de influencias, hay otro punto que mucho preocupa.
Resulta que 545 millones de pesos correspondientes al Seguro Popular para beneficio de la Ciudad de México andan bailando. Ni un centavo ha invertido el GDF de esta partida en apoyo a la salud de los capitalinos. ¿O debemos creer que todos los habitantes de la capital, incluidos quienes viven en la pobreza o en la pobreza extrema, indigentes, adultos mayores y niños en albergues, ya cubrieron todas sus necesidades de salud y por eso no es necesario gastar esos recursos?
Esos 545 millones de pesos forman parte de un total de 884 millones que la Secretaría de Salud (SS) le entregará, este año, al GDF. Hasta hoy, ni un peso se ha destinado para el Seguro Popular, herramienta social fundamental en la salud de los mexicanos. Y lo más grave: son recursos que nadie puede auditar.
¿En qué se han utilizado esos 545 millones de pesos: en el pago del espacio televisivo de Ebrard con conductoras de televisión? ¿En sus anuncios publicitarios? ¿En oscuros y amañados contratos de publicidad que presentan spots disfrazados de “notas informativas”? ¿En el gobierno legítimo de AMLO? ¿A dónde han ido a parar los dineros destinados al Seguro Popular capitalino?
Como en los días de López Obrador, Ebrard recurre al viejo truco de utilizar recursos por debajo del agua, sin dar mayores explicaciones más que, como tramposamente dicen los diputados locales del PRD, decir que “es una ofensiva de la derecha para atacarnos”. ¿Dónde hemos escuchado ese pretexto?
El martes 2 de diciembre dábamos cuenta en estos Archivos del Poder que los gastos de Ebrard para su campaña de autopromoción habían alcanzado los 100 millones de pesos. El lunes pasado, el diario Reforma publicó que llegaban a 116 millones, bajo un ejercicio de maquillaje financiero.
Ese mismo lunes, Pablo Hiriart informó en Excélsior sobre la benevolencia de Ebrard para con la Comercial Mexicana (CM) que, por una evidente irresponsabilidad financiera, anda vendiendo sus activos y tratando de entrar al esquema de “concurso mercantil” para poder así reestructurar su deuda, recurso legal que en dos ocasiones le ha sido negado por un juez, mientras su tercera solicitud aún tiene pendiente la resolución.
“De manera directa, sin mediar licitación, el GDF le otorgó (a la CM) dos mil 100 millones de pesos por concepto de compras de vales de fin de año para sus trabajadores. La adjudicación constituye, en los hechos, un rescate de la empresa del pelícano”, escribió Hiriart.
Así, Ebrard, por la libre y haciendo valer la opacidad financiera que caracteriza a su gobierno, entró al rescate financiero de la CM, pasándose por el arco del triunfo las resoluciones de un juez y, por lo tanto, la ley.
Pero esta benevolencia de Ebrard con los grandes centros comerciales tiene un origen muy cercano. Se llama Alberto Ebrard Casaubón, su hermano.
Resulta que Alberto —siempre ligado a las grandes firmas comerciales de abarrotes y domésticos—, operaba como vicepresidente de Wal-Mart, empresa con la cual el gobierno de Ebrard fue también muy generoso, al adjudicarle, a través del programa Adultos Mayores, tres mil 600 millones de pesos mediante tarjetas de pensión alimentaria, que se aceptarían exclusivamente en esas tiendas.
Por ello, el pasado 26 de septiembre, la diputada local Margarita Martínez Fischer presentó una denuncia contra el jefe de Gobierno del DF por haber beneficiado, también sin licitación directa, a Wal-Mart. El delito: tráfico de influencias. La PGJDF nada hizo.
Ahora se repite la operación: Marcelo rescata financieramente a otra firma comercial que entra en el terreno de las actividades profesionales de su hermano Alberto. Otra vez a utilizar recursos públicos para beneficios personales.
¿Qué tal nuestro aspirante presidencial?
Y nuevamente por la irresponsabilidad en los gastos de Ebrard, ayer, la dirigente del PAN en el DF, Mariana Gómez del Campo, y los diputados Paula Soto y Agustín Castilla, presentaron una nueva denuncia penal contra el titular del GDF por presunto desvío de recursos destinados a comunicación social.
¿Cómo responderá la PGJDF? Seguramente archivará ambas denuncias, con lo que va a contribuir a la impunidad de funcionarios públicos.
¿Hasta cuándo vamos a seguir soportando estos abusos, ahora, con la aparición de otro hermano incómodo?
Archivos Confidenciales… Calderón ya mandó a descansar a su gabinete y le recomendó volver “con muchas ganas” a partir del 2 de enero de 2009. Bien haría el Presidente en recordar que los errores de diciembre de 1994 ocurrieron un día 20, precisamente en vísperas de Navidad.
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