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20-Nov-2008
Juegos de Poder
Leo Zuckermann
Cinco notas sobre el PRD
1. En sus 19 años como partido, el PRD no ha podido desarrollar las instituciones partidistas para procesar sus conflictos internos. En particular, los perredistas han sido incapaces de crear un sistema de sucesión pacífica e institucional para renovar al presidente del partido. Ante el cochinero de la elección a este puesto en 1999, Pablo Gómez tuvo que entrar como presidente interino. Por el cochinero, al parecer aún mayor, de la elección de 2008, Guadalupe Acosta Naranjo fue nombrado presidente interino. En esta última ocasión, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) tuvo que entrar a validar una elección sucia que ganó Jesús Ortega. El TEPJF lo hizo así porque se ciñó a las reglas internas que se dieron los perredistas para la competencia, reglas absurdas como lo demostró José Antonio Crespo ayer en Excélsior.
2. Gracias a la resolución del TEPJF, Jesús Ortega finalmente realizará su sueño de ser dirigente nacional del PRD. De esta forma, el grupo que comanda se constituye como la principal fuerza política del perredismo. Y en esta ocasión, a diferencia del pasado, el llamado grupo de Los Chuchos no se amilanó frente al que comanda López Obrador. Ante la ausencia del dirigente nacional, lograron que Acosta Naranjo se quedara como presidente provisional. Mientras tanto, a contracorriente del lopezobradorismo, negociaron con el gobierno calderonista una reforma a Pemex y lograron que quedara en ésta un espíritu estatista. Finalmente, demandaron que un órgano externo al partido, el TEPJF, sentenciara sobre la conflictiva elección. A pesar de las amenazas que recibieron, Los Chuchos demostraron autonomía y con ello fortaleza.
3. La determinación de Los Chuchos y la resolución del TEPJF dejó a la defensiva al grupo lopezobradorista. Su candidato a la presidencia del PRD, Alejandro Encinas, decidió no tomar la secretaría general del partido, pero tampoco renunció a éste. Esta última decisión es racional. En México, la legislación electoral incentiva que los militantes se queden en un partido porque, de renunciar, pierden muchos activos: el dinero, las estructuras operativas, el uso de la marca y la capacidad de registrar a candidatos de elección popular. Históricamente se ha demostrado que quien se sale de un partido, pierde. Es mejor quedarse, aunque esto signifique la ignominia.
4. La salida de Encinas del PRD hubiera puesto en un aprieto a los perredistas que todavía se identifican con López Obrador. ¿Quién hubiera seguido a Encinas? ¿El propio AMLO? Más importante, la salida hubiera presionado mucho a Marcelo Ebrard a finalmente tomar una decisión de qué hacer con AMLO: si apoyarlo y seguirlo, junto con Encinas, fuera del partido, o quedarse en el PRD y romper con su mentor. La renuncia de Encinas al PRD hubiera adelantado un asunto que a nadie le conviene enfrentar por el momento: la candidatura presidencial de este partido para 2012. Al quedarse en el PRD, Encinas le ahorró a Ebrard y AMLO un dolor de cabeza.
5. Encinas se queda pero, como buen lopezobradorista, promete ser una oposición semileal ahora dentro del partido. Cuando alguna decisión de Los Chuchos le convenga a su grupo, respetarán las instituciones partidistas. Cuando no les convenga, se movilizarán con el propósito de presionar. Para este fin, Encinas anunció la conformación de “un movimiento nacional por la renovación del partido, paralelo al movimiento en defensa del petróleo, de la economía popular y la soberanía nacional. Que tenga como base superar los graves defectos y vicios que desvirtuaron los mejores propósitos del origen del partido y que permita rescatar al PRD como instrumento de lucha al servicio de las causas del pueblo mexicano”. Tal como han hecho con Calderón, el lopezobradorismo se convertirá en un dolor de cabeza constante para Ortega y compañía. Y eso, por cierto, lo hacen muy bien.
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