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06-Nov-2008

Archivos del poder

Martín Moreno

¿Por qué se cayó?


“He puesto mi renuncia a disposición del presidente Calderón”, comentaba en privado Juan Camilo Mouriño durante los días tormentosos en los que se le acusaba de tráfico de influencias, ello como muestra de lealtad a su jefe y amigo. Precisamente por eso, el gobierno federal debe aclarar todas las dudas que han surgido en torno a la muerte de Mouriño, de José Luis Santiago Vasconcelos y de los tripulantes del Learjet 45.

Por la amistad entre Calderón y Mouriño, y a lo que representó el fiel secretario de Gobernación en el ascenso político del hoy Presidente de la República; debido al afecto personal pero, sobre todo, por la salud del país, se deben precisar, con lujo de detalles, las causas del desplome del jet que, desafortunadamente, mató también a varias personas en tierra. Hasta ayer iban 14 víctimas en total.

Si fue accidente, que se digan las causas. Si hubo fallas técnicas, que se explique en qué consistieron. Si se trató de error humano, que también se dé a conocer. Pero de manera transparente, clara, sin contradicciones ni, mucho menos, ocultamiento de información. Que se informe públicamente, para que no se especule sobre algo tan delicado.

Y si fue un atentado, también que se haga público.

Hoy sabemos que, de acuerdo con las grabaciones difundidas ayer por el secretario de Comunicaciones y Transportes (SCT), Luis Téllez, no hubo llamadas de auxilio ni señales de alerta del piloto del jet hacia los controladores aéreos.

Entonces, ¿por qué se cayó?

¿Por qué se desplomó un jet del que se considera inusual que sufra algún accidente y que, según el Consejo Nacional de Seguridad para el Transporte (NTSB), sólo tiene registro de un percance en el aeropuerto de Milán, debido a una parvada de pájaros? Además, se supone que era piloteado por hombres de experiencia.

Si no hubo llamada de alerta algún motor con problemas, una falla reportada en el tablero o cualquier otra anormalidad en el aparato o en el trayecto, entonces, ¿por qué se vino a tierra? ¿Se cayó solito, así como así?

Esa es una pregunta que, hasta la hora de escribir esta columna, no tenía respuesta.

Aún más: en la grabación difundida ayer solamente se escuchan reportes técnicos indescifrables para alguien que no sea piloto o controlador aéreo. Entonces, ¿qué fue exactamente lo que reportaron el piloto del jet, Álvaro Sánchez Jiménez, y su copiloto, Martín de Jesús Oliva?

En las últimas horas ha habido cruce de señales. Poco después de la tragedia, Téllez aseguró que “no hubo comunicación entre el piloto de la avioneta (jet) y los controladores del aeropuerto capitalino”.

Empero, la SCT difunde un audio en el que se escucha al piloto hablar con los controladores, quienes “le pidieron reducir la velocidad para acercarse a la terminal aérea, cuando de pronto se perdió comunicación con la nave”.

Por fin: ¿hubo o no comunicación entre el piloto Álvaro Sánchez Jiménez y los controladores aéreos? La evidencia indica que sí la hubo, aunque en su contenido no se escucha algún SOS, de acuerdo con el material disponible hasta ayer.

¿Influyó en algo que se le pidiera al piloto bajar la velocidad?

Se necesita más información. Saber, por ejemplo, por qué el representante de los controladores de tránsito aéreo, Ángel Iturbe, dijo que “antes de arribar a la pista 05 derecha del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, perdió contacto con la Torre de Control. Antes de esto, el piloto de la aeronave reportó a la Torre de Control emergencia; posteriormente desapareció del radar”, dijo Iturbe.

¿Hubo o no reporte de emergencia?

La lealtad hacia Mouriño impone que Calderón no caiga en el mismo error de Carlos Salinas de Gortari y de Vicente Fox, cuando murió asesinado Luis Donaldo Colosio y con el fallecimiento del entonces secretario de Seguridad Pública federal foxista, Ramón Martín Huerta, paradójicamente, en otro accidente aéreo.

Salinas se conformó con la versión poco creíble del “asesino solitario”: Mario Aburto.

Fox aceptó la versión dudosa del “accidente”, sin mayores investigaciones y dando carpetazo al asunto en unas cuantas horas.

Calderón debe actuar en forma diferente.

En medio de la tragedia surge otra interrogante: ¿Qué papel juega en todo esto Santiago Vasconcelos?

El ex titular de la SIEDO se salvó de morir, al menos, en tres ocasiones: la primera en Tamaulipas, cuando se le tendió una emboscada por órdenes del cártel del Golfo. Un pitazo a tiempo lo salvó.

Luego, sicarios de los hermanos Beltrán Leyva diseñaron dos ataques contra el entonces subprocurador de la PGR: el primero, el 22 de diciembre de 2007 y, el segundo, el 17 de enero del presente año.

Hoy está muerto y, junto con él, el número dos del gobierno calderonista y, de paso, el mejor amigo del Presidente.

Vendrán movimientos obligados en el gabinete, aunque era un hecho la salida de Mouriño de Gobernación para enero próximo. A los nombres de Vázquez Mota, Tello Peón, Germán Martínez y otros para Gobernación, habrá que agregarle uno más: el de Diódoro Carrasco.

Archivo confidencial… En atención a una carta enviada por el diputado Javier Guerrero a esta columna, en la cual responde a una pregunta publicada en este espacio con respecto a que de su casa fueron sustraídos seis millones de pesos, cantidad que, dice, “está totalmente fuera de la realidad”, precisamos dos cosas: el legislador ni desmiente la versión ni precisa a cuánto asciende el monto de lo robado. Qué bueno, como lo informa Guerrero, que ya hay investigación de por medio, porque la duda queda.

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