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29-Oct-2008

Arsenal

Francisco Garfias

Y la volvió a hacer...


La confusión era total momentos después de que unos 30 legisladores pejistas tomaron la tribuna en el Salón de Sesiones de la Cámara de Diputados, con la aparente intención de reventar la sesión en la que se discutiría la reforma energética.

Andrés Manuel López Obrador acababa de retirarse de la Cámara de Diputados, donde fue recibido casi como un jefe de Estado. Durante 35 minutos tomó la palabra; dijo lo que quiso; su discurso fue transmitido en vivo y en directo por el Canal del Congreso, llevó invitados, tuvo su porra. Pero ni así...

“Allí está la seriedad y el respeto que le tiene López Obrador a las instituciones. Es vergonzoso lo que están haciendo”, soltó, inconforme, Emilio Gamboa, coordinador de los diputados del PRI, en dirección de Roberto Garduño, reportero de La Jornada, como si quisiera convencerlo de la irracionalidad de lo que sucedía.

Eran segundos de incredulidad, incertidumbre, desconcierto. La necesidad de aplicar el “plan b” para aprobar la reforma energética —irse a sesionar a otro sitio— parecía la única solución. “Hay tres sedes alternas; una de ellas es fuera de la Cámara”, informaba a los reporteros.

Gamboa bajó enseguida por la llamada “escalera imperial” (corredor central) y a la mitad del salón se metió entre curules. Allí se entrevistó brevemente con Héctor Larios, coordinador de los azules, y César Duarte, presidente de la Mesa Directiva. El FAP garantizaba condiciones mínimas para sesionar.

Noventa segundos después sonó la campanita que anunciaba el inicio de una sesión que se desarrolló en condiciones verdaderamente deplorables. Cada vez que un diputado subía a la tribuna para defender la reforma, los legisladores pejistas, que mantuvieron tomada la parte alta de la misma, hacían sonar cornetas, sirenas, o golpeaban la mesa, para que no se escuchara al orador.

Las protestas fueron de más a menos. Ni siquiera la parte más cuestionada de la reforma (el artículo 60 de la Ley de Pemex) reavivó a los derrotados inconformes. A las 17:30 horas, los pejistas doblaron la tercera manta que exhibieron y se retiraron calladamente del Salón.

Quedaron sólo panistas, priistas, verdes y neoaliancistas. La reforma se aprobó entre aplausos eufóricos y gritos de ¡sí se pudo..!

A final de la sesión, casi a las seis de la tarde, volvió a sonar el celular de Gamboa. Era el presidente Calderón. Le pedía al coordinador felicitar a los diputados del PRI, por la forma “comprometida y nacionalista con la que actuaron en beneficio de México”.

En la atmósfera flotaban, como espada de Damocles, las últimas palabras pronunciadas por AMLO antes de abandonar la Cámara de Diputados: “Vamos a regresar antes del 15 de noviembre, antes de que se apruebe el Presupuesto, para defender la economía del pueblo de México”.

nCésar Duarte, priista de Chihuahua y aspirante a gobernador, se ganó el aplauso de los legisladores del FAP, por haber recibido a López Obrador. “Es muy generoso”, reconoció el coordinador de Convergencia, Alejandro Chanona. Otros diputados del Frente, como los perredistas Antonio Soto y Tonatiúh Bravo o el convergente Cuauhtémoc Velasco elogiaron públicamente la apertura del priista.

Algo muy diferente a lo sucedido el jueves pasado en el Senado con el panista Gustavo Enrique Madero, presidente de la Mesa Directiva y también aspirante a gobernar el estado más grande de la República.

El legislador azul se fue por la mano dura y no le dio audiencia al legítimo. Tampoco tregua a los diputados pejistas que intentaron boicotear la sesión en la Torre del Caballito. Acabaron zarandeados por la Policía Federal. Dos estilos diferentes. ¿Cuál prefiere?

n Sólo un diputado panista asistió motu proprio a escuchar a López Obrador en el Salón Protocolo, donde el legítimo fue recibido junto con sus diez distinguidos acompañantes. Se trata del tabasqueño Gerardo Priego. Hubo otros diputados azules que allí se encontraban, como Margarita Arenas o Jesús Espinosa, pero son miembros de la Mesa Directiva.

Lo curioso es que el grueso de los diputado azules siguió la visita de López Obrador al Palacio Legislativo en las pantallas de televisión instaladas en el otrora llamado “spa del PAN” —construido en los tiempos en que Felipe Calderón era el coordinador del grupo—.

n El panista Ricardo García Cervantes se voló la barda. Tuvo la puntada de solicitar a Gustavo Madero que invite al ex presidente Vicente Fox a reunirse con los integrantes de la bancada en el Senado, para que conozca el contenido de la reforma energética.

“Seguramente el ex mandatario no ha leído la reforma”, dijo García Cervantes, quien, mordaz, manifestó su disposición con el fin de explicar, a él o a cualquier persona de su confianza, los alcances de la misma, “para que lo orienten, antes de hacer declaraciones”. ¡Sopas..!

Fox calificó los siete dictámenes aprobados por el Congreso como “reformita”.

http://panchogarfias.blogspot.com

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