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17-Oct-2008
30-30
Lucero Solórzano
Bajo la sal
En el sitio tva.com.mx se publicó en septiembre pasado un reportaje que analizaba a profundidad los casos de asesinos seriales en nuestro país. Escrito por Juan Pablo González, se titula Asesinos seriales Made in México y comenta en sus primeros párrafos que el “término asesino serial fue introducido por Robert Ressler, quien trabajaba en el FBI y se encargaba de hacer perfiles sicológicos de criminales. Fue hasta entonces que se logró diferenciar entre los que mataban con un móvil determinado y quienes lo hacían sin un móvil aparente”.
Aunque hay muchos casos en nuestro país, uno de los más sonados fue Gregorio Goyo Cárdenas, quien era una persona físicamente poco agraciada, con tics, tenía estrabismo, padeció sífilis y enuresis (hacerse pipí en la cama); había sido víctima de una epidemia de encefalitis, sufría jaquecas constantes y si le agregamos que era rechazado por las mujeres, entonces se entenderá el por qué sentía tanto odio por la sociedad”. Su modus operandi incluía preferencia por las prostitutas, asesinarlas después de violarlas y enterrar sus cuerpos en el jardín de su casa.
Su perfil sicológico es todo un manjar para un guionista de cine, pero sin pasarse en su descripción para no irse más allá de los detalles que pueden hacer que el espectador adivine la trama.
Hoy se estrena en las carteleras de todo el país, con más de 300 copias (cifra importante para una película mexicana), Bajo la sal, dirigida por Mario Muñoz y escrita por él y Ángel Pulido. En esta ópera prima de Muñoz se cuenta una historia ubicada en Santa Rosa de la Sal, en Guerrero Negro, donde se encuentran las plantas desalinizadoras “con las que todos tienen que ver”.
Un buen día, y en plena descarga de toneladas de sal, aparece el cuerpo mutilado de una mujer. El antecedente es que han desaparecido jovencitas en la región y están empezando a encontrarse sus cadáveres.
Trujillo es un policía “con pasado” (como buen thriller que se precie de serlo) que llega de la Ciudad de México para investigar el caso. Está interpretado por Humberto Zurita en un muy buen segundo aire, tanto en el cine como en el teatro. El representante de la autoridad en la localidad, Salazar, está caracterizado por Emilio Guerrero, un espléndido actor con un desempeño sólido y convincente.
Juntos inician una investigación que los lleva a sospechar de varios personajes, desde el prefecto y un maestro de la escuela local, Plutarco Haza y Julio Bracho respectivamente, hasta Víctor (Ricardo Polanco), un joven enigmático que junto con su padre, dueño de la agencia funeraria del lugar, tienen a flor de piel el duelo por la muerte de su mamá; por último Isabel, Irene Azuela, quien es una joven estudiante amiga de una chica asesinada. Todos esconden algo que los hace sospechosos.
Bajo la sal es un buen thriller mexicano que antes de su estreno ya despertó el interés de productoras estadunidenses que quieren hacer su versión gringa. Tiene como antecedentes algunos filmes como Ensayo de un crimen, con todo y la travesura de Buñuel,Hasta el viento tiene miedo de Carlos Enrique Taboada, Sobrenatural de Daniel Gruener, Club Eutanasia de Agustín Tapia, Todos los días son tuyos de José Luis Gutiérrez, Conejo en la Luna de Jorge Ramírez-Suárez, Kilómetro 31 de Rigoberto Castañeda por sólo mencionar unos cuantos.
Como comenté antes, el escritor debe ser cauteloso en la descripción de sus personajes y no facilitar demasiadas pistas que, por un lado, pueden ayudar a la historia enredando los hechos, pero, por otro, pueden develar detalles que hagan predecible la trama. Creo que en cierto momento eso le pasa a Bajo la sal en relación con los títulos de los libros que se mencionan en la narración, sobre todo uno de ellos, Lolita de Vladimir Nabokov. No se preocupen, no digo más.
Fuera de eso, debo admitir que la disfruté mucho y me llevé mis buenos sustos. Hay algunas escenas que no se ven venir. Bajo la sal es de lo mejor que se ha hecho en el cine nacional recientemente. Buenísima dirección de actores, una fotografía impecable a cargo de Sergei Saldívar que, colindando con el blanco y negro, acentúa la aridez y desolación de un lugar cubierto de sal en medio de la nada. Finalmente, la banda sonora de Federico Bonazzo está para correr a comprarla. Sin duda la recomendación de este fin de semana.
Hay que verla.
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