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04-Oct-2008
Opinión del experto
Raúl Fuentes Aguilar
Encuentro con los Niños de Morelia
(Tercera de seis partes)
Junto con los españoles, México también saca a europeos —judíos, alemanes e italianos— de los campos de concentración. Muchos españoles esperan su salida hacia México en los castillos de Reynarde y Montgrand, alquilados como residencias diplomáticas mexicanas bajo acuerdo de extraterritorialidad.
Narciso Bassols, siempre inquieto, impulsado por el deseo de servir a las causas nobles, resolvió trasladarse a España para ayudar a los republicanos españoles en su lucha heroica en contra de la rebelión encabezada por Franco y de los ejércitos enviados a la península por Hitler y Mussolini. Bassols expuso en más de una ocasión la vida al visitar las avanzadas de los milicianos que defendían la legalidad en el frente de Madrid y en otros lugares donde se combatía con saña y sin descanso.
Posteriormente, Bassols fue designado por el presidente Lázaro Cárdenas, ministro de México en Francia. Habían triunfado las fuerzas del retroceso, habían triunfado Franco, Hitler y Mussolini en España, ante la pasividad ciega de Londres y París. Bassols, al frente de nuestra legación, realizó con su esfuerzo inteligente y tenaz una obra meritoria que todavía no ha sido reconocida cabalmente. Miles de republicanos, caídos en desgracia después de la cruenta y estéril lucha, fueron salvados de los campos de concentración de Francia por el hombre que se hallaba al frente del misión diplomática mexicana.
Bassols regresó a México a tratar con el general Cárdenas lo relativo al asilo de miles de españoles. Asistió a un consejo de ministros presidido por Cárdenas, en el cual Bassols, con excelentes razones humanas y políticas, defendió su opinión a favor de las víctimas del fascismo.
Más de 20 mil españoles republicanos encontraron refugio en nuestra patria. Por supuesto que al señalar la participación de Bassols en obra tan humanitaria y en consonancia con la noble tradición de nuestro linaje, no se debe desconocer el mérito del presidente Lázaro Cárdenas, ya que fue él quien dio la última palabra en este asunto.
La primera expedición colectiva llegó a Veracruz el 13 de junio de 1939, en el buque francés Sinaia, destinado hasta entonces al transporte de tropas, con mil 800 exiliados. Le siguieron las expediciones a México del Ipanema, con 900 refugiados, y la del Mexique, con dos mil 67. El Winnipeg, el Serpa Pinto y el Quanza también trajeron refugiados. Con anterioridad, un grupo de intelectuales españoles había viajado a Nueva York y de ahí por tren llegó a México. Otro barco con refugiados fue el Champlain, que chocó con una mina y naufragó a la salida de Marsella.
Pedro Garfias, a bordo del Sinaia, frente a Veracruz, escribió palabras llenas de emoción a su nueva patria: “...Y tú México libre, pueblo abierto/al ágil viento y a la luz del alba,/indios de clara estirpe, campesinos/con tierras, con simiente y con máquinas;/proletarios gigantes de anchas manos/que forjan el destino de la Patria./Pueblo libre de México:/como en otro tiempo, por la mar salada/te va un río español de sangre roja,/de generosa sangre desbordada./Pero eres tú esta vez quien nos conquistas,/y para siempre ¡Oh vieja y nueva España!”
A México llegaron en el vapor Mexique, que hizo la travesía de Burdeos a Veracruz, 455 niños. Precursores de la emigración masiva que siguió a la derrota de la República Española en 1939, este grupo quedaría en la historia de la emigración como los Niños de Morelia, por haber sido llevados a la capital del estado de Michoacán.
El 7 de junio de 1937 desembarcaron en Veracruz. En 14 vagones fueron trasladados el día 8 a la Ciudad de México, donde tuvieron un gran recibimiento en la hoy desaparecida Estación Colonia. Funcionaba entonces el Comité de Ayuda a los Niños del Pueblo Español, cuyo Comité de Honor lo encabezaba Amalia Solórzano de Cárdenas. El 16 de junio del mismo año este Comité hizo entrega, en Morelia y en el local ocupado por la Escuela Industrial España-México, de 451 niños, ya que dos se quedaron en Veracruz y otros dos en la ciudad de México. Fueron entregados a la responsabilidad del director de la escuela, José Lamberto Moreno, que los recibió a nombre de la Secretaría de Educación Pública.
La vida de estos niños estuvo llena de vicisitudes a medida que dejaban de ser niños, pero llamándose siempre Niños de Morelia. Algunos se hicieron mexicanos por nacimiento, a falta de papeles españoles; otros, con el tiempo, serían naturalizados mexicanos.
Uno de estos niños, Antonio Aranda, contaba: “La nuestra ha sido una lucha por la sobrevivencia. Después de Morelia, donde sólo estudiamos la primaria, fuimos a la secundaria a Zamora, y a Tepic, Nayarit. Hubo deserciones. Ahora todos nos agrupamos, vivimos conscientes, con una idea definida de nuestra situación. Nuestra vida empieza, en realidad, cuando llegamos a México.
“A poco de acabada la guerra llegó a México una comisión de la Cruz Roja Internacional, con reclamaciones de los padres que habían localizado a sus hijos, para volver. Pero el general Cárdenas, a quien tanto le debemos, no quiso autorizar ese regreso. Fue una buena medida, porque hubiéramos ido a España a pasar hambre. En uno de mis viajes, siendo ya adulto, encontré a un antiguo niño de Morelia, dedicado a hacer estraperlo (contrabando) de Algeciras a Madrid.
“Nos hemos criado en una forma especial de pensar. No sentimos el cariño que otros niños por sus padres. Los buscamos, eso sí, pero nos criamos sin ellos. Yo me traje a mi madre más tarde, pero por obligación. Yo notaba, por ejemplo, que el cariño de mi hermano para nuestra madre era diferente al mío, porque mi hermano se crió con ella.
“Nosotros estamos identificados con México para toda la vida. Agradecidos con México, con Cárdenas y con doña Amalia. México nos dio más que nosotros hayamos dado a México. Soy republicano de sentimiento, me considero de los republicanos emigrados, aunque nosotros no hemos tenido una liga orgánica grande a causa de que fuimos prácticamente abandonados, cuando las instituciones republicanas en el exilio tenían medios económicos. Pero, sí, somos como los que vinieron después, porque hemos salido de buena pasta.”
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