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05-Sep-2008
Juegos de Poder
Leo Zuckermann
Las protestas y la policía
ST. PAUL, Minnesota.- Conforme uno se acerca al Centro Xcel de esta ciudad, donde se lleva a cabo la Convención Republicana, se encuentra con gente que protesta por los esfuerzos bélicos de este país. A lo largo del periférico que llega al centro de esta capital, en los puentes peatonales, hay gente que despliega mantas que dicen “Paren de bombardear Irak/n”, “No más guerra”, “Paz hoy”.
Alrededor del Centro Xcel hay un perímetro de seguridad. Altas bardas custodiadas por la policía y la guardia nacional. Uniformados con rifles de asalto, vestidos con equipos antimotines y pastores alemanes. Pero afuera de esta fortaleza se reúnen los grupos de manifestantes. En su mayoría son jóvenes que están en contra de la guerra. Algunos se disfrazan. Destaca un payaso con zancos que reparte escritos de protesta y dos botargas que simulan unos cerditos. Sobre las banquetas, los manifestantes pintan, con gis, sus consignas políticas. Muchos portan pancartas. Uno agita una bandera que tiene las barras pero, en lugar de estrellas, trae el signo de “paz y amor”.
Hasta donde yo he visto, todo esto es tolerado por la policía mientras se mantengan afuera del perímetro de seguridad. Sin embargo, las fuerzas del orden actúan cuando los manifestantes tratan de traspasarlo. Ahí sí comienzan los golpes, gases y arrestos. He visto cómo la policía arresta a un par de mujeres pacifistas por cruzar la primera barrera de seguridad. No se tentaron el corazón. Un grupo de uniformados las sometió y esposó. Y no dejaron que la prensa se acercara a grabar la escena.
La policía tampoco duda con aquellos manifestantes que son más violentos. Una especie de robocops utiliza gas pimienta, proyectiles de espuma y gases lacrimógenos para dispersarlos. Hasta el miércoles había alrededor de trescientos manifestantes arrestados. De acuerdo a la radio pública estadunidense, varios periodistas que estaban reportando las protestas también fueron detenidos a pesar de que sólo estaban cumpliendo con su deber de informar.
Gracias a una nota aparecida ayer en The New York Times nos enteramos, también, que la acción de las fuerzas del orden comenzó desde antes de la Convención. El sheriff del condado de Ramsey infiltró a un grupo de anarquistas para conocer los planes que tenían para perturbar el desarrollo de la asamblea republicana. El fin de semana pasado, antes de que comenzara el evento, el sheriff arrestó a los ocho líderes de este grupo que, según las autoridades, pensaban cometer actos violentos “incluidos secuestros”. Se les consideró como un grupo de crimen organizado y se les levantó el cargo de conspiración “para cometer disturbios en segundo grado con fomento de terrorismo”. Podrían enfrentar una pena de hasta cinco años de prisión.
En fin, que no todo ha sido grandes discursos aderezados de un gran patriotismo en esta Convención Republicana. También ha habido varias protestas de un partido que tiene metido a este país en un par de guerras. Y la policía, que tolera ciertas manifestaciones de inconformidad, no se tienta el corazón cuando se trata de proteger la seguridad de los asistentes a la Convención y de la ciudadanía en general. Aquí sí hay límites. Pero, como han reconocido las mismas autoridades, también ha habido “daños colaterales”. Se han cometido excesos.
Para un defeño como yo, acostumbrado a la anarquía de manifestaciones cotidianas, resulta muy raro ver cómo la policía sí aplica la fuerza para mantener el orden público. En el Distrito Federal algo equivalente sería inmediatamente considerado como una gran represión por parte del Estado. Se convertiría en un escándalo mediático. Pero aquí, en St. Paul, que la policía haga su trabajo se ve como algo común y corriente. Le pregunto a un uniformado qué opina de estos operativos. Extrañado, me contesta: “Pues sólo estamos cumpliendo con nuestro deber”.
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