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04-Sep-2008
Mirada al mundo
Guadalupe González
Dilemas de seguridad en el Cáucaso
La situación por la que atraviesa el Cáucaso desde la acción militar de Georgia en las provincias separatistas de Osetia del Sur y Abjazia, que provocó la primera intervención armada unilateral rusa fuera de su territorio desde el fin de la guerra fría, se ha convertido en un verdadero nudo gordiano. Cada movimiento de los actores en el conflicto ha contribuido a tensar la cuerda, haciendo más difícil revertir la situación. Los saldos de esta corta guerra en un pequeño país de menos de cinco millones de habitantes van mucho más allá de los 100,000 desplazados identificados por el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y del aumento de fuerzas militares desplegadas en la zona.
El conflicto georgiano es una guerra limitada desde el punto de vista militar, pero de enormes consecuencias de largo alcance, tanto a nivel regional como internacional. En el ámbito regional, el gran perdedor ha sido Georgia y el vencedor la Federación Rusia. El presidente georgiano Saakashvili no sólo perdió parte del territorio de su país, sino que tampoco obtuvo el apoyo necesario de su principal aliado, Estados Unidos, para defenderlo frente a la invasión rusa y sí muchas críticas por parte de la opinión pública occidental por su “irresponsable” actuación frente a los separatistas osetios y azbajios. La Federación Rusa, por su parte, hasta ahora ha obtenido lo que deseaba —la independencia de facto de dos vecinos satélites— a un costo relativamente razonable (la condena retórica de la comunidad internacional sin represalias o sanciones concretas).
A nivel internacional, el conflicto en el Cáucaso marca el fin del statu quo de la post guerra fría y la aceleración de un proceso de reacomodo general de la geopolítica mundial que venía gestándose años atrás. Aunque muchos analistas hablan de una “nueva guerra fría” entre Rusia y Occidente, lo cierto es que asistimos a una situación inédita muy distinta a las realidades del viejo mundo bipolar. Los signos de esta nueva etapa en el sistema internacional son la multiplicación de centros de poder frente a la parálisis y la pérdida de prestigio por parte de Estados Unidos, la dificultad de la Unión Europea para articular una política exterior común, la consolidación de China como potencia económica global y el resurgimiento de Rusia como un poder regional revisionista cuyos alcances están aún por verse.
Otro aspecto nodal del actual proceso de reacomodo geopolítico es la falta de consenso entre los principales actores internacionales sobre las reglas y los principios normativos rectores del orden mundial. En casos como el de Georgia o el de Kosovo hay opiniones divergentes con respecto a qué debe privar, el principio de integridad territorial o el derecho de autodeterminación. Mientras que la Federación Rusa argumenta que actuó plenamente conforme al derecho internacional al enviar tropas a Georgia y reconocer la independencia de osetios y abjasios, el resto de la comunidad internacional condena la acción por ilegal.
Rusia ha dado muestras fehacientes de que no dará marcha atrás y el escenario más probable es que el conflicto georgiano se congele, es decir, se mantenga contenido sin una solución eficaz. Rusia enfrenta ahora el dilema de detenerse para consolidar lo ganado, o aprovechar la situación de fuerte apoyo interno y ausencia de sanciones internacionales para seguir avanzando en la recuperación de su zona de influencia inmediata.
Esta última opción tendría dos efectos contraproducentes para Rusia: en el frente externo, lanzaría a otros de sus vecinos —Ucrania— a los brazos de la OTAN y ahuyentaría a aliados potenciales, como China, que enfrentan presiones secesionistas dentro de su territorio. En casa, el riesgo sería que el mismo argumento que ahora Rusia enarbola a favor de Osetia y Abjasia, sea utilizado por sus enemigos internos en Chechenia a fin de lograr su separación. La moneda está en el aire y habrá que esperar para ver qué prevalece en el ánimo ruso: el realismo o el nacionalismo imperial.
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