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02-Sep-2008

Archivos del poder

Martín Moreno

Marcha: ni así entienden


La marcha contra la inseguridad —con algunos infaltables tintes de hipocresía y oportunismo— arrojó, de manera inmediata, una conclusión lamentable: los poderes tanto capitalinos como federales no sólo ignoran cómo deben responder al reclamo generalizado por mayor seguridad, sino muestran una patética visión con respecto a la relación autoridad-sociedad, que raya en la insensibilidad y en la mofa hacia la desgracia ciudadana.

¿Por qué lo decimos?

Por la actitud de soslayo al poder ciudadano que durante la marcha mostraron los jefes policiacos de la Ciudad de México; por la falta de respuesta que reflejan tanto el Presidente de la República como el jefe de Gobierno del DF. Por ese empecinamiento de mirar por encima del hombro las exigencias del verdadero poder que sustenta a los gobernantes: el poder popular.

Ofensivo resultó que, tanto el jefe de la policía capitalina, Manuel Mondragón, como el procurador de Justicia del DF, Miguel Mancera, se presentaran al inicio de la marcha trepados en potentes motocicletas, rodeados de guaruras y con aire de perdonavidas, lo que contrastó con las fuertes protestas ciudadanas, en una clara estampa de que hay un divorcio social entre quienes asistieron a la manifestación y sus autoridades.

Tanto Mondragón como Mancera tuvieron que huir ante el rechazo general, en medio de rechiflas y abucheos. Su escape fue un destello fiel de la ausencia de autoridad. Mondragón, envuelto en un impermeable, mientras a su alrededor miles soportaban la lluvia. No se nos vaya a mojar el jefe. Fue obligado a retirarse ante el repudio popular.

“Deberían patrullar a diario y no solamente frente a los medios”, le gritaron. “Cuando a mí me secuestraron, ningún policía estuvo para ayudarme”, le reprocharon. “Allá ellos”, fue la insensible respuesta de Mondragón durante su huida. Como si fuera necesaria su desafortunada frase. Los capitalinos ya saben que están solos en su lucha contra la inseguridad.

Al procurador Mancera le ocurrió lo mismo que a Mondragón: repulsa generalizada. ¿No le da vergüenza?, le preguntó la reportera de Grupo Imagen Yohali Reséndiz en medio de las protestas y las rechiflas. “No”, respondió tranquilamente el titular de la PGJDF. Se sabía: eso, la vergüenza, la ética, no es una característica común entre los gobernantes. Mancera, protegido por diez escoltas, huyó de inmediato.

Insensibilidad y medias verdades antes, durante y después de la marcha. Marcelo Ebrard anunció el domingo pasado que dará “todo el apoyo” a la familia de Nelson Vargas para recuperar a su hija secuestrada, Silvia Vargas Escalera, pero oculta al mismo tiempo un dato relevante y que lo debería llenar de vergüenza.

Cuando el plagio de Silvia aún no era público, fue Ebrard quien le recomendó a Nelson Vargas acudir al “negociador de secuestros” Ernesto Mendieta, para que se ocupara del caso, en una actitud tan comodina como irresponsable.

¿Por qué Ebrard no le ordenó al todavía procurador Rodolfo Félix que se hiciera cargo del asunto? ¿Por qué evadir la responsabilidad? ¿Qué mensaje manda el jefe de Gobierno del DF al recomendarle a un ciudadano ponerse en manos de un negociador, en vez de asumir una actitud de gobernante serio y responsable?

En el caso de Silvia Vargas, Ebrard está marcado por la negligencia. Debido a eso, su oferta de apoyar a la familia carece de validez y legitimidad.

Decepcionante la respuesta de Ebrard como tibia la actitud de Los Pinos. Al desafortunado derrapón bicicletero de Felipe Calderón que le provocó fractura de hombro, habrá que agregarle el derrapón político al no haber enviado un mensaje con motivo de su Segundo Informe de Gobierno.

De nada valió que, horas antes, se hubiera registrado la marcha ciudadana más numerosa, dolorosa e impactante de la historia nacional. De nada valió que millones esperaran una respuesta de quien se supone es el líder de este país: el Presidente de la República. De nada valió su obligación moral de intentar, al menos, definir el rumbo de la nación.

Nada. Al entierro del “Día del Presidente” se respondió con una serie de “infomerciales presidenciales” que de nada le sirvieron a los mexicanos.

¿O acaso alguien recuerda alguna frase o cifra de Calderón durante la transmisión de sus spots en horario estelar?

Por esa falta de liderazgo, el apoyo a Calderón va en caída libre. Consulta Mitofski reporta que el aval ciudadano a Calderón bajó, en el último año, de 66 a 59%; otras encuestas lo tienen con 62% de respaldo y ubican a la seguridad y a la economía como las áreas con mayores deficiencias.

No quisiéramos pensar que la fractura de hombro del Presidente fue la causa de que no hubiera aparecido en televisión con motivo de su Segundo Informe. Si la imagen estuvo por encima de su responsabilidad como estadista, mal andamos entonces. Encerrarse es mala señal.

Y, al final, la pregunta obligada: ¿Después de la marcha, qué sigue?

Archivo Confidencial… Desde esta columna nuestra más sincera condolencia a la familia de don Gilberto Rincón Gallardo, cuya valentía y congruencia contrastan con las hipocresías de hoy.

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