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22-Ago-2008
Consejería
Pedro Alonso
San Juan de la Cruz y el mercado
Las Bolsas de Valores de varias partes del mundo muestran en general comportamientos negativos. Las estadunidenses, medidas por sus índices principales (Dow Jones, S&P 500 y Nasdaq), después de una racha alcista durante julio y parte de agosto, empezaron a perder fuerza, saliéndose de su “canal de ascenso”, que no de su tendencia, que es a la baja. El mencionado canal de ascenso es un movimiento secundario que, por definición, es aquél que va en contra de la tendencia primaria y que la “salida” indicada, lo que sugiere es que el mercado retomará el sentido original de su tendencia primaria, en este caso, a la baja. Los mercados europeos tienen un comportamiento similar y el de Japón una baja importante desde junio, después de haber gozado de un rally alcista que inició en marzo. Por su parte, el Bovespa, el índice de Brasil, ha bajado, entre mayo y ahora, digamos que 30 por ciento.
¿Y el nuestro? Pues entre junio y el momento actual, ha bajado alrededor de 17%, y ahora se ha defendido bien en la región de los 26 mil 500 puntos y los 27 mil 500 puntos, que es la zona objetivo que había venido mencionando en Consejerías pasadas. La primera vez que hablé de esta zona fue en la Consejería del 12 de junio pasado, cuando el Índice de Precios y Cotizaciones (IPyC) nuestro estaba alrededor de los 30 mil 500 enteros y la idea de poner números a mis decires y percepciones no tienen otro objeto que ofrecer un parámetro que puede estar equivocado o no, pero sirve para armar una decisión con el fin de actuar, si no, de otra manera es como jugar póker con frijolitos. El análisis técnico, siendo un ejercicio intelectual interesante y divertido —lo es para mí—, tiene también una utilidad práctica. Si se decide usarlo o no, es cuestión de cada quien. Yo le digo lo que pienso y lo que haría, y usted, amigo lector, está en completa libertad y responsabilidad de tomarme en cuenta o no para hacer sus decisiones, si está involucrado en los mercados accionarios, especialmente el nuestro.
Prefiero hacerlo así, me siento más tranquilo conmigo mismo que si tomara la postura de “…la bolsa es una inversión de largo plazo”. Usted sabe lo que pienso con respecto a ello: es cierto, pero también sé que hay que tener una gestión activa, pues el tiempo por sí mismo no es una estrategia de inversión. Simplemente es la dimensión sobre la que discurre la estrategia de inversión por la que se opte. También pienso que el largo plazo es la suma de los cortos plazos y soy ferviente creyente de la sentencia keynesiana de: a largo plazo, todos estaremos muertos, que me permito matizar con la idea de que antes de estar muertos, es probable que seamos viejos, lo que también tiene que ver con el diseño e instrumentación de una estrategia de inversión.
Me cuesta trabajo, dado el contexto general, el comportamiento de la Bolsa Mexicana de Valores y mi percepción sobre ambos temas que se pueda decir, que ya está llegando a sus “mínimos” y que ya es momento de comprar. Y, además, que la “estrategia” sea comprar poco a poco y luego esperar unos años para ver qué pasa, bajo el supuesto de que los mercados siempre se recuperan, lo que hasta ahora ha sido cierto, como también es cierto que si uno define —lo que supone entenderse y entender lo que se hace en el mercado, como en cualquier terreno—lo que puede hacer, lo que quiere hacer y lo que espera, se está en buen camino de llegar al objetivo. Eso supone que uno pueda definir lo opuesto a lo dicho. ¿Recuerda la oración atribuida a san Juan de la Cruz? Se decía y se dice que él era filósofo, místico, poeta, religioso y hasta “santo”, dice:
“Señor, dame valor para cambiar lo que puedo cambiar, humildad para aceptar lo que no puedo cambiar y sabiduría para distinguir entre ambas cosas”, o algo así. San Juan de la Cruz , además de todo lo que se dice que era, también fue administrador de riesgos y manejador de portafolios, aunque él no lo supiera. Definir las restricciones es acotar los riesgos y, en consecuencia, operar mejor, al menos dentro de lo que uno puede hacer, además de hacerlo con más tranquilidad, toda vez que se ha admitido lo que uno es.
Desde luego que siempre hay tentaciones que desvían del camino. Pero de esas hablamos otro día. Por lo pronto, si ve al mercado muy difícil y piensa que el analista más cercano a su corazón y a su bolsillo, así como un servidor, no tenemos idea de lo que está pasando y no le ayudamos mucho, pues por lo menos hoy ya le sugerí qué hacer: repita la oración mencionada y ojalá (“quiera Dios —Alá, en árabe—) surta un buen efecto. Suerte.
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