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11-Ago-2008
CCPM
Colegio de Contadores Públicos de México A.C.
“Tecnología o no tecnología”
C.P.C. CARLOS BUENFIL GARCÍA *
Si bien a Shakespeare en su tiempo nunca se le hubiera ocurrido la frase “tecnología o no tecnología”, seguramente si viviera ahora y tuviera más de 40 años (bueno en algunos casos más de 30) y fuera un profesionista, la hubiera inventado.
La verdad es que el avance de la tecnología en los últimos 30 años ha sido vertiginoso y no sólo eso, sino que todavía más importante se ha aterrizado al mortal común (léase MP3, celular, PDAs, internet, entre otros artefactos). Pero, ¿por qué se le hubiera ocurrido hasta pasar los 30? Bueno dirán algunos, porque sería un signo de su época y claro que tendrían razón, seguramente porque a esa edad tendría que tomar una decisión importante, “o me adecuo a la tecnología o me hago obsoleto”.
Para todos los que nacieron a partir de finales de los años 80, las computadoras, los juegos de video, los celulares, la TV a color, por mencionar algunos, siempre han existido y debido a su temprano conocimiento tecnológico aceptan con facilidad los nuevos avances como los MP3 y los teléfonos inteligentes, mientras que nuestros abuelos nos piden que marquemos el celular y se pelean con el control remoto de cualquier aparato.
Si transportamos la situación anterior a la vida diaria de un profesionista (sobre todo independiente) resulta que quiera o no, ha empezado a usar esta tecnología aunque sea forzado por las circunstancias, sin darse cuenta de que si la acepta y la valora tiene instrumentos de trabajo muy valiosos, y lo más importante, muchas veces ya pagó por ellos y no los utiliza o ni siquiera sabe que los tiene.
Cuántas personas hay que tienen un teléfono celular de última generación porque el diseño está de moda, es bonito o el tamaño es práctico, pero ignoran que pueden enviar y recibir e-mails, que pueden llevar, revisar, editar y enviar documentos de trabajo; controlar gastos y agenda profesional y personal, hasta tener esparcimiento a través de música por MP3, video juegos, lectura de e-books o recordar a la familia en foto y video, todo en un teléfono inteligente que también nos puede comunicar a la pizzería preferida con el toque de un botón o dos.
Aunque parezca mentira, la mayor parte de los propietarios de teléfonos de última generación rara vez utilizan toda su capacidad, y ya pagaron por ella. Pero qué decir de aquellos que traen laptops de última generación o manejan las versiones recientes de Office, la situación es similar, gran parte del bagaje tecnológico por el que ya se pagó permanece desconocido para el usuario, cuando, estas herramientas combinadas con un teléfono inteligente pueden generar una oficina virtual que puede ser controlada en gran medida por el usuario en forma personal.
Poder llevar los mails en la computadora portátil y tenerlos a la mano sin conectarse a internet (POP3), o marcar desde ésta a través de sus contactos de la agenda electrónica (Outlook), o ni siquiera llevarla a un viaje, sólo basta tener en la red los documentos que se necesiten y bajarlos a una memoria USB en cualquier café internet o tener un control del activo fijo, clientes, productos, proyectos, etcétera (Access) o bien crear y dar mantenimiento a la página web personal (FrontPage), diseñar la papelería o promocionales (Publisher) o tener el control del presupuesto ya sea profesional o personal (Money).
Lo mencionado hasta este momento es lo más común y está disponible prácticamente gratis ya que se paga al adquirir el teléfono o la computadora de moda pensando más en el estatus o diseño que en la funcionalidad, pero si investigamos la gran cantidad de aplicaciones disponibles sólo para estos dos iconos tecnológicos (muchas de ellas ya incluidas o a precios accesibles o que se pagan con creces si se utilizan medianamente) veremos que su potencial como herramienta de un profesional es asombroso.
Esto nos lleva al comienzo: “somos” profesionales del siglo XXI o somos profesionales del siglo pasado (peyorativo y eso que fue hace sólo unos años) o lo que es peor “no lo somos”.
Podemos concluir que, en ambientes similares, el profesional que acepte y use la tecnología a su alcance podrá ser mejor que el que no. “Ser o no ser”, “tecnología o no tecnología”.
PD: Escaneenlo, pásenlo por un OCR, conviértanlo en un documento de texto, envíenlo por e-mail a sus conocidos y archívenlo (todo es gratis si tienen ya un multifuncional, una computadora y una conexión a internet (y lo tienen, ¿no?).
* El autor es integrante de la Comisión del Sector Empresarial del Colegio de Contadores Públicos de México (CCPM).
El artículo expresa la opinión del profesionista.
consulta.fiscal@colegiocpmexico.org.mx
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