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Archivos del poder
Martín Moreno
El DF, como Ciudad Gótica
Marcelo Ebrard, simplemente, ya no entiende de razones. No escucha a nadie. Se ha hundido en un marasmo político que está llevando a la Ciudad de México a una situación de descomposición social y de criminalidad de alto riesgo, que ya rebasa por completo la capacidad de respuesta del gobierno capitalino. El vacío de autoridad conduce al Distrito Federal al abismo. ¿Por qué lo decimos?
Porque ni aun con la muerte de Fernando Martí y de muchos otros secuestrados en el DF ni aun con la confirmación de que la Procuraduría General de Justicia capitalina es una cueva de secuestradores y encubridores del crimen ni aun con el regaño público del presidente Felipe Calderón y ni aun con la presión social en torno a su desempeño, con nada de todo esto, Ebrard ha podido estar a la altura de la máxima alerta que se vive en la capital del país y responder como el estadista que necesita esta ciudad.
La parálisis gubernamental es evidente. No hay capacidad de reacción. “Si estuviéramos más unidos el gobierno federal y autoridades estatales, en este caso del DF, seguramente ya hubiéramos avanzado mucho más en el camino de mejorar la calidad de la policía, particularmente en aquella ciudad (el DF)”, reprochó Calderón. “No es posible que estemos destinando recursos para realizar actividades que sólo dividen”.
¿Y cual fue la respuesta de Ebrard ante el reclamo presidencial pero, sobre todo, ante la indignación generalizada y la condena a vivir en una ciudad cuyos agentes judiciales son protectores de secuestradores y, en muchos casos, asesinos? Proteger su imagen ante el evidente fracaso de sus cuerpos de seguridad.
“Hay más coordinación entre la PGJDF y la PGR y entre las secretarías de Seguridad Pública local y federal, que la que a veces observamos entre las instancias federales”, fue la tibia respuesta de Ebrard la noche del martes pasado, cuando se vio a un jefe de Gobierno disminuido, sin fuerza en sus palabras y cada vez más solo.
Allí están las consecuencias de desconocer, por los caprichos y los resentimientos electorales de AMLO, al gobierno de Calderón y a sus instituciones. Quiérase o no, los resultados del majadero alejamiento de Ebrard con Los Pinos se reflejan ahora, de manera dolorosa, en la consolidada acción criminal que tiene de rodillas a millones en el DF.
A Ebrard le está ocurriendo algo letal para cualquier gobernante: cada día le creen menos. Su falta de credibilidad lo está marginando políticamente. Y eso es veneno puro para cualquiera que, como Marcelo, se aferre a ser candidato presidencial. El jefe de Gobierno del DF, día tras día, se debilita más y más. Desde la masacre del News Divine, con la putrefacción evidente de los cuerpos policiacos del DF y, ahora, con la muerte de Martí, Ebrard da muestras de estar en un camino sin retorno: la defenestración política. Pero lo de menos es lo que ocurra con Ebrard. Lo realmente importante es qué va a pasar con la aterrorizada y desvalida Ciudad de México. Como en las dos películas de la nueva saga de Batman, el DF es muy parecido a Ciudad Gótica: una metrópoli hundida en la desesperanza, flagelada por los criminales, desprotegida por policías corruptos y donde hay ausencia de autoridad. La diferencia es que, aquí, no existe un Bruce Wayne que la salve.
¿Cuál es el futuro del DF? Y también hay que preguntarnos si MarceloEbrard está en condiciones políticas, administrativas y de imagen para seguir gobernando o mal gobernando a una ciudad cuya criminalidad ya rebasó y, por mucho, la capacidad de respuesta del aparato policiaco capitalino.
Y, por otra parte, Ebrard está atrapado entre los intereses políticos y de futuro de AMLO, quien desde el primer día de gobierno lo obligó a no reconocer como tal al presidente Calderón y ello ha llevado a Marcelo a una desvinculación casi absoluta, en materia de seguridad, con el gobierno federal. ¿Los resultados? El fracaso absoluto del sistema de seguridad capitalino, con una policía preventiva represora, abusiva y a la que nadie respeta y una PGJDF controlada por policías delincuentes.
Es la consecuencia, aunque Ebrard y compañía lo nieguen, de gobernar bajo el dictado del caudillo, en beneficio de los grupos de interés amarillos y permitir que secuestren y paralicen a la ciudad cuando se les pega la gana, lo que contribuye al clima de ingobernabilidad, porque actúan también bajo el signo de la demagogia y el populismo, sin atender realmente los intereses de las mayorías capitalinas.
“¡Ya basta!”, claman millones de ciudadanos y no pocos periodistas y analistas. Un primer paso para iniciar ese ¡ya basta! sería realizar una consulta ciudadana con el fin de preguntarle a los capitalinos si están de acuerdo en que Ebrard continúe en el cargo, pero hecha por organizaciones autónomas y ajenas totalmente al PRD. Entonces, el Senado de la República, con facultades suficientes para remover al jefe de Gobierno del DF, podría considerar la remoción de Ebrard, ante la evidente incapacidad de la autoridad capitalina actual para garantizar la seguridad en la ciudad.
¿Complot? En este caso no operaría, como sí le funcionó a AMLO cuando se intentó aplicarle el desafuero durante el gobierno de Vicente Fox, en una maniobra tan burda como desaseada e inoportuna. La diferencia, ahora, es que el DF va directo al precipicio y es necesario aplicar una medida de emergencia. Y la diferencia también, ahora, es que si a Ebrard lo ponen en capilla los senadores, AMLO no movería un dedo para salvarlo. Cuestión de intereses políticos. Parece no haber otra salida si se quiere salvar al DF.
Archivos confidenciales… Christian Salmones, escolta de Fernando Martí, está vivo y será clave para el caso. Él sabe cuándo, cómo y quiénes secuestraron y asesinaron a Martí… Qué, ¿había secretario de Economía?
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