- España: el fin del olvido 11-Dic-2008 Los hombres y mujeres del presidente 04-Dic-2008 Venezuela: hacia un nuevo equilibrio 27-Nov-2008 La incansable diplomacia china 20-Nov-2008 Las voces cantantes del G-20 13-Nov-2008 El día después de la victoria 06-Nov-2008 Crisis financiera y migración 30-Oct-2008 Cuba: diplomacia pragmática 23-Oct-2008 Crisis financiera y poder mundial 16-Oct-2008 EU: mirando de reojo a América Latina 09-Oct-2008
24-Jul-2008
Mirada al mundo
Guadalupe González
¿Qué significa el declive de las FARC?
Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), la guerrilla más antigua y grande en América Latina, se encuentran en franco estado de descomposición. En los últimos seis meses han recibido una serie de golpes certeros tanto en el plano militar como en los frentes político y diplomático de los cuales les será muy difícil recuperarse. No es que este grupo armado esté derrotado, pero sí que está más aislado y dividido que nunca.
Primero, la muerte de varios de sus máximos dirigentes, en particular la de su líder moral, Manuel Marulanda Tirofijo, ha desarticulado casi por completo los siete frentes militares de la organización y desatado una intensa lucha por el control del liderazgo interno.
Segundo, la liberación de Ingrid Betancourt en un operativo militar de película por parte del gobierno de Uribe, ha dejado sin fichas de peso a la guerrilla en su estrategia de negociación política e intermediación de la comunidad internacional para el “canje humanitario” de rehenes.
Tercero, la sociedad colombiana ha salido en masa a la calle para repudiar la violencia y hacer un llamado a la guerrilla a dejar la vía armada.
Por último, el repliegue diplomático y logístico de sus principales aliados y simpatizantes a nivel regional, en particular del presidente Chávez, quien pasó de promover su reconocimiento como grupo beligerante a solicitarle abiertamente que deje las armas y libere a los secuestrados.
A pesar de todo esto, el camino para poner fin al conflicto armado que por 44 años ha tenido en jaque a la sociedad colombiana se ve aún largo y lleno de dificultades. La razón de esto es que las FARC en su caída no sólo se encuentran en un estado de confusión estratégica sino que, después de años de recurrir a prácticas delincuenciales como los secuestros y el tráfico de drogas, han perdido totalmente la legitimidad, el rumbo ideológico y la noción de cuáles son los objetivos que quiere alcanzar. Se trata de un momento sumamente delicado para el país, pues si bien es cierto que la descomposición de las FARC abre una oportunidad histórica para poner fin a la violencia, también lo es que una organización sin mandos claros, fracturada y desprestigiada bien podría reaccionar como un animal herido, dando golpes violentos en forma aislada en su intento por recuperar terreno.
Hasta ahora no ha habido una respuesta unificada por parte de la guerrilla a la nueva situación generada por el rescate de Ingrid Betancourt. Alfonso Cano, quien sucedió a Manuel Marulanda como líder del grupo armado, se ha mantenido en el más absoluto hermetismo. Hay rumores de que podría estarse gestando una revuelta en su contra y de que, en estos momentos de debilidad interna, difícilmente optará en el corto plazo por un diálogo con el gobierno que pudiera poner en riesgo su liderazgo. Hay fuertes divergencias al interior del secretariado guerrillero con respecto a si éste es el mejor momento para abrir el frente de la negociación en una situación de franca debilidad militar y política frente a un gobierno cuyo presidente ha alcanzado niveles récord de popularidad y aprobación del 92%.
Algunos sectores de la guerrilla sugieren esperar a que baje la burbuja de éxito que envuelve a Uribe o tomar la iniciativa a través de la liberación unilateral de algunos de los 700 secuestrados que aún se encuentran en sus manos como un gesto de apertura que pudiera generarle mayor espacio político. Los más radicales se oponen a ajustar sus estrategias de combate como indica la publicación por parte de la Agencia Bolivariana de Prensa de una carta de dos altos líderes de las FARC en las que se niegan rotundamente a dejar las armas, tan sólo dos días después de la marcha masiva del 20 de julio en la que la sociedad colombiana se pronunciara públicamente a favor de la paz.
Uno de los principales retos para la paz y la reconciliación social en Colombia es la propia fragmentación de la guerrilla y su incapacidad para coordinar una respuesta racional y consistente, su impotencia e inmovilidad. Esperemos que Ingrid Betancourt se equivoque en su apreciación de que “la guerrilla colombiana es autista”, pues, de ser así, difícilmente podrá cambiar su mentalidad y aprender a hacer política por la vía pacífica.
Envíanos tus opiniones y si quieres contar con todas las funcionalidades de comentarios como responder a los participantes, necesitas accesar tu cuenta en el LOGIN
Si eres NUEVO USUARIO, da click aquí para Registrarte.
Te recordamos que es GRATIS y tendrás acceso a todo el sitio del nuevo EXonline, entre otros beneficios.




