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01-Jul-2008
Juegos de Poder
Leo Zuckermann
¿Qué hacer con el subsidio a las gasolinas?
Quisiera clarificar ocho puntos con el afán de responder algunos de los comentarios que he recibido acerca de mi crítica al subsidio generalizado de las gasolinas:
1. Entiendo que el gobierno no está desembolsando miles de millones de pesos en efectivo para subsidiar a la gasolina. Acaso habrá un gasto mínimo por el petróleo que manda México a refinar al extranjero y regresa como gasolina. Sin embargo, el país sí está incurriendo en un costo de oportunidad enorme. Las gasolinas, como el petróleo, son bienes comercializables. En este sentido, todo el combustible que se vende acá podría ser exportado. México, en lugar de recibir 7.19 pesos por litro de Magna, lo que obtiene internamente, podría recibir fuera del país alrededor de 10.30 pesos. De hecho, por una cuestión contable, Pemex le vende al gobierno las gasolinas a precio internacional. De esta forma, el gobierno asume las pérdidas por el subsidio, lo cual se refleja en la cuenta del IEPS de las gasolinas que en el primer trimestre reportó una pérdida de 55 mil millones de pesos. Es una barbaridad de dinero que fundamentalmente beneficia a los más ricos que son los que poseen automóviles.
2. Si el gobierno vendiera en México las gasolinas a precio internacional podría utilizar el dinero para otros propósitos de justicia social o de gran rentabilidad económica como elevar las partidas que reciben en efectivo cinco millones de familias que viven en la pobreza, mejorar la calidad de los servicios de salud, becar a los estudiantes destacados, construir infraestructura o invertir en exploración petrolera.
3. El subsidio generalizado de las gasolinas tiene efectos perniciosos en la economía: distorsiona todo el sistema de precios relativos e incentiva el uso intensivo de vehículos que devoran una cantidad irracional de combustibles.
4. El gobierno subsidia a las gasolinas por razones políticas. No quiere que se incremente la inflación y con ello darle municiones a sus adversarios. Estamos, entonces, frente a una intervención política de la economía para mantener la popularidad del gobierno y su partido.
5. Si en vez de utilizar criterios políticos, el gobierno creyera en el mercado, debería incrementar el precio de las gasolinas como está ocurriendo en el mundo entero. Para comenzar debería aumentar el precio de la gasolina Premium, que utilizan los más ricos con sus motores sofisticados, al costo internacional. La gasolina Magna y el diesel tendrían que subir paulatinamente para evitar que el descontento social ponga en peligro la estabilidad del gobierno.
6. Parte del dinero extra que entraría a las arcas gubernamentales por este ajuste de precios tendría que utilizarse para subsidiar el transporte público. El gobierno implementaría así un subsidio focalizado que son los que mejor funcionan para ayudar a los más pobres.
7. El incremento de las gasolinas sí elevaría la inflación. De acuerdo con Javier Salas, funcionario del Banco de México, “en el eventual caso de que el combustible se elevara a diez pesos por litro, el incremento directo en el Índice Nacional de Precios al Consumidor sería de al menos 1.3947%” […] La inflación se elevaría de golpe a 6.42%”. Por su parte, el economista Rogelio Ramírez de la O calcula que la inflación se incrementaría entre 2 y 2.5 puntos porcentuales para posicionarse entre 7.5 y ocho por ciento.
8. Es mejor hacer este ajuste ahora que posponerlo. Porque va a llegar el día en que el rezago de lo que vale la gasolina en México con respecto al mundo sea tan alto que la distorsión en los precios relativos sea insostenible. Entre más tarde el gobierno, por cuestiones políticas, en eliminar un subsidio generalizado más será el costo económico para la sociedad. Mayor será el impacto inflacionario que hoy está artificialmente controlado. Aunque duela, es mejor extirpar un diente podrido que esperar a que se contaminen otros y se pierda más dentadura.
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