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28-Jun-2008

Pulso Internacional

Sergio Nudelstejer

Emergencia alimenticia


El informe anual sobre Perspectivas Agrícolas Mundiales, elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), dibuja un futuro preocupante y peligroso. Se anuncia que los precios de los alimentos se mantendrán muy altos en la próxima década. Serán los habitantes de los países menos desarrollados (muchos de ellos importadores netos de alimentos básicos) quienes pagarán la factura.

Lo que señala dicho informe es que los precios agrícolas, que ya se han duplicado en dos años, se mantendrían en la próxima década entre 20 y 80% más caros que en el periodo anterior, 1998-2007. Si se descuenta la inflación, los incrementos oscilarán entre 19 y 50 por ciento. El arroz y el azúcar subirán más de 30% (10%, si se tiene en cuenta la inflación), mientras el trigo, se considera, podrá encarecer 40%, la mitad, en precios reales.

Expertos en el tema han coincidido en que en el origen del problema está la demanda mundial de energía. Por un lado, el alza imparable del petróleo afecta a todo el proceso productivo. Por otro, la emergente industria de los biocarburantes y las medidas proteccionistas con las que los países ricos pretenden hacerla proteger, también incide en los precios de los alimentos.

En la actualidad, 850 millones de personas pasan hambre. Como es razonable, detrás de este serio fenómeno confluyen multitud de causas políticas y socioeconómicas. No obstante, ciertos factores de índole medioambiental, como el calentamiento global o la escasez de agua, están afectando decisivamente la lucha del ser humano por conseguir alimentos. Hasta 73% de la población mundial que vive por debajo del umbral de la pobreza habita en zonas rurales, donde la subsistencia depende directamente de lo que brote de la tierra.

La gestión eficaz de los recursos hidrológicos, un tema muy en boga este año, representa otra de las caras del hambre. Como tejido de la vida, el agua es indispensable para el desarrollo humano, desde su papel como generador de ecosistemas hasta su necesidad para irrigar los suelos de cultivo. Precisamente es la actividad agrícola, con 65% del volumen total, la mayor consumidora del agua en el mundo. Lamentablemente, las áreas donde la escasez del líquido es endémica, como África y Asia occidental, no suelen disponer de fondos para invertir en la tecnología necesaria para optimizar los sistemas de riego y canalización. Debido a las obsoletas estructuras de irrigación utilizadas en los países pobres, que llegan a desperdiciar 60% del líquido, la demanda ha crecido hasta límites insostenibles.

Otros de los serios problemas es el crecimiento demográfico. Se prevé que los 50 países más pobres del orbe triplicarán su población de aquí al año 2050, haciendo que 86.5% de la población viva en el lado menos desarrollado del mundo. Según el último informe del Fondo de Población de la ONU (UNFPA), éste revela que unas dos mil 800 millones de personas viven con menos de dos dólares diarios.

Ante esta visión, lo que el mundo necesita es una acción coordinada y comprometida por parte de la comunidad internacional, una respuesta global a esta catástrofe en desarrollo. Todos los indicios muestran que la crisis actual no será temporal, a menos que se tomen acciones globales firmes de inmediato, de otra manera, la crisis se profundizará y expandirá en otras direcciones.

Esta situación debe hacernos reflexionar sobre los errores de las políticas de desarrollo e impulsar a los países pobres y emergentes a potenciar sus economías.

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