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26-Jun-2008
Mirada al mundo
Guadalupe González
Europa y Cuba: diálogo en ciernes
La Unión Europea acaba de tomar la decisión de flexibilizar su posición hacia Cuba y ha levantado temporalmente las sanciones diplomáticas impuestas a la isla en 2003. La razón es que se percibe que el relevo de Fidel Castro por su hermano Raúl y el fin de la administración de Bush abren una ventana de oportunidad favorable al cambio político que es necesario aprovechar e impulsar. El principal responsable de este nuevo giro de la diplomacia europea es el gobierno de Zapatero en España, quien espera jugar el papel de puente e intermediario entre La Habana y la comunidad internacional y de fuente de inversión cuando llegue el momento decisivo de la transición cubana.
Hay enormes dudas, sin embargo, de que la “mano tendida” de Europa a Cuba vaya a hacer alguna diferencia importante en la compleja situación política por la que atraviesa ese país. Lo cierto es que la medida es de carácter esencialmente simbólico y carece de impacto real, pues no implica ninguna ventaja económica concreta para Cuba. Lo que significa en términos simples y llanos es el restablecimiento del diálogo político y las visitas e intercambios diplomáticos de alto nivel. Es poco, muy poco para un país con grandes deficiencias en materia de consumo de productos básicos (Cuba importa alrededor de 84 % de los alimentos que consume) y energía. Visto así, el levantamiento de las sanciones diplomáticas es un asunto menor frente a los recursos que llegan de otros países “amigos” del régimen cubano, como Venezuela.
Hasta ahora, los resultados de la nueva estrategia europea de diálogo con Cuba no han sido los esperados. Por un lado, la medida ha generado una profunda preocupación entre la disidencia interna, pues la consideran un espaldarazo al gobierno de Raúl Castro que puede tener exactamente el efecto contrario de afianzar y legitimar a los sectores más duros del establishment cubano en el poder, retrasando así cualquier posibilidad de apertura real en la isla. Sólo los sectores más moderados creen que se trata de una medida que reduce los pretextos del gobierno cubano para seguir desconociendo los llamados de atención sobre la situación de los derechos humanos y el trato a la oposición política.
Por el otro lado, la respuesta del gobierno cubano ha sido un tanto fría, ambigua y hasta descortés. A la fecha, no ha habido una respuesta oficial, pero sí muestras claras de que existen diferencias en el interior de la cúpula del gobierno cubano con respecto a cómo manejar la relación con Europa. Desde su trinchera periodística y en su calidad de líder moral, Fidel ha lanzado fuertes críticas a la “hipocresía” de los europeos, mientras que el canciller Pérez Roque ha calificado a la medida europea como “un paso en la dirección correcta”. Raúl, por su parte, guarda silencio, pero da muestras de dureza política al autorizar la detención de siete opositores.
Todo esto ha provocado cierto desconcierto en Europa, pues no resulta nada sencillo leer correctamente lo que sucede en Cuba. Es claro que, al menos en el terreno económico, el gobierno de Raúl Castro está apostando fuertemente a la necesidad de introducir cambios que permitan dar cierto aire a la economía cubana y reducir las fuentes de descontento social. Durante los primeros 100 días como presidente constitucional de Cuba, Raúl ha dado muestras de ser un líder pragmático que busca construir una imagen propia distinta a la de su hermano Fidel. Su estrategia ha consistido en eliminar algunas prohibiciones tan impopulares como irracionales. Ahora se permite la libre compraventa de teléfonos celulares, computadoras, DVD, y otros aparatos electrónicos, así como el alojamiento en hoteles y la población espera ansiosa la posibilidad de que se flexibilicen las restricciones para viajar y salir del país.
¿Qué tanta diferencia hacen estos cambios? ¿Es posible un diálogo político constructivo entre Cuba y Europa? Habrá que esperar, pero mientras el gobierno cubano no se abra a la posibilidad de que los actores internacionales puedan tener un contacto libre y directo con la oposición, los cambios pueden ser simplemente para mantener al régimen igual, pero funcionando.
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