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12-Jun-2008

Mirada al mundo

Guadalupe González

América Latina: fuera del radar


En la trama de la competencia electoral por la presidencia de Estados Unidos, América Latina ha estado prácticamente ausente y no hay señales de que esto vaya a cambiar en los próximos seis meses.

De hecho, el interés por asuntos de política exterior tan visibles como la guerra en Irak ha venido decayendo a medida que asuntos más urgentes como la débil situación económica nacional se han movido al centro de las preocupaciones del electorado estadunidense. Los ciudadanos de ese país no muestran ningún entusiasmo por sostener una política internacional muy activa, y mucho menos algún interés especial por lo que sucede en su zona de influencia natural al sur de su frontera.

Dentro del círculo rojo de los tomadores de decisión en la administración Bush y de los contendientes en la carrera presidencial, tampoco existen razones para prestar atención a América Latina. Fuera de algunas menciones ocasionales a ciertos países como México y Cuba o a temas específicos como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y la inmigración, no hay indicios de que pudiera estarse cocinando un cambio en la tradicional indiferencia estadunidense hacia América Latina.

La historia muestra que EU vuelve la mirada al sur cuando hay problemas o situaciones críticas en la región pero que, una vez pasado el sentido de urgencia, le resulta muy difícil desplegar en forma consistente y sostenida una atención constructiva para invertirle recursos suficientes a la tarea de fincar una asociación sólida con sus vecinos. Como bien ilustra la famosa frase del “patio trasero”, AL ha estado casi siempre en la periferia de las preocupaciones de política exterior de EU y, cuando no lo ha estado, ha sido por las malas razones.

Así, el saldo más negativo de las dos administraciones del presidente Bush en las relaciones interamericanas ha sido la pérdida de credibilidad en la posibilidad de que Estados Unidos pueda interesarse por las buenas en América Latina. Bush, con su obsesión por el combate al terrorismo y su diplomacia unilateral, dejó pasar una oportunidad de oro – la etapa de mayor estabilidad democrática y económica en la región- para romper con el péndulo histórico de intromisión negativa e indiferencia que ha caracterizado siempre a la política estadunidense en el hemisferio.

El hecho de que el Congreso estadunidense a la fecha no haya ratificado aún el tratado de libre comercio con Colombia, su principal y más cercano aliado en el combate al narcotráfico en la región, es leído por muchos latinoamericanos como la prueba fehaciente de que no existen condiciones para un trato especial y un papel constructivo por parte de Estados Unidos. La desilusión latinoamericana por las promesas no cumplidas del recetario estadunidense del llamado Consenso de Washington, se ha traducido en un claro distanciamiento y en el resurgimiento del nacionalismo antinorteamericano en muchos países de la región.

Sin embargo, el hecho de que Bush haya estado ocupado en otras cosas, ha tenido algunas consecuencias positivas para la región. EU ha seguido una diplomacia cautelosa y prudente frente al caprichoso comportamiento de la Venezuela de Chávez, lo que ha evitado una espiral de escalamiento de las fuentes de conflicto en la región. Frente al diferendo entre Colombia, Ecuador y Venezuela por la intervención militar colombiana en contra de un campamento de las FARC en territorio ecuatoriano, Estados Unidos ha optado por apoyar las gestiones multilaterales en el seno de la OEA y ha evitado asumir iniciativas unilaterales. Los espacios económicos abiertos por la indiferencia estadunidense hacia la región han permitido que otros actores, como China, España y Brasil, amplíen su presencia como fuentes de inversión y comercio.

En Estados Unidos hay quienes están preocupados por esta situación y están llamando a la necesidad de que el próximo presidente, sea demócrata o republicano, revise seriamente la política hacia la región. Un grupo de trabajo independiente del Council on Foreign Relations, el foro con mayor influencia en el debate sobre política exterior en ese país, acaba de publicar un informe en el que alerta a los formuladores de políticas en Washington de que “la era de la hegemonía estadunidense en América Latina ha llegado a su fin”. En caso de que esto fuera cierto, los latinoamericanos tendrían que empezar a aprender a vivir sin EU.

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