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05-Jun-2008
Vida nacional
Pablo Hiriart
Eriksson, petróleo y educación
Las críticas al nombramiento de Sven Göran Eriksson como nuevo entrenador de la Selección Mexicana de Futbol tienen una raíz común: el estratega sueco no conoce “la idiosincrasia” del futbolista mexicano.
Ese es el argumento para descalificar a un técnico de primer nivel en el futbol mundial.
Seguramente Ericksson no conocía la idiosincrasia de los futbolistas ingleses, pero dirigió a la Selección de los inventores del futbol en dos campeonatos mundiales.
Tampoco conocía la idiosincrasia de los portugueses ni de los italianos, cuando fue entrenador en esos países, que están en el primer mundo futbolístico.
Carlos Salcido, el extraordinario zaguero jalisciense, ¿conocía la idiosincrasia de los holandeses, como para integrarse al equipo con el cual ha conquistado dos títulos de liga consecutivos en ese país?
Lo mismo se puede decir de Ricardo Osorio y Pável Pardo en Alemania o de Rafael Márquez cuando se enroló en el conjunto del Principado de Mónaco y salió campeón con ese equipo.
Los entrenadores de esos jugadores mexicanos que triunfan en Europa, ¿conocían su idiosincrasia?
¿De veras somos tan especiales los mexicanos como para que el entrenador del equipo de futbol deba conocer nuestra idiosincrasia?
El problema puede ser más complejo de lo que parece, pues no se limita al terreno deportivo.
Se han dado múltiples ejemplos de cómo los países petroleros, sin importar cuál sea la ideología que los gobierna, se asocian con otras empresas de la nacionalidad que sea, para obtener más petróleo a menor costo.
Aquí no queremos ni siquiera asociarnos con empresas privadas para producir gasolinas en México y perdemos miles de millones de dólares al año al comprarla a empresas privadas… en el extranjero.
¿Por qué no hacemos lo que económicamente sea más rentable para los mexicanos?
Porque, dicen, la relación histórica del mexicano con el petróleo no se puede comparar con la de otras naciones.
¿Y eso qué?
Brasil, un país con presidente socialista, tiene una empresa petrolera en la cual hay capital privado, cotiza en bolsa, se asocia con quien le convenga con el fin de obtener más dinero para la economía brasileña, y funciona muy bien.
Cuba, país comunista, no invierte ni se endeuda para extraer petróleo de sus fondo marinos: empresas privadas hacen el gasto y, de lo que encuentren, 50% es para los cubanos y 50% para quienes arriesgaron su capital, pusieron la tecnología y realizaron el trabajo.
Los países capitalistas, ni se diga.
Hay una coincidencia en todos, menos en el caso de México.
Para nosotros, dicen algunos, el petróleo es diferente de lo que es para los demás países.
Seguramente así es, pero la diferencia no puede ser tal que nos impida explotarlo de la mejor manera en beneficio de los mexicanos.
¿Tan diferentes y especiales somos?
En el tema de la educación ocurre lo mismo.
El subsecretario de Educación Básica, Fernando González Sánchez —yerno de la profesora Gordillo, para más señas—, dijo hace poco más de un año que él no creía en las pruebas PISA que aplica la OCDE, porque son ajenas a la idiosincrasia de los niños mexicanos.
Claro, ocupamos el último lugar de todos los países que aplican esa prueba y, aún peor: en la ampliada, quedamos debajo de naciones del África subsahariana.
La mitad de nuestros niños no puede comprender la lectura de un texto y la mitad no puede resolver una operación simple de matemáticas.
Pero el subsecretario de Educación Básica dice que es un problema de las pruebas, que no se acercan a la realidad de los niños de México.
Otra vez, un problema de “idiosincrasia”.
¿Tan diferentes y especiales somos?
¿O es el pretexto de algunos, de una minoría derrotista, que se asume como tutora de la idiosincrasia nacional para justificar su mediocridad?
Cuidado, puede ser esto último.
Así es que, bienvenido señor Sven Göran Ericksson. Muy bienvenido, con la única condición de que haga bien su trabajo.
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