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05-Jun-2008
Mirada al mundo
Guadalupe González
Obama: “¿Sí se puede?”
La carrera electoral entre Barak Obama y John McCain por la presidencia de Estados Unidos da inicio con un empate técnico. De acuerdo con el último promedio de encuestas nacionales que publica Real Clear Politics, las preferencias electorales se distribuyen de la siguiente manera: 46.6% a favor de Obama y 45.2% de McCain.
Es claro, pues, que ninguno de los candidatos la tiene fácil. El principal reto inmediato del candidato demócrata será restaurar la dañada unidad de su partido después de la intensa y larga lucha interna por la nominación. Por su parte, el candidato republicano se enfrentará a la difícil tarea de armar una campaña creíble como candidato del cambio a sus 72 años de edad, y deslindarse de la administración del presidente Bush sin perder al sector más conservador de su partido.
Un dato clave para el candidato demócrata será la reacción que tendrán los casi 18 millones de seguidores de Hillary Clinton, a quienes la desilusión por la derrota de su candidata, los temores que les produce el perfil racial y religioso de Obama o sus diferencias ideológicas, bien podría llevarlos a optar por abstenerse de participar en las próximas elecciones de noviembre, debilitando así las posibilidades de que su propio partido pueda conquistar la Casa Blanca.
Un aspecto de carácter coyuntural que podría favorecer a Obama, en el caso de una división en su propio partido, es que los asuntos de política exterior, precisamente aquellos en los que el candidato demócrata tiene su flanco más débil, han venido perdiendo peso. La guerra en Irak, donde Estados Unidos tiene desplegados alrededor de 200 mil hombres, ha dejado de ser la preocupación número uno de los estadunidenses y ha sido desplazada a un segundo lugar por la ansiedad que provoca la situación económica ante el alza de los precios de la gasolina y los alimentos.
Más allá de la coyuntura inmediata, conviene mirar las tendencias de largo plazo en el comportamiento electoral de los estadunidenses. Aquí encontramos dos factores que podrían favorecer a Obama. Los datos más recientes del Pew Research Center muestran que, en el último año, la imagen general de los demócratas ha mejorado en forma notable: el 57% de los estadunidenses tiene una opinión favorable del Partido Demócrata, 6 puntos porcentuales más que en julio de 2007. Mientras tanto, la imagen favorable del Partido Republicano se ha mantenido en sus niveles históricos (39%) y hay indicios de cierto descontento entre sus bases más conservadoras donde la opinión favorable de su partido cayó en un 10%.
La segunda tendencia favorable al candidato demócrata es la ampliación de la brecha política generacional que se observa desde 2004. Los electores jóvenes entre 18 y 29 años han tendido en forma consistente a alinearse cada vez más con el Partido Demócrata. Este sector de la población también se inclina por un cambio en la manera de hacer política y en la composición de la élite en el poder y encuentra en Obama una buena oportunidad para movilizarse.
No sorprende entonces el hecho de que los jóvenes hayan votado masivamente por Obama en 28 de los 32 estados donde se realizaron encuestas de salida en las primarias. En contraste, el desempeño de Clinton fue notablemente mejor entre el electorado mayor de 65 años: los adultos mayores votaron en las primarias abrumadoramente a favor de Clinton en 26 estados. En la mayoría de los estados —salvo Connecticut, Illinois y Virginia— los hispanos votaron masivamente por Clinton durante las pasadas primarias.
Al conocer su derrota, la senadora Clinton hizo un rápido balance y decidió lanzar un claro mensaje a Obama de que su amplia base electoral y la unidad del partido demócrata bien valen la vicepresidencia.
Para los demócratas, la “fórmula mágica” Obama-Clinton plantea ventajas y riesgos en su dura travesía hacia la Casa Blanca. La decisión la tiene ahora el primer candidato afroamericano a la presidencia en la historia de Estados Unidos y tendrá que tomarla muy pronto, antes de que su rival saque ventaja de las fisuras al interior del bando demócrata.
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