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24-May-2008
Pulso Internacional
Sergio Nudelstejer
China-Birmania, mar de dolor
Hemos sido testigos de cómo en sólo dos semanas la naturaleza ha castigado al continente asiático con dos grandes catástrofes: los terremotos en el sur de China y el devastador ciclón en Myanmar, antes Birmania, con un doloroso balance de muertos, damnificados y desaparecidos, áreas ampliamente devastadas y seria penuria en alimentos. El comportamiento de ambas naciones también ha sido muy distinto: diligente en el caso chino; cruel en el birmano, cuya Junta Militar obstaculizó la llegada de personal de la Organización de las Naciones Unidas, Organizaciones No Gubernamentales y gobiernos extranjeros para canalizar la ayuda humanitaria.
Ha sorprendido cómo China —dentro del desarrollo del caso— ha mostrado un llamativo cambio de actitud del gobierno de Pekín a diferencia de lo que venía siendo habitual en sus últimos comportamientos —la reciente represión en el Tíbet o su habilidad en ocultar la falta de libertad de expresión y deficiente respeto por los derechos humanos, así como lo ocurrido hace cinco años con la epidemia de SARS—, cuando el silencio, la falta de información por parte de China puso en peligro la salud de los países vecinos.
Pese a que en un primer momento China rechazó la ayuda del exterior, tres días después del terremoto sí permitió que grupos de rescate procedentes de Japón y Taiwán accedieran a las zonas más afectadas, gesto que sin lugar a dudas habrá permitido salvar numerosas vidas, sin que por ello nadie tenga que interpretar que se vea dañada la dignidad de una nación o de un gobierno, por poderoso que sea.
Sería verdaderamente paradójico el hecho de que un suceso tan tremendo y negativo como ha sido el terremoto llegara a servir como punto de partida para que un gobierno como el de China comenzara a levantar sus restricciones sobre el derecho a la información y concediera en adelante la importancia que merecen tanto la dignidad de las personas y los derechos humanos de su propio pueblo como de los vecinos. Al mismo tiempo, pretende demostrar que Pekín está preparado para cualquier eventualidad de cara a los Juegos Olímpicos del próximo agosto.
La presencia tanto del presidente Hu Jintao como la del primer ministro Wen Jiabao visitando las zonas dañadas y ofreciendo aliento a los damnificados, señala que los líderes chinos han querido mostrar que tienen la situación bajo control, y legitimarse de paso.
Una señal de ello podría ser el hecho de que por primera vez en su historia, China ha permitido la entrada en su territorio, en un caso de desastre, de equipos de rescate extranjeros. En estos momentos, el conflictivo recorrido de la antorcha olímpica y los Juegos han pasado a un segundo plano ante las consecuencias del terremoto.
Al mismo tiempo, pretende demostrar que Pekín está preparado para cualquier eventualidad de cara a los Juegos Olímpicos
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