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13-May-2008
Desde cabina
Martín Espinosa
Sin educación
Un pueblo sin educación está condenado al rezago permanente en todos los órdenes de su desarrollo. Y eso es lo que le ha sucedido a México en los últimos años. Basta echar un vistazo a las cifras mundiales en materia educativa para darnos cuenta de que pactos van, pactos vienen y, en lugar de mejorar, el sistema educativo muestra cada vez mayor agotamiento frente al excesivo, insultante, deterioro de la calidad de vida de las familias.
Aun cuando México es de los países que más dinero gastan en el sector educativo, esta inversión no se refleja en los resultados obtenidos en las evaluaciones internacionales. Actualmente, 95% del presupuesto total que destina el gobierno a este rubro es utilizado para el pago de maestros y de la nómina burocrática del sector.
El Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés), que promueve y coordina la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), tiene como propósito principal evaluar en qué medida los estudiantes de 15 años han adquirido conocimientos y habilidades esenciales para participar plenamente en la sociedad y hasta qué punto son capaces de utilizarlos con el fin de enfrentar los retos de la vida real. Las materias a revisión se dividen en tres: lectura, matemáticas y ciencias.
Los resultados para México han sido desastrosos en las tres pruebas que se han hecho desde el año 2000 y hasta 2006. De un máximo de seis niveles, siendo el sexto el más alto, los jóvenes de nuestro país resultaron, en alrededor de la mitad de la muestra evaluada, en apenas un nivel dos, lo que significa que 50% no está preparado con miras a una vida fructífera en la sociedad actual.
También se determina que México tiene pocos estudiantes en los niveles cinco y seis, lo cual revela que los alumnos de mejores resultados no están desarrollando las competencias requeridas para ocupar puestos de alto nivel en los diversos ámbitos de la sociedad.
En relación con los estados, el estudio muestra un claro contraste entre el Distrito Federal y algunas entidades del centro y el norte de país (Nuevo León, Querétaro y Aguascalientes), que tienen mejores resultados, frente a entidades cuyo menor desarrollo general es conocido y concentran elevadas proporciones de población rural e indígena, como las del sureste.
El próximo jueves será el Día del Maestro y, para no variar, el gobierno anunciará el enésimo acuerdo con miras a tratar de elevar la calidad educativa del país. Recuerdo que el último que anunció una administración fue en agosto de 2002, cuando, con “bombo y platillos”, el entonces presidente Vicente Fox firmó como testigo el Compromiso Social por la Calidad de la Educación, que impulsaron la SEP y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), propiedad de “la maestra” Elba Esther Gordillo.
De lo ahí firmado ya casi nadie se acuerda. Dicho acuerdo contemplaba el impulso de una nueva “cultura laboral” de las formas de organización y gestión escolar; el apoyo a acciones para alentar la capacitación permanente del magisterio. Se acordó “incidir” en el fortalecimiento de los perfiles de los docentes, directores, supervisores y jefes de sector. Impulsar que las plazas se otorguen mediante exámenes de ingreso al servicio, así como que las promociones de docentes y directores serían por medio de concursos de oposición.
De todo lo anterior no se logró nada. Hoy estamos en vísperas de un nuevo anuncio entre la “eterna lideresa del magisterio” y las nuevas autoridades educativas. Termino con lo que los organizadores de la prueba PISA concluyeron del estudio sobre México. Los tres aspectos clave que mostraron los países exitosos en materia educativa fueron: la existencia de una sociedad más exigente y participativa; sistemas fuertes de apoyo para la formación de docentes y directivos, y —tercero— la autonomía escolar de sistemas de monitoreo y rendición de cuentas que apoyen logros y premien desempeños, es decir, que haya consecuencias de los resultados obtenidos.
Agregaría una más como resultado del análisis de los últimos años: mientras los gobiernos, actual y subsecuentes, sigan “apoyando” y “consecuentando” a líderes sindicales que se han enriquecido con dinero público, nunca, pero nunca, rendirán frutos las buenas intenciones y, sobre todo, el esfuerzo de miles de maestros de verdad que todos los días dan lo mejor de sí para tener niños y jóvenes mejor preparados.
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