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29-Abr-2008
Nudo Gordiano
Yuriria Sierra
Es el góber piadoso…y le vale madre
ue digan lo que quieran, que hablen y rumoren, que critiquen y juzguen; nada le importa porque, a él: le vale madres. ¿Alguna objeción?
El bien ponderado y poco tímido gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez, el góber piadoso, se aventó otra más de sus frases, de esas que al día siguiente se convierten en tono para celular, y esta no fue la excepción. Aunque ya habíamos conocido el alcance de su lógica y vocabulario cuando el año pasado dijo que promover el uso del condón era lo mismo que entregar un six de cerveza y darle a los jóvenes un vale para el hotel, declaración a todas luces descabellada, remató aquella vez agregando que los únicos a quienes sí deben entregar condones es a los homosexuales, pues ellos, más que nadie, corren el riesgo de contraer el VIH. Este episodio lo mandó directo al almanaque de frases ridículas, aunque, para él, es su manera de irse ganado el cielo.
Y desde hace unas semanas se hablaba de las cerca de cinco mil denuncias que ciudadanos jaliscienses levantaron en la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Jalisco debido a la donación que el gobernador hizo, con dinero del erario por supuesto, de casi 90 millones de pesos que se fueron directito a la construcción de un santuario cristero en Tlaquepaque.
Y, ante los cuestionamientos de este hecho, él se encargó de decir que a pesar de tener poco tiempo en su cargo (y haberla regado tantas veces), sabe lo que el estado necesita y su postura ante las objeciones pues fue un simple: “Me valen madre.”
Pero como el camino al cielo es largo y hay que ganárselo con creces, en el mismo evento donde esbozó esa mexicanísima frase, hizo pública la donación, también con dinero proveniente del erario, de cerca de 15 millones de pesos o, en sus palabras: “Un pinche papelito”, refiriéndose al cheque, por supuesto; esto, con la intención de apoyar al Banco Diocesano de Alimentos.
En todo momento, como se ve en cada una de sus presentaciones, hizo referencia a su amistad con Juan Sandoval Íñiguez, arzobispo de Guadalajara, a quien siempre le da la mano (o una botella, dicen por ahí, o un cheque, por lo visto). Con la intención de conservar su amistad y, por supuesto, para que interceda por él, ante quien tenga que hacerlo, con el fin de que el cielo lo reciba y no lo mande a donde nos ha mandado a todos.
Estas declaraciones son desafortunadas, risibles e ilógicas, no sólo porque ofenden la libertad de aquellos ciudadanos que piden una explicación, más que del dinero, de las prioridades de un gobernante que parece más preocupado en pagar un diezmo (millonario) que por atender las necesidades del pueblo que lo llevó a su puesto.
Y como el derecho de réplica no se puede negar, los ciudadanos le respondieron con un: “Si Juárez viviera, qué chinga les pusiera”, cita dedicada al góber piadoso y a Juan Sandoval, aunque suponemos que los ciudadanos que osaron contestarle ya estarán haciendo sus maletas, porque sabemos a dónde, derechito, los va a mandar.
Y no sabemos si la macrolimosna le abra a Emilio González Márquez las puertas del cielo; tal vez hasta San Pedro ya considere que más deberían abrírsele las puertas… pero del penal.
Q
González Márquez se aventó otra más de sus frases, de esas que al día siguiente se convierten en tono de celular.
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