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31-Ene-2008

Archivos del poder

Martín Moreno

PRD, ¿otra vez descarrilado?


El rencor político del ala dura del PRD, encabezada por Andrés Manuel López Obrador, y su empecinamiento en rechazar cualquier relación con el “gobierno espurio” de Felipe Calderón, amenazan con dejar fuera al partido amarillo, una vez más, de negociaciones clave para el país, como la del nombramiento de tres nuevos consejeros del Instituto Federal Electoral y la estratégica reforma al sector energético.

La insistencia de AMLO por instalar en la presidencia del IFE al ministro Genaro Góngora Pimentel, así como la anunciada y confusa huelga legislativa del Frente Amplio Progresista (FAP) cuando llegue el momento de discutir la reforma energética, han puesto de cabeza a los líderes parlamentarios del PRD, tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados.

Y es que el riesgo es grande. Ese partido, como ocurrió durante la elección de Luis Carlos Ugalde en el IFE, podría quedarse fuera de las negociaciones, por un capricho que responde, más que a una convicción política, a un interés de grupo.

Ayer fue el capricho de Pablo Gómez. Hoy es el de AMLO.

“Podríamos elegir el 7 de febrero a los nuevos consejeros, con o sin el PRD”, declaró ayer el coordinador de los diputados del PRI, Emilio Gamboa. Es decir: la posibilidad de excluir a los perredistas ya se está planteando. Malo para el PRD, pero aún más grave en cuanto al equilibrio político del país.

¿Por qué? Porque si el nombramiento del nuevo presidente del IFE ocurre sin el aval del PRD se le daría el pretexto perfecto a AMLO, a quien sea el próximo dirigente nacional —Jesús Ortega o Alejandro Encinas, a los diputados y senadores amarillos y a los gobernadores, para no reconocer al sucesor de Ugalde y tacharlo también de espurio o de pelele del PAN y del PRI, en lo que significaría una batalla política interminable, desgastante para todos y que pondría en la vía del descarrilamento al proceso electoral intermedio de 2009 y al presidencial de 2012.

Casi nada.

México, nuevamente, en un escenario de alto riesgo: ubicado entre el desconocimiento de sus autoridades electorales y la inestabilidad política. Una película que ya vimos y, al menos la mayoría, ya no desea verla.

Sin embargo, a muchos les convendría un escenario de caos político que podría llevar a una severa crisis de gobernabilidad. A eso le apuestan: al fracaso de Calderón, aunque en el movimiento hagan pedazos la viabilidad política del país y la posibilidad de que la incipiente y cada vez más lenta transición política mexicana llegue a consolidarse.

Con el PRD fuera de las negociaciones para nombrar a los tres nuevos consejeros del IFE, aun con la bendición del PAN y del PRI, volveríamos a poner de rodillas a la autoridad electoral que, seguramente, ya no aguantaría otra crisis, reventaría al IFE como tal y obligaría, no sólo a los partidos, sino a la sociedad en general, incluidos universidades, intelectuales, fuerzas políticas y medios, entre otros factores de poder, a reconstruir lo que tanto trabajo costó levantar: una autoridad electoral confiable y respetada. Sería volver a empezar de cero. Y todo por un capricho. Pero AMLO se ha empecinado en que Góngora Pimentel sea su presidente del IFE, y de nadie más.

Riesgo real de que el PRD quede fuera de las negociaciones del IFE, como de las correspondientes al sector energético. Cierto: aun cuando nadie conoce la propuesta de reforma, muchos ya se oponen a ella, en un juego tan absurdo como manipulable.

Los legisladores del PRI están amarrados con dos posturas: ni presentarán una iniciativa propia ni votarán en favor de una reforma constitucional. Quieren que el presidente Calderón envíe la propuesta. Y eso lo saben en Los Pinos.

Los del PAN están a la espera de lo que se les ordene desde la casa presidencial o desde Gobernación. Como salga, la tendrán que apoyar. A levantar el dedo sin chistar.

Y el PRD atendiendo el odio de AMLO contra el gobierno calderonista y su empecinamiento de cero negociación con el espurio se mueve bajo la amenaza del FAP de iniciar una amorfa huelga legislativa que hasta su propia compañera de partido y presidenta de la Cámara de Diputados, Ruth Zavaleta, desconoce bajo qué términos se realizaría.

Más allá de las clásicas amenazas lopezobradoristas: “Se quiere privatizar Pemex… quieren entregarle el petróleo a los extranjeros”, lo que realmente podría suceder por orden del mesías amarillo es que el PRD se autoexcluya de las negociaciones para alcanzar la urgente e inaplazable reforma energética.

Así, el PRD se dividirá entre quienes están con AMLO y rechazan negociar dicha reforma y aquellos que saben que ganan más como partido si asumen la responsabilidad que les dieron millones de votos el 2 de julio de 2006: legislar, negociar reformas, mas no abandonar sus tareas legislativas.

Veremos si Jesús Ortega, Carlos Navarrete, Javier González Garza y Ruth Zavaleta, aun bajo el riesgo de ser llamados traidores y, en el caso de la diputada, de seguir sufriendo los embates misóginos de AMLO y de Fernández Noroña, permiten que, como en el pasado, el PRD sea descarrilado de negociaciones legislativas, con los enormes costos que ello le implicó.

ARCHIVO CONFIDENCIAL… ¿Cómo está eso de que la directiva de los Pumas de la UNAM piensa censurar desplegados que, quieran o no, son parte de la rivalidad deportiva? ¿Dónde queda el espíritu plural y tolerante de nuestra Universidad? ¿Y si mejor garantizaran mayor seguridad en las tribunas para los seguidores de los equipos contrarios, que frecuentemente son atacados por hordas de salvajes?

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