• ¿Cómo hacer para que la gente lea?

    15-Noviembre-2009

    La frase “en México nadie lee” es molesta porque sí hay gente que lee, pero quizá no entra dentro de las encuestas.
    Sin embargo, el tema de los libros es bastante complicado. El proceso editorial es muy costoso y además es limitado: ¿cuántos estados de la República tienen librerías?, y en los lugares en los que hay, ¿cuáles son los ejemplares que tienen? Muchas veces resulta más oneroso el envío de un libro que el libro en sí.
    Es un círculo vicioso: las grandes librerías son las que tienen mayores oportunidades de venta, por lo que las editoriales deben sujetarse a sus medidas, y las editoriales independientes o pequeñas que de plano no pueden, desisten y no colocan sus libros en las estanterías y por lo tanto no venden. Y luego está el costo de los libros, que en ocasiones, por más descuentos que les pongan siguen siendo caros, y por lo tanto, no están al alcance de todos. Y bueno, de los nuevos o inéditos escritores que quieren publicar, mejor ni hablamos. Oportunidades: nulas (de acuerdo, dejo abierta la puerta para el “casi nulas”).
    ¿Será entonces que esto del internet es en realidad lo que salvará a la lectura? -Imagínense que se hubiera aprobado el impuesto a este servicio (que no sé si en realidad debería ser un derecho, dada la importancia que representa)-. Cada vez existen más sitios en los que se pueden bajar títulos gratuitamente y ello significa un alivio para los que no pueden obtener, ya no digamos el libro, sino una copia (otro asunto complicado sobre la industria editorial: la piratería).
    Así que cuando se habla de lo poco que se lee en nuestro país, creo que no es tan atinado culpar a los ciudadanos que no “tienen ganas” de leer, sino que se debe revisar a profundidad la situación de la Ley al Fomento a la Lectura, las bibliotecas públicas, la educación nacional, los problemas de la industria editorial, las situación económica del país, el analfabetismo… y claro, la propia responsabilidad.
    Me encantaría saber cuántos libros, revistas, periódicos, páginas web o cajas de cereales han leído los que siempre afirman que en México no se lee. Porque decirlo es muy fácil, pero hacerlo para poner el ejemplo es distinto.

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  • Abortando prejuicios

    28-Octubre-2009

    No importan los años, la clase social o la raza: el aborto es una realidad en cualquier circunstancia. La pregunta es, ¿en verdad se entiende el fondo de la situación? Me parece que no del todo. En algunos lugares se lucha por su despenalización, y en otros, por su prohibición, y aún peor, por su castigo.

    Para hablar del aborto es necesario primeramente hablar de sexualidad. ¿Quién se ha preocupado por este tema “a profundidad” en casa, en las escuelas, en la ley, en la iglesia? Y es que ante la sociedad, tener relaciones sexuales es un tabú. Y más si son los jóvenes quienes deciden hacerlo. Sin embargo, no se puede tapar el sol con un dedo. Deberíamos de entender la importancia que tiene ser conscientes ante el tema de la sexualidad. No hay de otra. Si la educación sexual se ve limitada, quiénes son los culpables a la hora de abortar, ¿los padres, el gobierno, la iglesia o las mujeres?

    Es muy fácil opinar y escupir el juicio: “No al aborto. Abortar es asesinar”. Por qué no mejor educar a los jóvenes para la prevención. Y me refiero a la prevención sexual como la reflexión consciente sobre el significado real que posee el sexo (el compromiso, los riesgos, las ETS, el funcionamiento y conocimiento biológico, el compromiso implícito, el amor, el respeto, etc.) y no sólo al hecho de que una mujer puede quedar embarazada. Porque esto es completa y absolutamente alejado de la realidad que viven los jóvenes que han decidido comenzar una vida sexual.
    Pongamos dos situaciones: en una se encuentra una chica de 16 años de clase alta que tiene relaciones con un chico de su misma edad y queda embarazada. Al cabo de un mes decide abortar.

    En otra situación está una chica de 16 años que vive en una comunidad pobre y tiene relaciones con un chico de su misma edad y queda embarazada. Al cabo de un mes decide abortar. La diferencia es que la primera tiene los recursos para pagar un consultorio y vive. La segunda, se mete un ocote y muere desangrada. Ésta es nuestra realidad (cabe mencionar que si la segunda hubiera sobrevivido, pudo haber sido condenada a prisión por su acto ilegal).

    Si el problema no es que una mujer aborte, el problema es que las mujeres no tengan otra opción. Cada quién su cuerpo… y en este sentido, cada quién que haga con él lo que desee, pues los juicios finales llegarán en su momento y según sus creencias. Mientras las parejas no sean conscientes de que uno de los riesgos, al tener relaciones sexuales sin protección y de manera irresponsable es tener hijos, no podemos hablar de una sociedad lista para poder enfrentar el tema del aborto. Y me disculparán, pero en este tema sí me parece indispensable que sean las mujeres quienes lleven la batuta. No los hombres, qué saben ellos, ya no digamos de un embarazo, de un cólico... No es por feminista, es por sentido común. Obvio.

    Los hijos, deseados o no deseados, son seres humanos, son niños que crecen y se convierten en adultos. Y ellos son los que habitan el mundo, el suyo propio y el que es nuestro.

    Tener un hijo debe ser la decisión más importante y trascendental de un ser humano. Abortar debe ser una opción legal para todas las mujeres: sin prejuicios, sin tapujos, sin castigos, ya que todo esto se vive en silencio y durante toda la vida y sólo en el vientre de quién lo vive.

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  • Luz, Fuerza y Marchas

    16-Octubre-2009

    Si bien es cierto que es nuestro derecho "la libre expresión", ¿qué tan cierto es entonces nuestro derecho al "libre tránsito"? En estos días de colapso político ante el tema de la liquidación de los trabajadores de Luz y Fuerza, se han desatado un par de marchas como signo de protesta por esta decisión.

    Quisiera exponer, no el tema de la liquidación y el cierre y la pobreza y el desempleo..., más bien, el tema de las marchas. Qué tan válido resulta para el resto de los millones de mexicanos que las personas salgan a manifestarse a las calles de la ciudad.

    No se trata solamente de un par de horas transitando para sacar la voz; se trata también de la contraparte: miles de usuarios sin transporte público, miles de transeúntes en caos; miles de trabajadores con retraso en horarios laborables (a veces incluso con pérdidas salariales), con retraso para recoger a los hijos o darles de comer, miles de desesperados que se convierten en sicópatas tocando el claxon y mentando madres... miles de personas que de pronto paralizan su rutina porque una decisión ha afectado a cierto grupo específico.

    Mi intención no es criticar el hecho de "marchar" sino lanzar una reflexión sobre la realidad que se vive en el Defe cuando una pequeña marcha (no digamos ahora una magna) ocasiona severos movimientos que estancan a los ciudadanos. Porque no es sólo el tráfico: es el cierre de oficinas, de bancos, de empresas, de comercios... es la energía que se percibe en el aire de por sí contaminado.

    Entonces me pregunto, ¿cuál es el verdadero efecto de estas marchas sien realidad todos quisiéramos que no existieran? ¿No puede el gobierno solucionar estos problemas de otra manera? Por supuesto que entiendo el punto esencial de una manifestación: justamente, “manifestar”. Pero, ¿cerrando Paseo de la Reforma, carreteras, vías rápidas? ¿Con violencia, con pérdidas económicas?¿Cuál es entonces el costo que deben pagar el resto de los que no se manifiestan? Salir a la calle y expresar lo que uno que desea es una cosa, pero salir a la calle y provocar un caos en la ciudad más grande del mundo es otra.

    ¿O tú, qué piensas?

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  • La soledad o el celibato

    11-Octubre-2009

    Cuando uno quiere "pensar" mejor las cosas, -lo cual significa siempre en realidad, “sentir”-, decide tomarse un tiempo para el celibato, oséase, el no al sexo.

    Me pregunto si dejar de tener sexo puede ser la solución para "aclarar" la mente. O los sentimientos. Yo creo que no, yo creo que para esto, nada mejor que la soledad.

    La idea de pasar un tiempo en celibato deviene del sentimiento de querer pasar un tiempo a solas, pues la mejor manera de descubrir qué camino tomar es cerrando los ojos y escuchar con atención la voz interna. Sin ecos exteriores. Dejar de tener sexo entonces, es de alguna manera, ¿cuidar esta voz? Supongo que sí.

    No quisiera hablar de celibato porque entonces tendría que hablar de sexo y ese tema requiere muchos párrafos. Pero sí entonces, hablemos de Soledad: la bendita, la mágica, la cómplice, la hermana, la desgraciadísima, la azul, la temible, la terrible, la virtuosa, la única Soledad. La que desde siempre ha existido y a la que pocas veces abrazamos. Dignificamos. Comprendemos. Acurrucamos. Esa soledad que nos vio crecer y ser quienes somos, la que nos dio caramelos para acompañarnos y mierda para aplastarnos; la que sabe qué es lo que existe en lo más profundo de nuestras almas; la que se burla de nosotros porque nos conoce como nadie; la que aparece cuando menos la queremos pero más la necesitamos; la que siempre ha estado y estará. La que morirá con nosotros. La que jamás nos matará. ¿Por qué tenerle miedo? Y si no se le tiene miedo, ¿por qué dejarla tanto tiempo dentro?

    Equilibrio: ni tanta soledad ni tan poco de ella. Un justo medio. Sólo la necesaria. La útil. La que lubrique la herida y la sane, no la que cicatrice y dé nuevo tejido.
    Sólo la necesaria, repito. Porque justamente éste es un quid para el desamor: llegar al punto de sentirnos tan a gusto con nosotros mismos que olvidamos ser sociales, humanos, activos. Vivos. Y decidimos entonces convertirnos en seres zen bastante fallidos.

    Una amiga me lo dijo alguna vez: ¿Por qué habiendo tantos yos, no hay tantos nosotros? Lo único que se me viene a la mente es mi propia respuesta: porque amo estar sola. Pero... ¿para siempre jamás? Definitivamente no. Prefiero un año de celibato a una vida de soledad.

    ¿Y tú?

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  • Paquetito 2010

    02-Octubre-2009

    Y es que con todo lo que estamos viviendo, parece que nos están preparando para el próximo año como si fuéramos a experimentar en carne propia una película de terror.
    El dos mil diez viene cargado. Muy cargado. Además de los imponentes festejos del Bicentenario y de las esperadas elecciones estatales, seremos conejillos de indias de nuevas –y no tan nuevas- iniciativas fiscales.

    Pero, ¿en verdad comprendemos los ciudadanos este paquete económico para el 2010 presentado a diputados y senadores? Se propone crear un nuevo impuesto a las ventas, el llamado “impuesto contra la pobreza”, el cual se aplicará a los ingresos de ventas en cada una de las etapas de la cadena productiva. Se propone aumentar el ISR temporalmente a los trabajadores de mayores ingresos. Se propone el alza en impuestos a tabaco y bebidas alcohólicas. Se propone incrementar el impuesto sobre los depósitos en efectivo –hoy se aplica a partir de los 25 mil pesos y el propuesto sería para los depósitos a partir de los 15 mil pesos-. Y por último, se propone el nuevo impuesto del 4% a la telefonía en servicios de telecomunicaciones como celulares e internet.

    Me gusta el significado que da la Real Academia Española al concepto “impuesto”: Tributo que se exige en función de la capacidad económica de los obligados a su pago.
    Ojalá esto pudiera aplicarse tal cual. Ojalá todos pudiéramos saber con exactitud cuál es nuestra capacidad económica en un país en el que se cambian las leyes fiscales a diestra y siniestra y en donde la cultura fiscal ha sido en absoluto subestimada y poco valorada.

    Es momento de estar atentos a las decisiones de nuestros legisladores y comprender en su totalidad qué aprueban y qué no aprueban y así estar preparados para el paquetito que viviremos en el 2010.

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  • Un problema de obesidad ¿mental?

    25-Septiembre-2009

    Hace un par de años en nuestro país nos preocupaba más el problema de la desnutrición que el del sobrepeso; sin embargo, ha dejado de ser cuestión de estética el hecho de que las personas sean obesas o no. Ahora es cuestión de salud. Lo real es que en México no se ha logrado hacer consciencia sobre este gravísimo problema, pues antes, esta situación se limitaba a los adultos, pero hoy en día afecta también a niños y adolescentes.

    Mucho se habla de cómo erradicar el problema, pero nada lograremos si la publicidad nos invade con mujeres anoréxicas y hombres esculturales; si los modelos a seguir –o los patrones que se han establecido- son personas con cuerpos plásticos increíbles (y no lo digo en el sentido de la admiración sino de lo no creíble) y si no enseñamos a nuestras generaciones más pueriles que el significado de la estética tiene que ver con valores esenciales del ser humano y que la nutrición es la base para formar una mente sana y un interior sólido.

    Hoy en día, la obesidad representa un tema que va más allá del desconocimiento nutricional y se coloca en posibles conflictos internos. La gente come (o no come) porque “necesita” tener algo adentro. Deberíamos de cuestionarnos a diario si lo que ingerimos -ya sea oral, visual, olfativa, auricular o sensitivamente- es lo que necesitamos o sólo abrimos nuestro cuerpo a lo exterior sin fijarnos qué vamos guardando.

    Clínicamente, como nos lo explica la Dra. Maricarmen Osés, las razones del sobrepeso en niños y adolescentes se deben particularmente a la falta de actividad física, hábitos de alimentación inadecuados y herencia. La razón por la cual fisiológicamente subimos de peso es porque existe un desequilibrio energético: consumimos más energía de la que nuestro cuerpo gasta y el exceso se acumula en forma de grasa.

    Y este es justo el punto: el desequilibrio. ¿Podemos entonces ser conscientes de nuestras carencias como para poder lograr obtener nuestro propio equilibrio? Porque los obesos pueden ser de carne y hueso, pero existe mucha más gente obesa en ideas, pensamientos y acciones. Y en estos casos, ni las mejores dietas funcionan.

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  • Rescatar la nación

    17-Septiembre-2009

    Sin duda, los temas de la semana son bipolares. Recién empezó todo el debate de los movimientos en el gobierno y de pronto todo cambió al secuestro del avión.

    Estamos a nada del Bicentenario de la Independencia y nuestros héroes patrios se han de estar revolcando en sus tumbas nada más de ver lo que sucede en nuestro país: les costó una lucha de más de cien años obtener la libertad nacional y construir un México independiente. No importó si eran caudillos o curas, tenían todos el mismo objetivo: el bien común.

    Hoy me pregunto si en verdad todos los que decimos luchar por nuestro país –y me refiero a todos los que amamos a nuestra patria y deseamos protegerla- tenemos esa indestructible convicción y esa conciencia absoluta para defender lo que nos fue dado hace casi doscientos años. Me parece, tristemente, que no.

    El diálogo, el intercambio de ideas y la acción son sinónimos de confrontación. Vivimos un gran caos, vivimos en la selva del sobreviviente más fuerte –por no decir cabrón-.

    Una revisada a nuestra historia no está de más. Todos salimos a gritar ¡Viva México! Pero en realidad qué queremos decir con esto si sentimos cada semana que nuestro país se muere un poco. Y se muere porque lo matamos. Nadie se pone de acuerdo y sólo se escuchan las voces disonantes que no suman; sólo retumban los juicios, la agresión infundada, la catarsis y la conveniencia propia. No sé cuándo dejamos que esta noble tierra fuera la esclava del pecado capital por excelencia, la envidia. Y cuando todo se envidia, la tierra comienza a pudrirse.

    El ¡Viva México! debería avivar nuestro espíritu como aztecas-mexicanos que somos y sacarnos las vísceras para recuperar un poco de la patria que está dormida y enterrada, después de todo, el águila que es el ave de la libertad acaba devorando –nunca se ha dicho comiendo o degustando- a la serpiente.

    Habría pues que defender nuestro grito de Dolores, desempolvar un escudo, sacar las garras y preservar lo que queda de nuestra raspada nación. Al fin y al cabo, siempre nos queda el camino de la renovación y la lucha. Si la influenza, el smog y la crisis no han podido acabar con nosotros, menos lo hará esta inminente pugna bipolar de intereses.

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  • En busca de ayuda

    03-Septiembre-2009

    Gracias a Dios es viernes. Los fines de semana tienen de todo menos noticias -de noticiario, a esas me refiero-. ¡Porque ah, cómo hemos estado estos últimos días! Que si la SEP, que si Jimena, que si el PRI, que si Juanito, que si la influenza H1N1, que si ya desaparecieron más en la frontera… noticias que dan miedo. Noticias que nos llevan al velatorio anímico. Por eso me quedé pensando en el Informe…

    Un taxista me venía platicando asuntos defeños de interés general, pero en una de esas, me comentó que le había parecido que el señor presidente había dado el mejor de sus informes en lo que lleva de gobernante. Me extrañó su afirmación, dada su tendencia mostrada a lo largo del trayecto. Le pregunté que por qué confirmaba eso. Y me dijo, muy simple señorita, por fin dijo que necesita nuestra ayuda. ¡Ah caray! No dije nada. Me quedé viendo las gotas en el cristal y le pregunté si él pedía ayuda.

    El señor me miró por el retrovisor y me dijo que no comprendía mi pregunta, ¿qué tiene que ver eso con el Informe? – Nada- le dije, sólo que pienso que “pedir ayuda” es de valientes. Y de urgentes. Como no le gustaron mis palabras se hizo el silencio. Supuse que el taxista era de esos que nunca pedían ayuda. Como yo, vaya (bueno, yo en contadas ocasiones…). La idea que me dejó es sobre lo injustos que podemos ser con las “noticias” –conste que lo pongo en comillas- y con la inmediatez de nuestros juicios ante lo que se expone a diario en radio, tele y periódicos.

    Uno puede aseverar que el gobierno es esto o aquello, que hace o deshace, pero si todo lo de afuera lo lleváramos adentro, ¿qué pasaría? Me encuentro con que lo primero sería rendirle cuentas, a por lo menos. un par de personas sobre mi desempeño como… ¿mujer? ¿madre? ¿profesionista? ¿hija? ¿escritora? Dios me libre. No sé qué podría poner en una caja azul, roja o blanca, cuál sería mi resumen del último año. Me quedaría, sin duda, corta. Seguro recibiría abucheos, tarjetas amarillas, llamados a comparecencias e incluso, deudas.
    Prefiero entonces, seguir mirando por la ventana y callarme mis opiniones si sé de antemano que yo no puedo lanzar la primera piedra.

    El taxista enciende el radio y ahí va de nuevo, todos hablando del presidente y su Informe. ¿Ya ve señorita? ¿Pues de qué más se va a hablar? Así es. Si el problema no es hablar, el punto es juzgar. Es echarle la leñita al fuego sin saber que al final se puede incendiar un país entero, sin tener la conciencia de que las palabras se concretan, se hacen realidad en algún momento determinado. Para bien o para mal. Y le guste a quien le guste.

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  • Prostitución ¿o abuso?

    27-Agosto-2009

    Hoy pensé en escribir sobre prostitución, sobre la diferencia entre una mujer que cobra en los barrios más bajos y la que cobra en los espacios más lujosos dentro de la misma ciudad.

    Sin embargo, el tema de pronto se me escurre al recordar el testimonio de una niña que conocí hace un par de años en la calle de Tacuba. Toñita se llamaba. Toñita me vendía cigarros, y tras convertirme en clienta asidua, me regalaba unos chiclets rosas cada viernes. Pero un día Toñita apareció diferente, algo la había cambiado. Me la llevé a la Pagoda a desayunar y me dijo que ésa era su última semana en Tacuba. Esta es Toñita:

    “Cuarto 21 de una vecindad vieja en el centro de la ciudad. Una habitación con olor a humedad, orina de gato y cenicero. Una muñeca sin brazos y sin ropa. Un vaso con leche en las mañanas, una tortilla con huevo en las tardes y pan con moretones por las noches. No le gusta que él le pegue, por eso ya mejor no dice nada. Sale sólo de diez de la mañana a tres de la tarde.

    Cuando oscurece, escucha las pisadas sobre la madera del pasillo. Su corazón se agita. Se acuesta y se cobija. Sus piernas tiemblan y aprieta los ojos casi obligándolos a quedarse ciegos. Se entreabre la puerta y suda. Alguien se asoma: es él, huele a pegamento y alcohol; murmura su nombre, ella no contesta aguantando el miedo, entonces él devuelve la puerta a su sitio y se va.

    Toñita llora: otra vez mojó la sábana. Han pasado quince autos y ni uno ha bajado la ventana parta darle un peso. Toda la gente parece tener prisa ese día; nadie se detiene a ver sus ojos, su mano que pide una limosna. Y lo único que piensa es que él le pegará. Pero cómo irse a otro lugar, cómo escapar de ahí, es todo lo que conoce. Aparece entonces el señor alto de los lentes oscuros. Le da un pan, un jumex de manzana y una palmada en el hombro.

    Le pregunta si quiere 50 pesos y piensa que es mucho para ella. Le ve las manos muy grandes y los dientes negros. Le sonríe mucho, y ella siente algo, ¿qué es?, un sentimiento parecido a ganas de correr, de huir, pero él le enseña el billete y sabe que si le da ese dinero a su papá, se pondrá feliz. Entonces se va con él y entran en ese callejón... No, Toñita, no debiste entrar ahí...”

    Una de tantas historias. Hay mil Toñitas en este país. ¿Y quién las ve? ¿Quién las escucha? ¿Cómo estarán? Hoy por lo pronto, yo extraño a la niña que me sonreía cada viernes y me regalaba una bocanada rosa a las doce del día.

    *Antonia hoy vive en una Casa Hogar.

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  • De la lucha libre y nuestro cuadrilátero

    20-Agosto-2009

    No sé qué sea lo mejor del espectáculo de la lucha libre, si las palomitas, las chelas, la libertad de la garganta o convertirse por un par de horas en el mero espectador de nuestras vidas.

    Y es que el significado del cuadrilátero es maravilloso: ahí están nuestros luchadores, rudos contra técnicos, representándonos a todos en realidad, luchando en equipo para intentar sobrevivir y ganar la batalla (la cual algunas veces se gana por la fuerza y otras, por la estrategia), defiendo un sueño, un lugar que les corresponde o sólo intentando dar un paso más.

    Como bien dice “el Vangelis”, yo soy rudo porque así crecí, hay que ser rudo en esta vida para poder ganar. Lo que yo siento allá arriba es adrenalina pura, no se compara con nada. Y es una bendición saber que mi familia me apoya y respeta que sea Vangelis, el rudo.

    Y están muchos más, todos con un nombre y una personalidad diferente, cada uno sus técnicas: unos limpios y otros demasiado sucios; unos apabullantes guapos y otros gorditos simpáticos. Hay luchadoras mujeres y combatientes hombres, hay un réferi y dos porras. Y hay un premio. Siempre hay un logro que alcanzar. No luchan nada más porque sí, luchan por algo.

    En ese cuadrilátero estamos todos, unos días como rudos y otros como técnicos. Nos debatimos diario entre el bien y el mal, y ¿encontramos el equilibrio? No, y entonces a darle: una nueva pelea.

    Porque lo más importante es subirse, enfrentarse al oponente y romperse el alma para ganar, cada uno con sus propios recursos y su propia estrategia, con su meta bien clara y los puños dispuestos, viviendo con la máscara que escogimos pero conscientes de que detrás de ella está nuestra esencia, y que ésa, no se podrá quitar nunca.
    Lo importante es ser valientes y entrarle a la lucha –libres o no tan libres-, pero entrarle porque si nos quedamos abajo siendo sólo espectadores, la vida se nos va entre mentadas de madre, chelas y apatía.

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La Valquiria

Eunice Mier y de la Barrera

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