
Miércoles, 28 de Octubre de 2009
Abortando prejuicios
No importan los años, la clase social o la raza: el aborto es una realidad en cualquier circunstancia. La pregunta es, ¿en verdad se entiende el fondo de la situación? Me parece que no del todo. En algunos lugares se lucha por su despenalización, y en otros, por su prohibición, y aún peor, por su castigo.
Para hablar del aborto es necesario primeramente hablar de sexualidad. ¿Quién se ha preocupado por este tema “a profundidad” en casa, en las escuelas, en la ley, en la iglesia? Y es que ante la sociedad, tener relaciones sexuales es un tabú. Y más si son los jóvenes quienes deciden hacerlo. Sin embargo, no se puede tapar el sol con un dedo. Deberíamos de entender la importancia que tiene ser conscientes ante el tema de la sexualidad. No hay de otra. Si la educación sexual se ve limitada, quiénes son los culpables a la hora de abortar, ¿los padres, el gobierno, la iglesia o las mujeres?
Es muy fácil opinar y escupir el juicio: “No al aborto. Abortar es asesinar”. Por qué no mejor educar a los jóvenes para la prevención. Y me refiero a la prevención sexual como la reflexión consciente sobre el significado real que posee el sexo (el compromiso, los riesgos, las ETS, el funcionamiento y conocimiento biológico, el compromiso implícito, el amor, el respeto, etc.) y no sólo al hecho de que una mujer puede quedar embarazada. Porque esto es completa y absolutamente alejado de la realidad que viven los jóvenes que han decidido comenzar una vida sexual.
Pongamos dos situaciones: en una se encuentra una chica de 16 años de clase alta que tiene relaciones con un chico de su misma edad y queda embarazada. Al cabo de un mes decide abortar.
En otra situación está una chica de 16 años que vive en una comunidad pobre y tiene relaciones con un chico de su misma edad y queda embarazada. Al cabo de un mes decide abortar. La diferencia es que la primera tiene los recursos para pagar un consultorio y vive. La segunda, se mete un ocote y muere desangrada. Ésta es nuestra realidad (cabe mencionar que si la segunda hubiera sobrevivido, pudo haber sido condenada a prisión por su acto ilegal).
Si el problema no es que una mujer aborte, el problema es que las mujeres no tengan otra opción. Cada quién su cuerpo… y en este sentido, cada quién que haga con él lo que desee, pues los juicios finales llegarán en su momento y según sus creencias. Mientras las parejas no sean conscientes de que uno de los riesgos, al tener relaciones sexuales sin protección y de manera irresponsable es tener hijos, no podemos hablar de una sociedad lista para poder enfrentar el tema del aborto. Y me disculparán, pero en este tema sí me parece indispensable que sean las mujeres quienes lleven la batuta. No los hombres, qué saben ellos, ya no digamos de un embarazo, de un cólico... No es por feminista, es por sentido común. Obvio.
Los hijos, deseados o no deseados, son seres humanos, son niños que crecen y se convierten en adultos. Y ellos son los que habitan el mundo, el suyo propio y el que es nuestro.
Tener un hijo debe ser la decisión más importante y trascendental de un ser humano. Abortar debe ser una opción legal para todas las mujeres: sin prejuicios, sin tapujos, sin castigos, ya que todo esto se vive en silencio y durante toda la vida y sólo en el vientre de quién lo vive.
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