
Domingo, 11 de Octubre de 2009
La soledad o el celibato
Cuando uno quiere "pensar" mejor las cosas, -lo cual significa siempre en realidad, “sentir”-, decide tomarse un tiempo para el celibato, oséase, el no al sexo.
Me pregunto si dejar de tener sexo puede ser la solución para "aclarar" la mente. O los sentimientos. Yo creo que no, yo creo que para esto, nada mejor que la soledad.
La idea de pasar un tiempo en celibato deviene del sentimiento de querer pasar un tiempo a solas, pues la mejor manera de descubrir qué camino tomar es cerrando los ojos y escuchar con atención la voz interna. Sin ecos exteriores. Dejar de tener sexo entonces, es de alguna manera, ¿cuidar esta voz? Supongo que sí.
No quisiera hablar de celibato porque entonces tendría que hablar de sexo y ese tema requiere muchos párrafos. Pero sí entonces, hablemos de Soledad: la bendita, la mágica, la cómplice, la hermana, la desgraciadísima, la azul, la temible, la terrible, la virtuosa, la única Soledad. La que desde siempre ha existido y a la que pocas veces abrazamos. Dignificamos. Comprendemos. Acurrucamos. Esa soledad que nos vio crecer y ser quienes somos, la que nos dio caramelos para acompañarnos y mierda para aplastarnos; la que sabe qué es lo que existe en lo más profundo de nuestras almas; la que se burla de nosotros porque nos conoce como nadie; la que aparece cuando menos la queremos pero más la necesitamos; la que siempre ha estado y estará. La que morirá con nosotros. La que jamás nos matará. ¿Por qué tenerle miedo? Y si no se le tiene miedo, ¿por qué dejarla tanto tiempo dentro?
Equilibrio: ni tanta soledad ni tan poco de ella. Un justo medio. Sólo la necesaria. La útil. La que lubrique la herida y la sane, no la que cicatrice y dé nuevo tejido.
Sólo la necesaria, repito. Porque justamente éste es un quid para el desamor: llegar al punto de sentirnos tan a gusto con nosotros mismos que olvidamos ser sociales, humanos, activos. Vivos. Y decidimos entonces convertirnos en seres zen bastante fallidos.
Una amiga me lo dijo alguna vez: ¿Por qué habiendo tantos yos, no hay tantos nosotros? Lo único que se me viene a la mente es mi propia respuesta: porque amo estar sola. Pero... ¿para siempre jamás? Definitivamente no. Prefiero un año de celibato a una vida de soledad.
¿Y tú?
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