DOMINGO 22 de noviembre del 2009

Me había preparado como buena antigua estudiante para escribir, sin nacionalismo —o con nacionalismo—, de lo que va a suceder mañana mismo, día de votar. Pero el destino dispone hasta en las minucias, la mía atrabancada y amorosa no obstante —y sin obstantes—, pues flota sobre mi cabeza una negrísima nube de tristeza, pero no esa estridente y comunicativa acostumbrada por mí, incapaz de ser la momia por todos deseada, una señora muy bien educada y sin elevar la voz, tampoco es la muestra del quejumbre colándose por la rendija de la puerta (se quejan los niños quemados y los mendigos de veras, yo suavecito gimo a veces). Hoy la melancolía me desuella y veo por la ventana de mi estudio la insólita cortina verde de ramas de los árboles ofrecidos por Dios para acompañarme hasta los últimos días de mi vida. Creí. Aquí están mi cedrillo, mi bugambilia —camelina, le decía mi madre—, mi gloriosa jacaranda, a la cual le grito cuánto la adoro por hermosa, lila los abriles, verde vivo los veranos y tal le grito que la amo por no haberse muerto de tan maltratada me la encontré… está mi araucaria sembrada por mí, ya de unos quince metros de alto, y el gran hule viejo y derramado gritando su amor porque lo iban a talar y yo pedí que lo dejaran vivir echado en mi terreno, aunque se caiga el murillo.

La fuentecilla sirve de vaso, tan vaso a los pájaros, a las abejas, unas cuantas avispas y a mis dos gatos y Leonardo da Vinci, el perrito que envejece a pasos acelerados y temo tanto por él. Pero la más mirada y contemplada por mí desde mi mesa de trabajo, el día entero, ¡mi Dios!, es la otra araucaria, la grandota abuelística del terreno de junto de la doctora Ana María Rivero. Hay un árbol más atrás de cuyo nombre no puedo acordarme. Son mi dicha en las soledades de las horas. Bueno, pues es muy probable que vengan unos nuevos compradores y, sin más, los talen, los tiren, los maten para construir el clásico edificio de apartamentos y… eso significará mi memoria cercenada para siempre y, en lugar de esa odisea del verdor nunca visto, del meneo con el aire y con la lluvia, el aroma y la paz interior cedida a mi almar, allí en la cueva de mi alma. ¿Qué voy a hacer?... yo pensé —con miedo, es verdad— que serían mis custodios hasta el final… No hay día en el cual no le dé gracias a Dios por lo dado, mi techo y mis árboles, los míos y los de la doctora Rivero. Pero lo peor es imaginar el muro enormísimo y pelón que dividirá las dos propiedades, cómo atentará a mi vista, y… la rebanada a la jacaranda y a ese arbolón, también amante bandido, entrando a mi espacio aéreo.

Pero estoy viva, digo, sí, aterrada de no tener la cuantiosa suma que se me pide por arreglarme el maxilar superior hecho un trebejo sin muelas, ni siquiera raíces detenedoras de los dientes necesarios los cuales, cada uno, cuesta más de mil dólares... ¿Qué hace la gente para vivir, para masticar sin que se le salten los dientes al comer un pedazo de pollo, no digamos un elote, no digamos el tronchar una caña, como cuando niños las pelábamos sentados a la orilla de la banqueta en una ciudad recoleta desaparecida? Ahora que evoco esta escena entrañable descubro, horrorizada, que todos mis primos hermanos que me acompañan en el recuerdo ¡están muertos!... no es posible, Gloria, Hilda, Carlos, Alfredo, Enrique y mi hermanito Manuel… Sólo quedamos Teresa y yo como almas en pena. Y no es queja, quizás un intento de evocación literaria irrumpiendo como los árboles de junto en mi artículo semanal. Artículo pensado primero para el acto primigenio y patriótico de ir a votar mañana mismo sin falta. Pero pensé en todos mis colegas escribiendo sobre lo mismo y dije, ya chole, escribiré de los Toros de Guisando, cuatro absolutamente hermosas esculturas de piedra barroqueña, toros magníficos que encontramos en un viaje por España, admirados como los españoles mismos al descubrir nuestra tierra; íbamos caminando en auto cerca de la provincia de Ávila y yendo a Santiago de Compostela… Pero se me fue en el llanto, perdón, volveré mis pasos a ese estar ante la maravilla, en un campo lluvioso una mañana inolvidable, en el lugar donde fue nombrada legítima heredera de Castilla la reina Isabel, de quien los latinoamericanos tenemos algunas noticias…

marialuisachinamendoza@yahoo.es

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