MARTES 24 de noviembre del 2009

Alza sin convicción

Pedro Alonso

De vuelta al país, al DF, al trajín cotidiano, a mi casa que continúa en remodelación (la obra y sus consecuencias empezó hace varios meses) y a digerir lo que aprendí en una semana y pico en otros ambientes, para poder incorporarlo después a mi marco de referencia para la toma de decisiones.

Es un proceso que, al menos en mí, no ocurre de inmediato y algunas de las cosas que se reciben en estos eventos parecen no tener sentido en un principio, lo que en general siempre resulta falso, pues el sentido aparece un día y entonces uno saca del baúl del conocimiento, a veces materializado en un documento o en un nombre y acude a ello, cuando le necesita. Es cuestión de tiempos y circunstancias.

Aunque estuve fuera, desde luego no dejé de ver al mercado nuestro aunque con la intensidad que los viajes, el cambio de horario y las actividades en las que me ocupo, distintas a las habituales, permiten.

Así las cosas, me encuentro con que finalmente aquel nivel de 23,500 puntos en el IPC del que había hablado como objetivo de baja en la Consejería del pasado 16 de junio sí fue alcanzado por el mercado por ahí de lunes y martes de la semana pasada, y de ahí se inició un alza hasta ayer lo ha movido como 1,000 puntos, sin mucha convicción, desde mi punto de vista.

De tal suerte que lo que escribí en la Consejería del 19 de junio en relación con que se tuviera paciencia para esperar otra oportunidad —que el mercado siempre da—, que se presentaría pronto, finalmente ocurrió.

La falta de convicción en el alza de los 1,000 puntos que mencioné el párrafo anterior tiene que ver con la ausencia de volumen o en todo caso con una tendencia decreciente de éste, que empezó desde finales de abril pasado. Y como sabemos, el volumen es al mercado lo que la gasolina al automóvil, por lo que el comportamiento que se observa no apoya en lo general a los movimientos de alza que los precios tienen, junto con otros indicadores complementarios que en general tienen un comportamiento divergente en relación con la tendencia de los precios.

Además, en este movimiento de alza, el IPC volverá dentro de algún tiempo y otros mil a encontrar la zona de resistencia de los 25,500 que no logró resolver en ocasiones recientes, por eso una vez más mi postura de preferir pagar por ver para incrementar el monto de la posición invertida en acciones, lo que hasta ahora no ha resultado mala idea.

Habrá quien diga que la tercera es la vencida y tal vez renga razón, pero yo prefiero esperar por el momento.

Las tendencias decrecientes del volumen en los movimientos posteriores a una caída importante como la que tuvimos desde los 32,500 por ahí de principios de junio de 2008 y hasta los 16,500 en octubre de ese año, en los momentos post – Lehman Brothers, indican desánimo, decepción y hasta una cierta claudicación de los participantes del mercado, lo que es lógico si consideramos la golpiza que se han llevado los que decidieron que no había evidencias de desastre cuando el mercado estaba allá arriba, cuando operaba a la baja entre los 32,500 mencionados y los 26,000 (que hoy sirven de resistencia a los intentos de alza) y que se decía era un ajuste a la trayectoria alcista.

Es probable que muchos de esos que se quedaron atrapados allá arriba sean los que hoy venden, pues ya están hartos de no ver “una buena” en un año o más y que se han tenido que conformar con las desilusiones que suponen los movimientos alcistas que hemos tenido en los pasados nueve meses y que, sin ser malos, no responden a las expectativas de alzas continuas de varios años como las que tuvimos entre 2003 y 2007, y que son de las que se quedaron prendidos y en las que tal vez no participaron del todo.

Las bajas y los periodos de lateralización en que se crean estas situaciones de esperanza y frustración son desagradables pero necesarios. Son parte del periodo siguiente de alza, que lamentablemente no sabemos cuándo ocurrirá, sobre todo ante situaciones como las de hoy, en que aún no se tiene un horizonte claro del tamaño del daño y lo que implica, antes de intentar un periodo de recuperación que permita alcanzar cierto grado de estabilidad, a partir del cual intentar generar un periodo de crecimiento quizá menor al anterior, pero también más adecuado al estado del aparato económico y, en consecuencia, con mejores posibilidades de sobrevivir. Una vez más, se requiere paciencia y trabajo para tolerar estos episodios en los que, con todo lo que se ha hecho, es claro que falta mucho por hacer y, seguramente, con un modo diferente. Suerte.

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