Lo que pasa en la OCDE pasa en el mundo
Pedro Alonso
En la Consejería del miércoles pasado escribí que parte de los que se está haciendo en este Foro Anual de la OCDE es cuestionar el modelo de “libre mercado” que usan de marco las economías que forman parte de esta organización, al menos desde mi punto de vista.
Desde luego, no es algo que sea un tema escrito o establecido en la agenda, pero digamos que muchas de las cosas que se hacen y dicen en el foro, como en el trabajo regular de la OCDE derivan en críticas a la forma en cómo se hacen las cosas en muchos países —miembros y no miembros—junto con una oferta de posibles correcciones a los defectos del modelo, en lo general y en lo particular (cada país tiene sus peculiaridades aunque comparta con otros los mismos problemas).
Esto es importante en la medida que la suma del Producto Interno Bruto de los países miembros, representa algo más de 80% de la riqueza mundial.
En esta línea, la contracción de la economía global se estima en 4.1% para 2009, lo que supone una mejoría respecto de la estimación hecha en marzo por el mismo grupo de análisis, que pronosticó entonces una caída de -4.8%.
Como sea, las cosas no pintan fácil para lo que resta del año y tampoco para 2010, aunque en este año la estimación cambió de una caída de 0.7% a un crecimiento de 0.5%, lo que supone el inicio de una recuperación leve, muy leve, pero recuperación al fin.
El desempleo seguirá en ascenso para alcanzar casi 10% a finales de 2010 para los países miembros de la OCDE, que repito, representan más de 80% del PIB mundial. Esto significa una pérdida de alrededor de 25 millones de empleos comparado con lo que se tuvo en 2007.
Por lo mismo, no puede pensarse en una recuperación vigorosa, cosa que me parece tiene que ser valorada detenidamente por todos, cuando hagamos nuestros planes de negocios o de inversión para los próximos meses y años.
Es cierto, es muy probable que como muchos dicen “se esté tocando fondo” (me chocan los lugares comunes), pero eso no implica crecimiento sino menor tasa de decrecimiento, tema que he tocado en este y otros espacios en el pasado reciente.
Y en esta idea, vale decir que la estimación que se hace para el comercio internacional es de una caída de 16% en promedio, para este y el próximo año, lo que implica que los países que estamos muy vinculados en nuestra actividad a las exportaciones o dicho de otra forma, con economía interna débil, no la pasaremos bien.
Esto tiene que ver con algo que escribí hace algunas semanas en el sentido que cuando descubrimos a mitad de los años 80 del siglo pasado al comercio exterior y al concepto de la apertura económica, que luego materializamos con la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, parece que pensamos que eso lo resolvería todo y, por lo tanto, dejamos de hacer avances y cambios necesarios en las materias que afectan a la economía interna, cosa que actualmente se hace evidente, más que nunca, cuando pareciera que todas o muchas de las ofertas de progreso, suenan a ofertas de felicidad gratuita, llenas de entusiasmo, pero poco efectivas.
El asunto del comercio exterior es de tomarse en cuenta no sólo por nuestra condición de economía exportadora y la dependencia que en la parte petrolera del asunto muestra nuestro lado fiscal, sino también resulta que en esto de reanimar a las economías del mundo, idea que es compartida por todos, en lo individual y persiguiendo el mejor de los fines locales, se toma una serie de medidas que hablan de proteccionismo, lo que lleva al agravamiento de la actividad comercial, que desde mi punto de vista es uno de los motores vitales de la actividad económica global, además de ser la forma más acabada de cooperación para el desarrollo, que finalmente ayuda a aliviar la condición de inequidad que tenemos en el planeta.
El comercio internacional no hace favores a nadie, en el sentido de la ayuda en forma de subsidios o transferencias, pero fuerza a los participantes a ser mejores competidores y en el fondo, creo esa es la mejor ayuda y la ganancia más rentable que se puede obtener en el largo plazo. Desde luego, no crece sólo.
Hay que apoyarlo siempre con políticas públicas que premien la productividad empresarial, pues es la empresa la que exporta, no el país, como concepto. Y es en este tema donde creo que nos hemos perdido y que urge retomar, pues los competidores juegan duro y no dejan nada en el camino.
Como señalé en la Consejería del lunes pasado, mañana sábado me moveré de París a Basilea, en Suiza, para estar en la reunión del Banco Internacional de Pagos y poder al término de su Asamblea Anual, entrevistar al director general de esa institución.
Espero poder compartir lo que vea y oiga en las reuniones en las que podré estar presente, así como publicar la entrevista mencionada hacia finales de la próxima semana. Suerte.