MARTES 24 de noviembre del 2009

La voz de Cassez

Jorge Fernández Menéndez

Ezequiel Flores estuvo mil 560 horas secuestrado por la banda de Los Zodiaco, tuvo tiempo de sobra para identificar a sus captores aunque lo mantuvieran todo el tiempo con los ojos vendados. Fue por el cuerpo, las manos, pero sobre todo debido a la voz (con un peculiar acento francés) de la mujer que más lo atormentaba, la que le inyectó anestesia en una mano y le preguntó cuál dedo (o una oreja, podía elegir) quería que le amputara, para enviárselo a su familia y así apresurar el rescate. Era la misma voz que reconoció Cristina Ríos, secuestrada junto con su hijo. La voz de quien también la maltrataba y le hizo una escena de celos a su novio Israel Vallarta, porque lo encontró mientras ultrajaba a su víctima.

Era la voz de Florence Cassez, la joven francesa que aseguró ayer a la prensa gala que una condena de 60 años de prisión en México equivale a una pena de muerte. No sé si sea eso, pero luego de conocer los testimonios de las víctimas (comprobadas y que hicieron la denuncia penal correspondiente, por lo menos seis), las vejaciones, el maltrato, las agresiones sexuales, las condiciones en que eran retenidos por Cassez, Vallarta y sus cómplices, espero sinceramente que sea un poco peor y esas seis décadas se hagan mucho más largas que el momento terrible en que el Estado quita una vida.

No puedo entender la posición del gobierno francés y de parte de su prensa en el tema de Cassez. Leía ayer que decían que la decisión del presidente Calderón, de no repatriar a Cassez, estaba motivada por razones electorales. Puede ser, pero, ¿cuáles fueron y siguen siendo las motivaciones del presidente Sarkozy para demandar la repatriación de Cassez y, sobre todo, especificar que su gobierno podría cambiar la duración de las penas y hasta decidir su liberación en el caso de que fuera repatriada?, ¿qué motivó a Sarkozy, en su reciente visita a México, para presentar eso por encima de cualquier otro punto de la agenda bilateral, primero con el presidente Calderón, luego en una conferencia de prensa e incluso en la sesión solemne del Senado?, ¿por qué Sarkozy ignoró a las víctimas y a los representantes de las organizaciones humanitarias que fueron a reclamarle que no repatriara, con el ánimo de liberarla, a Cassez? Por razones políticas y de manejo mediático, dirán algunos; un arrebato nacionalista de baja estofa, comentarán otros. O quizá por las dos cosas.

Pero el caso de Florence no admite demasiadas dudas. El único punto debatible es que cuando Cassez y Vallarta fueron detenidos en el rancho donde tenían secuestradas a sus víctimas, se permitiera una cierta recreación del procedimiento para la televisión. Pero eso de ninguna forma distorsiona los hechos ni los testimonios de las víctimas ni el dato incontrastable de que éstas fueron rescatadas al mismo tiempo que eran detenidos sus captores y en la casa de éstos. Vallarta reconoció su participación en los secuestros e involucró a su novia. Hace algunas semanas fueron detenidos algunos integrantes que estaban prófugos de la banda Los Zodiaco y también aceptaron, incluso con mayor amplitud, la participación de la francesa en la banda e incluso la división que provocó en la misma al manipular la distribución del dinero que se obtenía de los rescates. Se puede desconfiar del sistema judicial de México, pero, ¿cómo puede un gobierno ignorar también los testimonios de las víctimas, los cómplices, así como los datos duros que surgen de la detención de dos secuestradores con sus víctimas?

Se ha invocado el Convenio de Estrasburgo para que Cassez pueda cumplir su condena en Francia, pero el mismo establece con toda claridad que para ello es imprescindible que ambos gobiernos estén de acuerdo con esa repatriación. Y el de México no puede aceptar que la pena de Cassez pase de 60 a 20 años, como ocurriría si es repatriada a Francia e incluso que, mediante una decisión unilateral, pueda quedar en libertad y gozar de impunidad luego de participar activamente en el delito que más lastima a la sociedad mexicana.

Florence Cassez, escribió Cristina Ríos secuestrada durante 54 días por la banda de Los Zodiaco al presidente Sarkozy, “es la misma mujer cuya voz escuché en innumerables ocasiones durante mi cautiverio… la misma voz de origen francés que me taladra hasta hoy los oídos, la misma voz que mi hijo reconoce como la de la mujer que le sacó sangre para enviarla a mi esposo, junto a una oreja que le harían creer que pertenecía al niño. Ahora escucho que Florence clama justicia y grita su inocencia. Y yo en sus gritos escucho la voz de la mujer que, celosa e iracunda, gritó a Israel Vallarta, su novio y líder de la banda, que si volvía a meterse conmigo (ella entró sorpresivamente al cuarto y vio cuando me vejaba) se desquitaría en mi persona. Florence narra el ‘calvario’ de la cárcel, pero desde el penal ve a su familia, hace llamadas telefónicas, concede entrevistas de prensa y no teme cada segundo por su vida. No detallaré lo que es el verdadero infierno, es decir, el secuestro. Ni mi familia ni yo tenemos ánimo ni fuerzas para hacer una campaña mediática, diplomática y política (como la que ella y su familia están realizando), para lograr que el gobierno francés y la prensa nacional e internacional escuchen la otra versión, es decir, la palabra de las víctimas de la banda a la que pertenece la señora Cassez. Pero no deja de estremecernos la idea de que Florence, una secuestradora y no sólo novia de un secuestrador (con el que vivía en el mismo rancho y durante el mismo tiempo en el que permanecimos mi hijo y yo en cautiverio), ahora aparezca como víctima y luche para que se modifique su sentencia”.

¿Qué más se puede agregar?, ¿qué más necesita el gobierno de Sarkozy?

¿Cuáles fueron y siguen siendo las motivaciones del presidente Sarkozy para demandar la repatriación de la francesa?

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