LUNES 23 de noviembre del 2009

Coupable

Yuriria Sierra

Ni Sarkozy ni Carla Bruni en Teotihuacán provocando esas miradas (que hoy son un delito en el Distrito Federal, pero no en el Edomex) lograron que Florence Cassez regresara a Francia para purgar su condena por los delitos que cometió en nuestro país: delincuencia organizada, secuestro y portación ilegal de armas de uso exclusivo del Ejército. Hechos por los cuales ya sabemos que deberá permanecer 60 años en prisión.

Cassez, detenida en 2005 en una “dramatización” presentada en televisión nacional, ha asegurado desde entonces que es inocente, a pesar de que la investigación arrojó testigos que la identificaron; de igual forma su defensa ha querido hacer válido el acuerdo al que llegaron los países firmantes del Tratado de Estrasburgo, México y Francia incluidos, el cual permite que cualquier ciudadano preso en una nación distinta de la suya y que haya cometido algún acto ilícito, puede ser trasladado a su país y juzgársele según sus leyes, claro que el Estado del que es originario el delincuente debe solicitar esa repatriación, sin embargo, la decisión depende del gobierno de donde fue cometido del delito.

Teniendo eso claro, fue como el gobierno mexicano no autorizó la repatriación de Cassez. El presidente Calderón dijo que el fallo se debió a que, de autoafianzarse el traslado y el juicio de Florence en París, nada le aseguraría a México que se haga justicia, un concepto tan poco escuchado en nuestro territorio. Textualmente, el gobierno mexicano dio esta razón: “Por reservarse para sí la competencia de tomar decisiones sobre la suspensión o reducción de la pena o sobre los medios para hacerla cumplir”.

Lo que provocó la reacción del gobierno francés, encabezado por Nicolas Sarkozy quien, a pesar de su reciente triunfo en las elecciones del Parlamento Europeo necesita aumentar su mermada popularidad en su país, a base de mostrar al nuestro su descontento y expresando la “decepción” por el fallo de la justicia mexicana en un caso que involucra a uno de sus ciudadanos. Ya se anunció que se apelará y el gobierno francés va a buscar alternativas para conseguir la repatriación de Cassez. Incluso se habla del envío del caso a la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

La protagonista de la historia, Florence Cassez, declaró que, de pasar 60 años en prisión prefiere la pena de muerte (claro que se refiere a purgar su condena en una cárcel mexicana, ella es la primera interesada en regresar a su país, pues sabe que allá la condena no será tan estricta al tratarse de un delito cometido en contra de ciudadanos que no son de nacionalidad francesa).

Y es que de lo que aquí se habla, más que de quedar bien o mal con algún gobierno extranjero, es de cómo fortalecer el sistema de impartición de justicia de nuestro país. Si bien México sufre problemas gravísimos para resolver conflictos a cualquier nivel de gobierno y de justicia, es cierto también que no por ello estamos sometidos a tratados internacionales que, al final de cuentas, dependen de un acuerdo que no está marcado como obligatorio. Pero, al final, Felipe Calderón se anota un punto en su “guerra” contra el crimen organizado, al no “bajar la cabeza” ante una potencia, en este caso, europea (estrategia que al Presidente mexicano, sin duda, se le traducirá en popularidad y votos para el PAN en las elecciones de julio próximo).

Sin embargo, además, es necesario insistir en el hecho de que el secuestro es uno de los delitos que más heridas ha provocado en la sociedad mexicana. Saber que ciudadanos extranjeros están involucrados y ellos podrían salir del país para ser juzgados en donde nacen, no en donde delinquen, no ayudaría a fortalecer un sistema de justicia mexicano tan endeble.

No son momentos de mostrarse frágil, menos, con lo que ya casi se tiene resuelto. Sin importar la presión que han hecho los medios franceses, al hacer del asunto de Cassez parte de sus notas de primera plana, así como con los avisos de apelación que ha hecho el gobierno francés, el de México se mantendrá firme, como lo ha anunciado el Presidente. Habrá que esperar para ver si la tensión no lo hace cambiar de parecer, porque la derrota, entonces, sería doblemente ignominiosa.

No son momentos de mostrarse frágil, menos con lo que ya casi se tiene resuelto.

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