Más como Martínez
David Páramo
Lorenza Martínez es uno de esos funcionarios públicos de carrera que no se mueven de la línea de lo correcto. A raíz del entallamiento de la crisis, el número de empresarios y de representantes tanto de iniciativa privada como de la sociedad que solicita rescates y acciones urgentes por parte del gobierno, aumenta exponencialmente y sería muy fácil caer en la tentación, pues generalmente se trata de solicitudes que por lo menos se encuentran en la línea de lo políticamente correcto.
Sin embargo, la subsecretaria de Economía tiene una visión clara y determinada no sólo sobre el impacto que tiene la acción estatal sino, además, de las limitantes en los recursos. Así, a ella le ha correspondido llevar una posición muy firme dentro de la Secretaría de Economía en el cumplimiento de los lineamientos establecidos por el presidente Felipe Calderón.
Su papel es, ni más ni menos, concentrar los programas en micro y pequeñas empresas, en aquellos sectores que son altamente importantes en empleo y que detonan a otros sectores de la economía.
Quizá para algunos representantes de la iniciativa privada el que no cedan a las presiones o adopten como propias ocurrencias que, en no pocos casos, no están inspiradas en la intención de buscar un desarrollo para el país sino para sus fines particulares les resulta un error; sin embargo, es justo lo que necesita el país.
Las acciones, que se siguen en la subsecretaría de Industria de la Secretaría de Economía, podrían no resultar ser las más espectaculares o las soluciones mágicas en la mente de algunos, pero son las correctas. Las medidas que se han venido instrumentando hasta hoy demuestran que avanzan por la vía de lo correcto, ya que han tenido un importante papel en la recuperación de la economía y, por tanto, del empleo.
Prácticamente no pasa semana sin que los representantes de la AMIA o de algunos otros sectores vinculados con la industria automotriz juren que, ahora sí, ya hay un acuerdo entre las secretarías de Hacienda, Economía y la industria para lanzar uno o varios programas de apoyo, los cuales comienza con un programa de chatarrización. No ha faltado quien diga que el anuncio podría darse esta misma semana.
Ciertamente, las dependencias que encabezan Agustín Carstens y Gerardo Ruiz Mateos,así como este sector han venido trabajando desde hace ya mucho tiempo en el diseño de políticas para la industria. Los programas anticíclicos en este sector están funcionando y los datos los avalan.
También existe una clara conciencia de que se requiere renovar el parque vehicular que en México es muy antiguo y, además, sigue recibiendo autos importados con una gran edad. La necesidad de cambiar los autos tiene mucho más que ver con un tema ecológico que con una medida contra el ciclo de la industria. Debe encontrarse el modo de beneficiar al medio ambiente y a la industria por su impacto en el empleo. Si sólo se busca beneficiar a los vendedores de autos sería un gravísimo error, ya que una gran parte de los vehículos que se consumen en México se fabrica fuera del país. Un programa de chatarrización tiene que pasar, necesariamente, por comprender la globalización de la industria automotriz.
Tranquiliza saber que hay funcionarios como Martínezque están enfocados en su gestión y piensan como servidores públicos y no como políticos.
Hace meses los priistas peleaban la paternidad del IETU con el PAN. No vale la pena establecer las ridículas “pruebas” que pretendían dar y que llegaban al punto de decir que si bien la idea había sido de Felipe Calderón, los del PRI le habían dado la forma.
Priistas y panistas gastaron tiempo y dinero de los contribuyentes diciendo que ahora sí se le iban a cobrar impuestos a los ricos. Unos y otros decían que ellos sí veían por la gente y querían un país más justo. Los priistas aseguraban que el IETU era una muestra de que sí sabían gobernar.
La semana pasada los del PRI decidieron darle la espalda a lo que ellos mismos aprobaron en el Congreso. Colgados al mito de que el IETU fue una contribución creada en épocas de bonanza (como si así se diseñaran las contribuciones), hay que quitarla.
Los no tan burdos del PRI tratan de argumentar que hubo equivocaciones, que ellos también habrían cometido, en la aplicación del impuesto. Toman como base las posiciones que ha fijado el Consejo Coordinador Empresarial, encabezado por Armando Paredes, en el sentido de que se tendría que revisar la forma a través de la cual se hacen las devoluciones. La iniciativa privada ha sido puntual en decir que no se opone al impuesto sino que debe precisarse. Los priistas tratan de derogarlo.
Los políticos más cínicos u apegados a la verdad del partido que encabeza Beatriz Paredes dicen que más bien se trata como una venganza a los muchos golpes políticos que han recibido por parte de Germán Martínez y del propio gobierno federal.
Como sea, no puede permitirse que un impuesto que es correcto, aun cuando perfectible especialmente en los puntos fijados por la iniciativa privada, sea usado como arma política.
Eduardo Bours sigue cometiendo errores y más errores para enfrentar la tragedia de la guardería ABC. El gobernador de Sonora cree que se trata de una guerra política en contra de Daniel Karam. No se trata tampoco de las elecciones del 5 de julio ni de su posición personal. En esta columna hemos sostenido una y otra vez que la parte fundamental es evitar que tragedias de este tipo se repitan.
En las próximas semanas la Comisión Nacional Bancaria y de Valores deberá enfrentar una extraña situación. Resulta que es probable que algunos bancos inicien el procedimiento para cerrar como tales y quizá convertirse en sofoles y sofomes. El reto de Guillermo Babatz será que la venta de activos, carteras y negocios se haga de una manera ordena y que quienes cambien de figura jurídica también lo hagan en sus operaciones para que no se trate sólo de una simulación.