LUNES 23 de noviembre del 2009

Algo nos ha enseñado la tragedia de Hermosillo

Ángel Verdugo

No cabe duda que las tragedias sacan a flote lo mejor, y lo peor de las personas. Lo ocurrido en Hermosillo, es uno de esos casos; hizo que de inmediato afloraran ambos sin proponérselo, sin forzar las cosas.

Lo mejor fue la actuación de un joven que sin medir el riesgo simplemente por ayudar a quienes estaban en desgracia, lanzó su troca contra una de las paredes a fin de permitir que algunos niños salvaran la vida.

Esta acción desinteresada, alejada del lucro y el lucimiento personal, muestra cómo lo mejor de nosotros brota en la tragedia cuando la solidaridad es puesta por encima de todo.

Sin embargo, al mismo tiempo que gestos como el del joven de la troca se daba, otros, babeantes se relamían de gusto por la oportunidad para cobrar facturas reales o inventadas a quienes ven como responsables de todo mal en Sonora no solo de la tragedia en la Guardería ABC: Eduardo Bours y algunos de sus parientes.

Los carroñeros, pronto hicieron su aparición; aquí y allá. Unos, los de siempre y otros, sin el menor conocimiento de la realidad de Sonora y listos a repetir gastados lugares comunes en contra de “los ricos”, empezaron a lanzar acusaciones sin lógica alguna y a cual más de absurda.

El colmo en esta avalancha de mentiras e inexactitudes alejadas del rigor que debería tener cualquier nota, fue el reportaje de José Gil Olmos en Proceso. En él aparecen declaraciones de Petra Santos con cifras acerca de la deuda del gobierno del estado y los intereses de la misma que además de hacernos dudar de su cordura, son la mejor prueba que jamás alguien así de ignorante o mentiroso podría gobernar.

Las cifras de la población del sur de Sonora —junto con las aquéllas— que aparecen ahí, evidencian una irresponsabilidad periodística digna de estudio.

¿No pudo el que firma la nota entrar a la página de Hacienda y tomar las cifras exactas de la deuda las cuales están desglosadas por instrumento, plazo, tasa de interés y acreedor? ¿No pudo revisar las cifras más recientes de población —Conteo 2005 del INEGI— para darse cuenta de la exageración enfermiza de la señora Santos?

¿Se trata de criticar Eduardo Bours? No veo problema en ello y si llegare a molestarse, estaría equivocado pero ese sería un problema menor. No creo que esto sea el centro del asunto; no es criticar o no criticar, criticar o alabar. El problema es más serio.

Eduardo Bours ha cometido errores en su encargo, tal y como fue el caso de quienes lo precedieron y lo será de quienes lo sucedan pero, las críticas deben buscar sustentarse en la realidad no en las invenciones o las fobias de algunos. No se trata de inventar, no solo por el respeto al lector sino por el respeto mismo de quien firma.

¿Qué enseña la tragedia de Hermosillo? Atenidos a lo escrito y dicho a la fecha, es algo simple: Cuando un candidato llega a un cargo de elección popular o alguien es designado para un alto puesto, de inmediato debe reunir a todos los integrantes de su familia —los consanguíneos y la política— y embarcarlos a algún país africano o dejarlos en alguna isla perdida en el Pacífico.

Además, evitar por todos los medios posibles que regresen en tanto el pariente esté en el puesto para el cual fue elegido o designado.

De ser empresario, debe dejar sus empresas y abordar el barco porque, las Petras Santos y los reporteros sin escrúpulos a la menor petición de algún adversario del elegido o designado, le lanzarán toda la moral republicana encima. No se trata de cumplir con la ley, sino de marginar a todo pariente y además, de todo; la muerte económica.

Qué primitivos somos y cuanta falta de decencia periodística y política; sin embargo, este es México. Poco importan los fallecidos, sólo acabar a Eduardo Bours. Si lo logran, a cobrar jugosa factura pero si no, cuidado porque no le pegaron a un manco.

Como decimos en Sonora, “juego que tiene desquite, ni quien se pique”.

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