Capitán Sangre
Lucero Solórzano
Una de la figuras legendarias de Hollywood cuya vida privada aún sorprende a las mentes más modernas es Errol Flynn. Cuando empecé a ver sus películas en la televisión él ya había muerto, pero mil veces me imaginé parte de sus aventuras y desde luego la doncella en turno. Mi mamá, que también era su ferviente admiradora, me contó alguna vez una envidiable anécdota que vivió en sus años de juventud cuando trabajaba en una tienda de discos en la calle de Madero en el Centro de la Ciudad de México.
Un día estaba muy concentrada en su trabajo en el mostrador cuando vio entrar una figura muy familiar. Se trataba de un hombre alto, fuerte, muy amable y que de inmediato puso nerviosas a todas las vendedoras: Errol Flynn con su 1.85 de estatura, enfundado en unos pantalones baggies, aquellos amplios con pliegues en la cintura —muy de moda en los años cuarenta— y una camiseta a rayas, tipo gondolieri. Derrochaba simpatía y regalaba a todas su seductora sonrisa.
Como ya he comentado en este espacio, mi mamá venía de una familia con una amplia cultura musical por lo cual se ganó una posición especial entre las vendedoras de esta casa de discos y se dedicaba a los clientes distinguidos. Al llegar Errol Flynn el jefe la llamó y le pidió que lo atendiera. Se acostumbraba tener pequeños cubículos de vidrio (para proteger la honorabilidad de las empleadas) en cuyo interior se escuchaban los discos antes de comprarlos, y mi mamá, para envidia de todas sus compañeras, fue la afortunada en pasar al cubículo con el irresistible señor Flynn.
Se acaba de reeditar este libro de memorias del actor publicado por primera vez en 1959, año de su muerte. En él registra sus azarosas aventuras, sus infidelidades, sus acusaciones de violación, adicciones a alcohol y drogas, excesos que lo llevaron a una muerte prematura a los cincuenta años de edad. Sus memorias están narradas de manera cronológica y muy descriptiva, pero están repletas de reflexiones filosóficas sobre la familia, las mujeres, los amigos, los jefes o los compañeros de profesión. Flynn es sin duda uno de los mayores mitos sexuales de la historia de Hollywood y una de las figuras más emblemáticas de esa época de oro de los treinta y cuarenta.
El actor australiano nació en Hobart, Tasmania, en 1909 dice en su libro: “La mayoría de las acrobacias que la gente veía en mis películas de acción puedo decirlo sin faltar a la verdad, las hice yo. He librado duelos a espada sobre parapetos, he montado caballos sobre barreras altas y barrancos profundos, he luchado con indios que eran especialistas duros y reales; todos muy buena gente. En Robin de los bosques hice todas mis acrobacias. Maldita sea, me decía, yo no quiero ser un farsante. La razón de fondo era que tenía miedo y que tenía que enfrentarme a ese miedo. Si me da miedo hacer algo, yo lo acorralo, intento combatirlo y derrotarlo”. Todo un autorretrato de su actitud ante el cine y ante la vida.
Olivia de Havilland, aquella modosita Melanie de Lo que el viento se llevó fue su compañera de reparto en varias películas y con la que se equivocó en sus tácticas de seducción, ya que según cuenta “nunca cayó”. Del rodaje de La carga de la brigada ligera, en 1936, el actor recordó esta significativa anécdota: “Olivia sólo tenía veintiún años. Yo tenía un matrimonio, por supuesto, desgraciado. Olivia era preciosa y distante. Yo debía de desagradarle por mis provocaciones, porque puse en práctica bromas muy escandalosas. Una vez, cuando fue a ponerse las bragas, encontró una serpiente muerta en ellas”.
Su mejor epitafio lo escribió él mismo: “Vivir he vivido muchísimo”, escribe en el último capítulo de sus memorias, “como un glotón comiéndose el mundo, y no creo que sea egolatría sugerir que pocos de los que han vivido en este siglo han tragado más mundo que yo. En el mar, en su fondo, en el aire, en todas las partes de casi todas las tierras, yo no he ido en busca de fama o fortuna, sino de la vindicación del acto de vivir”.
Errol Flynn: Aventuras de un vividor.
El demonio de Tasmania.
Pobre Olivia.
“Me gustan el whiskey viejo y las mujeres jóvenes”.